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jueves, 20 de mayo de 2010

Conspiración

Hoy les voy a hablar de uno de esos temas de los que uno, particularmente, siempre ha deseado hablar desde hace tiempo porque veía y leía a otros hablar de ello con gran sensación de envidia y admiración, diciendo "jo, lo que da de sí el tema y yo en la más absoluta de las ignorancias"; hoy toca Shakespeare.
Shakespeare y una obra que, si no se ha abierto el libro, uno cree saber de qué va la historia. Una historia en la que, al empezar a leer, te das cuenta de que nada es como se había preconcebido; que los personajes que uno piensa protagonistas, son secundarios y que personajes secundarios de los que nunca habías oído hablar juegan un papel demoledor en una balanza de intereses en la cual el supuesto traidor es un héroe y el supuesto héroe es un ambicioso y sagaz villano. Julio César.


Pasemos rápido por encima del personaje de Julio César, porque tampoco quiero hacer una disección de la obra (esta bitácora está hecha para dedicar un momento al día y dar excusa a seguir mirando por ahí). Julio César detenta el poder en Roma y, a juicio de unos cuantos, usa Roma para su beneficio y no cumple con su obligación; servir a Roma. Demonio, no me quería parar, pero César me recuerda a ciertos políticos que no usan las elecciones para servir al cargo, sino para seguir en el cargo.


Vayamos a los tres personajes de los que quería hablar; Marco Antonio, Bruto y Casio, listados, no por orden de importancia, sino por bandos y de triunfador a perdedores.
Marco Antonio es un personaje inteligente y listo, muy listo. En su discurso al pueblo de Roma (Amigos, Compatriotas, Romanos…)  ha de presentar una posición desfavorable, impopular, del lado del tirano  que finalmente ha encontrado justicia (en ese momento Roma está convencida de que se ha hecho lo adecuado).
Poco a poco, a pequeñas dosis y sin abandonar nunca el elogio a Bruto (... pero Bruto es un hombre honorable. No hizo lo que hizo por querer menos a César, sino por amar más a Roma) consigue dar la vuelta a la concepción del pueblo, hacer sentir al pueblo que ha sido traicionado por la ambición y el mal proceder de otros y consigue que los traidores sean proscritos.
Usa una frase que impacta por la fuerza del contenido en la más pura sencillez del mensaje de traición. De traición de un hijo a un padre; Y al retirar su maldecido acero, observad cómo la sangre de César parece haberse lanzado en pos de él, como para asegurarse de si era o no Bruto el que tan inhumanamente abría la puerta. Con este discurso, Antonio, entra como presunto conspirador y sale como virtual heredero de la silla vacante.


Bruto es el gran perdedor de la obra, aunque es el, para mí, el personaje a seguir. Por su fe, su determinación y su amor por Roma, totalmente desprendida y exenta de egoísmo. Desde luego no habla a Roma como Marco Antonio y entiendo que es así porque es consciente, después del discurso de éste, que salir a hablar sería una autojustificación, llorona y sin fuerza: Ese litigio ya no se trata en el estrado, se trata en la batalla. Pero es que Bruto lo hace porque, efectivamente, amaba mas a Roma y vio como César había perdido todo el compromiso que le había llevado a lo alto del gobierno, cómo había hecho de Roma su palacio y de los romanos su servicio. ¡Bruto amaba más a Roma! ¡¡tal y como dice Antonio!! ¡Que Antonio no mentía! ¡Que Antonio utilizó la motivación de Bruto para ganarse al pueblo!


Cuando se plantea la conspiración, Casio habla de matar también a Antonio. Bruto le contesta que han de ser sacrificadores, no carniceros. "Sacrificador"; piensen un poco en el sentido del término aplicado en la obra; matar a César es hacer un sacrificio. Hay una contrapartida en la que pierdes, necesariamente, un activo, un valor. Bruto sabe que perder a César es perder a un gran hombre. No me tomen por frívolo; a fin de cuentas esto de asesinar al líder en el 50 aC parece que era una práctica tan habitual como hoy utilizar los medios de comunicación y filtrar información en plan tirar la piedra y esconder la mano.
Casio es el extremo radical. El partido político minoritario pero necesario para gobernar y que, en coaliciones, pide siempre un posicionamiento más beligerante. El elemento que habla de democracia, pero tiene en mente barrer al opositor por artes nobles y no tan nobles. Y eso hace a Bruto más grande; Bruto tiene claro por qué hizo las cosas. Escucha a Casio y toma de él la parte más operativa, pero no la más beligerante. Escucha a Casio para sopesar continuamente sus decisiones y asegurarse de que el camino que sigue es el correcto. Coincidirán conmigo que hoy en día esto se ve poco y que a Casio se le sigue mucho más hoy que lo que Bruto hizo. Es más; hoy la voz de Casio es la que animaría a César a usar Roma como su palacio.


El Bardo, como Aristóteles, ya nos habló hace mucho tiempo de lo que mañana saldrá en los periódicos.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Las dos Cristinas

Es lo que pasa cuando un país da al exterior la imagen de un colador con zurrapa. Que, "a río revuelto, ganancia de pescadores".

La reivindicación marroquí de Ceuta y Melilla, aprovechando que el Monarca español está en el dique seco y nuestro accidental Presidente se mueve haciendo eses como el borracho de “Toby Dammit” (Fellini), era previsible, hasta cierto punto.

Pero en este siglo de la anhelada y más justa llegada de la mujer al poder, que ya ha consumido su primer décimo, las hay a las que no les duele en prendas mostrar una manera genuina y poco convencional de conducirse por los asuntos de Estado.

La Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, no ha tenido empacho en servir de mentora de su compatriota, el magistrado Ocampo, para solidarizarse en la Embajada madrileña con el juez estrella y campeador. Como si de la segunda parte de “El secreto de sus ojos” se tratara, la Presidenta se aproxima a su afligido Ricardo Darín, vilipendiado por las fuerzas del capitalismo, ni más ni menos que para provocar un posible conflicto diplomático, de no ser porque el petrificado Presidente español, también se ha erigido en juez y parte.

La presuntuosa mandataria, que en los prolegómenos de la reunión iberoamericana de europeos, nuevamente se la dio de original para hacer esperar a la concurrencia más de una hora, dijo estar “dolida” por lo que se ha buscado el juez Garzón, compensado ahora, transitoriamente, por su hégira a La Haya. Pero la cosa viene ya de atrás, porque la Kirchner ha reconocido públicamente que suele hablar con el juez socialista, “cada vez que él va a Argentina o yo vengo a España”. Hay que suponer, por tanto, que los asuntos de Estado pierden su sentido de la gravedad, cuando los sentimientos generados por no mirar la paja en el ojo ajeno, están más que justificados.

En un segundo plano –también de curiosa connivencia entre hombre y mujer- hay que situar la presencia estelar de la acreditada feminista Cristina Garaizábal, Presidenta, esta vez, del colectivo Hetaira, durante una nueva intervención en la cadena Cuatro y su plataforma de noticias CNN+. Para mí que –como en el anterior caso con Cristina y Baltasar- , también aquí existe indudable concomitancia, pero entre Cristina y Josemari Calleja, que es quien la entrevista a cada dos por tres. Y no sólo eso: también hay cierto parecido físico entre la defensora de que la prostitución sea un trabajo como otro cualquiera y el periodista del grupo Prisa, tan complaciente él con los mismos que Baltasar.

En la última entrevista que le hizo a Cristina el pasado fin de semana, había otras tres mujeres. Entre ellas la que parecía hasta ahora ostentar el récord imbatible de pronunciar más palabras por minuto: Elisa Beni, la mujer del otro juez estrella. Pero no, Cristina Garaizábal se la comió con papas, ante dos mujeres que estaban de relleno y un Calleja que sólo abría la boca para decir: “bueno, dejemos que Cristina siga con su intervención…

Y, por supuesto, Cristina, que no desaprovechaba ripio, ahondó en dos de sus conocidos argumentos a favor de que a las “trabajadoras del sexo” se las considere tan dignas en sus puestos de trabajo como a un encofrador por cuenta ajena. Fue Elisa Beni la que se lo puso a huevo. “Bueno, si prostituirse debe ser un trabajo como otro, ¿cómo preparamos a las niñas que quieran dedicarse a ese trabajo?; porque habrá que poner escuelas, dar cursillos y todo eso”, dijo. A lo que le contestó Cristina que “ya se vería, pero debería ser una dedicación como otra cualquiera, con convenio colectivo y derechos laborales”. La de Hetaira no dejaba hablar a las otras tres –con lo difícil que es en el caso de la Beni- mientras el presentador Calleja, no podía disimular su cara de placer ante el “ecuánime” desarrollo que estaba adquiriendo la entrevista. Entonces, la implacable detractora de las medidas suecas contra la prostitución, dejó en medio de la mesa la siguiente cuestión: “Si existen personas que realizan el trabajo digno de limpiar sus partes a ancianos impedidos y otros trabajos de dependencia por el estilo, ¿por qué no va a ser igual de digno el trabajo de una prostituta?" ¡Uf!, momento de respiro: nadie supo contestar a bote pronto -pausa valorativa- no se sabe si, por la perplejidad o por la demencia de la comparativa.

Ya quisieran muchos que “pagar por ver” fuera tan “digno” y pingüe como “pagar por tocar”. Pero prefieren dejarlo en abierto, cuando se lo piensan dos veces, por si acaso hay nuevos clientes que muerdan el anzuelo.

martes, 18 de mayo de 2010

Stalingrado con amor

Rusia, aseguraba el poeta Tiuchev, no puede ser comprendida con el intelecto.

La batalla de Stalingrado tampoco puede ser entendida tras un examen convencional. La realidad sobre el terreno de esa lucha titánica se escaparía a un estudio puramente militar, del mismo modo que los mapas en la Wolfsschanze de Rastenburg posibilitaron a Hitler tomar distancia del sufrimiento de sus soldados y aislarse en un mundo de fantasía.

Pocas batallas han llamado tanto mi atención como la librada en Stalingrado. Pocas guerras han causado tanta fascinación en mí como la II gran guerra. Saciar esa curiosidad me ha llevado muchos años y probablemente no lo haya hecho del todo, ya ven, aún me viene a la cabeza... a menudo

Desvelados numerosos informes de las tropas de ambos bandos, archivos rusos, diarios de guerra, informes de capellanes, relatos de soldados, cartas, interrogatorios de la NKVD a prisioneros alemanes y no alemanes... el archivo central del Ministerio de Defensa ruso en Podolsk contiene la documentación precisa para revelar parte de la auténtica verdad de aquella batalla.

Las autoridades soviéticas ejecutaron alrededor de 13.500 de sus propios soldados en Stalingrado, cifra equivalente a una división completa de tropas. La crueldad casi increíble del sistema soviético explica amplia, aunque no totalmente, por qué tantos antiguos soldades del Ejército Rojo lucharon por el bando alemán.

En Stalingrado, las divisiones de la línea del frente del VI ejército tenían 50.000 soldados soviéticos con uniforme alemán. El hambre había obligado brutalmente a algunos a servir en los campos de prisioneros, otros eran meros voluntarios. Durante las batallas finales, muchos informes alemanes dan testimonio del valor y lealtad de estos "hiwis" que lucharon contra sus propios compatriotas. No es necesario decir que la desconfianza de la NKVD de Beria llegó al frenesí cuando descubrió la dimensión de la deslealtad.

El tema es hoy todavía tabú en Rusia.

Toda esta historia de locura, crueldad y tragedia es reveladora de varias formas inesperadas. Por el lado alemán el aspecto más sorprendente no reside tanto en la cuestión abierta sobre la implicación de la Wehrmacht en los crímenes de guerra -debate aún abierto de manera apasionada hoy en día en Alemania- sino en la confusión de causa y efecto. En particular, la confusión entre las creencias políticas y sus consecuencias.

Las tropas alemanas en Rusia -como se revela en numerosas cartas escritas desde Stalingrado- se encontraban en un completo desorden moral. Los objetivos de someter a los eslavos y defender a Europa del bolchevismo mediante un golpe anticipado resultaron contraproducentes. Hoy, muchos supervivientes alemanes ven aquella batalla como una astuta trampa soviética a la que fueron atraídos mediante retrocesos deliberados. Es decir, tienden a verse a sí mismos como las víctimas antes que como los promotores de aquel desastre.

Un punto es, sin embargo, irrebatible. La batalla de Stalingrado sigue siendo un tema tan cargado ideológicamente y tan simbólico de la crueldad humana, que la última palabra no se dirá hasta dentro de muchos años.

lunes, 17 de mayo de 2010

Insolencia



Cuando el ejército de Jerjes I se enfrenta a Leónidas y sus 300 en la entrada de las Termópilas, la clásica misericordia que suelen mostrar los grandes emperadores, reyes-dioses o demás postulantes a la historia, hizo adelantarse a un general aqueménida que les propuso abandonar las armas; "Μολὼν λαβέ", contestó Leónidas en lo que pasaría a ser el clásico ejemplo del laconismo. "Venid a buscarlas".


Aunque el laconismo lo identifiquemos principalmente con la brevedad en realidad, o al menos en la realidad clásica, significa ser breve. Breve, sí, pero con ingenio y toques de insolencia. Cuando los lacedemonios se apostaron a la entrada del desfiladero sabían que iban a morir en esa batalla. Su única esperanza estaba en que el resto de Grecia se levantara en armas, como ocurrió cerca de un año más tarde, pero no contaban realmente con ello. Las Termópilas sería su tumba pero harían honor a la tierra que iban a defender. Si el primer paso fue llegar, el segundo fue provocar al enemigo.


Leónidas no sólo se mostró insolente, sino que se posicionó en un lugar en el que daba igual que les atacaran 10, 100, 1000 o 10.000 porque, al ser el paso angosto, no podían maniobrar más que los hombres que los espartanos podían contener; sabían a dónde iban, cuánta gente necesitaban para esos días y ese número acudieron, dejando Esparta protegida con otra dotación. Y el rey al frente de la tropa.


Permítanse unos segundos e imaginen todo lo que he contado hasta ahora; un rey al frente de 300 hombres taponando la entrada a un desfiladero y provocando a un ejército que rondaba los 200.000 hombres.


Pese a que deberíamos haber aprendido de esto ya hace mucho tiempo, los israelíes nos proporcionan su propio laconismo denominado Chutzpah (חֻצְפָּה) que camina por la insolencia; "por qué tú eres comandante y yo no?". El que practica la chutzpah sabe perfectamente que sobrepasa los límites, pero porque sabe que puede vencer al que tiene enfrente.
Posiblemente este posicionamiento tan agresivo cale negativamente en la cabeza de muchos que no estamos acostumbrados a ello, pero quiero recordar que Israel es un país nacido en 1948 y que, ahora mismo y desde hace ya unas cuántas décadas, es capaz de protegerse y vigilar occidente con una población limitada que aprende desde pequeña a hacer de todo. Además tienen un nido de innovación y desarrollo industrializado que ya querríamos en la España del 2010. Y esto se ha conseguido en base a insolencia y adaptabilidad. Cuestionando a Europa, a Oriente, incluso a los USA, y haciendo que todo el país trabaje en lo que el país necesita.
El modelo empapa dentro de las empresas y el caso más claro es el gobierno; quién hoy es primer ministro, mañana puede ser ministro de cultura o secretario de pesca… y todo sigue hacia delante.


Pero aquí no. Aquí adolecemos de laconismo (no hablemos de chutzpah), porque nos perdemos en palabras que no dicen nada y evitan tomar una dirección o dar malas noticias. Aquí nos ponemos todos como directores generales y nadie baja a apretar los remaches que mantienen la obra muerta estanca para que no entre agua. Aquí seguimos creyendo que tener un año un crecimiento por encima de Italia hace que nos riamos de los italianos (¡que tienen hasta una decena marcas de automación propias!) y que nos veamos entre los países más desarrollados, cuando, en realidad, estamos entre los países más basculantes.


Y sobre todo, damos pocas oportunidades porque bajo una máscara de "nadie está a mi nivel" se esconde un espíritu de "me puede quitar el puesto". Un buen líder no es el que más sabe. Es aquel que sabe gestionar el genio que tiene a su cargo.

domingo, 16 de mayo de 2010

Decepción blanca

Dejó escrito el filósofo Emil Cioran que “hay que tener mucho coraje para hacer frente a la primavera.” También dejó esculpido sobre papel: “Soy como una de esas viejas maniáticas que ven en todo desconocido un asesino”.

Con las coordenadas de ambos aforismos queda plasmado mi sentimiento –que no el ánimo- en estos días de rampante decadencia moral de toda una sociedad en estado de letargo y abulia.

La gente, ni reacciona, ni se para a pensar en cómo le manejan los hilos. Anda como hipnotizada por el penúltimo implemento que le ha propinado la empresa Cofidis, para poder
pagar a tres o cuatro veces su precio un pequeño decodificador de TDT, que ayer se quedó obsoleto, pero sin el que hoy no podrían contemplar lo mal que baila Belén Esteban.

Para colmo, llevo dos días oyendo sin parar a quienes se dan golpes de pecho por tener trabajo “fijo de la administración”, que compensa –según los muy masoquistas- la permanente sangría salarial con la que no salen nunca –me viene a la mente “El ángel exterminador” de Buñuel- de una obscena indigencia intelectual ligada a una galopante indigencia material. Como si tener trabajo “fijo” en Hispania fuera una opción elegida con trampa y ventajismo, para hacer agravio comparativo –a sabiendas- a los millones de liberales que cambian de currelo como de camisa, en esta Jauja de los puestos de trabajo a gogó. Como si uno no hubiera preferido estar donde se merece, en lugar del bacalao seco ese, hijo del amigo del que manda más, que lo ha puesto con contrato blindado de 12.000 euros al mes.

Porque yo quería ser locutor de radio –como el Herreracarlos- pero había una invasión de advenedizos dispuestos a hacerlo gratis total, o por cuatro perras, y así perdí la vez, aunque no la honra. De todas formas, me alegro por mí, porque el otro día echaron a uno que llevaba la tira y ahora –mira que además es de familia “bien”- no tiene donde caerse muerto, porque en Jauja ya no hay más puestos de su ringorrango. Esto no es una peli americana, donde cambiar de novia o de trabajo es tan bello y fácil como devorar chocolate. Así que, no tienen que perdonarme la vida, puesto que encima le están dando la idea a ese peligro con patas que se apellida Rodríguez: la próxima vez, quitará a sus funcionarios no asesores el “privilegio” de trabajar hasta la jubilación, a menos que rebrote la especulación inmobiliaria y las nuevas hipotecas a 40 o 50 años, desaconsejen, una vez más, hacer el trabajo cada vez más volátil y temporal.

Estoy decepcionado, sí. No porque mi escepticismo proverbial se vea tan justificado como en una maldición bíblica. Sino por el fracaso de la especie en su conjunto y también de algunos especímenes que me han tomado como blanco. Como abismo blanco –en expresión surgida del genio de Luigi- al que me arroja implacablemente su satanismo inmisericorde. En concreto una depredadora con ínfulas de progre -¡a quién se le ocurre coquetear con alguien de moral dudosa!: a otro alguien con los justos prejuicios- que, como tal basura, está bien siendo nada más que basura. Al menos, ese es el consuelo de los que me aconsejan.

Pero la decepción de esta primavera ciorana, de simbólico cianuro para la masa social, descansa fundamentalmente en la puesta en escena insoportablemente cínica elaborada por
el corifeo que siempre hace creer a los incautos estar por encima del bien y de mal. La gente que ama y admira a su Zapatero (remendón) padece síndrome de Estocolmo. De su mala, perversa conciencia, de su inmoralidad salvaje y dantesca, de su falta de escrúpulos, de su maquiavelismo sin fisuras… Exactamente igual que esa pseudoprogre que desgraciadamente he conocido, rabiosa por conseguir un puesto fijo en la administración, para pedir al día siguiente la excedencia merecida en el cubo de la basura de una remota caverna, más allá de las montañas.

sábado, 15 de mayo de 2010

Un país en busca de candidato

Un nuevo candidato. Esta es una de las propuestas de Durán y Lleida para salir del lío político, institucional, económico y social en el que estamos metidos, bueno, en puridad, en el que nos han metido.

A la busca de candidato, cual Pirandello. Seis personajes en busca de autor. Toda España en busca de candidato, del candidato perfecto: carácter, credibilidad, dinamismo, carisma y liderazgo. A ver, aquellos que reúnan todas las condiciones que den un paso al frente.

En el márketing político los estrategas parten de la base de que los votantes tienen un ideal y que eligen al candidato que más se acerca a ese ideal. La mera posibilidad de que los candidatos se tengan que medir con un ideal nos da una idea de por qué muchos ciudadanos acaban defraudados.

Scher definió a ese ente inexistente que buscamos desesperadamente, que no tiene rostro, ni voz, pero cuya pulsión sentimos en nuestro interior.

"Queremos que nuestros candidatos encarnen las virtudes que atribuimos al más grande de nuestros líderes: fuerza de carácter, visión, carisma, capacidad de estar por encima de la politiquilla, habilidad para el consenso, capacidad moral para ver y hacer lo correcto, poder para derrotar a las fuerzas del mal, habilidad para conseguir que se hagan las cosas y que al mismo tiempo éstas parezcan fáciles, manteniendo siempre su cercanía al ciudadano común"

Tan alta expectativa nos explica por qué hay votantes descontentos y por qué otros muchos se abstienen. Ese supermegahombreidealdelamuerte no existe y si existiera no sería candidato. Seguro.

Page parafraseaba a Platón cuando aseguraba:
Es poco lo que podemos hacer ante la escasez de reyes-filósofos

viernes, 14 de mayo de 2010

Sesión de Tarde


Una frase de mi abuela (para mí, no duden, una de las grandes frases de la historia) es que el sentido del humor requiere inteligencia y si no tienes sentido del humor, es que no eres inteligente. Se lo hayan imaginado o no, les contaré que la frase me la dijo de pequeño y desde entonces me ha estado persiguiendo, sobre todo por lo del lado de la autoCrítica a mi capacidad.

Pero llegó un momento en que sentí la sospecha de que podía sentirme liberado de preocupaciones. También de pequeño, veíamos en casa películas de los Hermanos Marx. Como nota adicional les diré que en mi casa hemos sido siempre pelo mitómanos. Mi hermano y yo hemos podido ver decenas de veces Scaramouche, El Prisionero de Zenda y La Carrera del Siglo. O Arde París hasta tal punto que la primera visita que hicimos con mis padres a esta ciudad íbamos recuperando las imágenes de la resistencia en la Prefectura, la de los dos chavales que suben a la estatua de CarloMagno frente a Notre Dame y desde allí lanzan un Molotov a un Panzer o, por supuesto, el asalto al Hotel Meurice.

Eso sí, si en algún momento hemos visto y re-visto películas como maníacos, éstas fueron las de los Hermanos Marx. Los sábados al mediodía, cuando la Sesión de Tarde ponía una de los neoyorkinos... bueno, ya podíamos tener finales de junio que de ahí no nos levantaba nadie. Ni a mi hermano ni a mí, ni tampoco a mis padres.
Cuando llegó el "Sanyo Beta" (Betamax era de Sony) a casa, mi padre consiguió Una Noche en la Ópera, Un día en las Carreras, Una tarde en el Circo y Sopa de Ganso. Luego llegaron Los Hermanos Marx en Casablanca (por favor, lean la carta de Groucho a los hermanos Warner por disputas de plagio en el título. Llorarán de Risa), En el Oeste y Amor en Conserva. Incluso un verano, inopinadamente, El Hotel de los Líos. Pueden imaginarse el estado de las cintas justo antes de la aparición del DVD.

A fuerza de verlas y de pensarlas hay tres ejemplos que, para mí, han llegado a definir el humor inteligente como pocas cosas. El primero se encuentra en Una Noche en la Ópera y es justo después del diálogo de las "partes contratantes". Groucho le dice a Chico, con un jirón de papel en la mano, que le firme lo que han acordado y Chico le responde "lo siento, pero no sé escribir" a lo que Groucho le contesta, "No se preocupe. Mi pluma tampoco tiene tinta"

El segundo es poco antes cuando el tenor soberbio (que no soberbio tenor) Lasparri, vestido con la giubba del Pagliacci, ha Golpeado a Harpo delante de Groucho. Éste se le queda enfrentado con lo que Lasparri le pregunta, "Y usted qué mira". Entonces Groucho le espeta "Me estaba preguntando cómo duerme usted boca abajo con esos botones en la chaqueta del pijama"

El último ejemplo está en Un día en las Carreras. En la película Groucho es un veterinario al que una hipocondríaca Margaret Dumont tiene por un gran médico. Dumont impone a la clínica, dónde está buscando curarse de nada, que si quieren su apoyo económico han de contratar a Groucho como director médico. Las clínica, en graves apuros financieros, reclama a Groucho y éste acude. La dueña y su ayudante, Chico, le insisten en que sea amable con la enferma porque su futuro depende de ella. Así que, en un arrebato de compromiso con la clínica, Groucho acude a la recepcionista y le dice "Llame a la floristería y encargue dos docenas de rosas. Que pongan te adoro Emily al dorso de la factura"

Pues bien, todas estas escenas están basadas en interpretar las situaciones desde la ironía y el sarcasmo, alguna de forma divertidamente cruel. Así encontramos, en el primer caso, una actitud de superación de obstáculos en la que no importa qué se ponga por delante; si mi objetivo es uno, toda dificultad es absurda. El segundo es una demostración magistral de las páginas del Arte de la Guerra en las que se habla de cómo hacer que el enemigo pierda los estribos. El tercero… bueno el tercero es la quintaesencia de la juventud de los Marx tan bien narrada en Groucho y Yo: Pura supervivencia.

Me sentí aliviado porque fuera inteligente o no, los Marx me hacían pasar momentos geniales una y otra vez. No importaba si era la primera o la decimosexta vez que veía una escena, porque me quedaba totalmente maravillado ante tal despliegue de recursos. Pero al mismo tiempo sentí una creciente desazón de si algún día podría llegar a tomarme ciertas tensiones de la vida con esa soltura de miras, con esa cantidad de recursos y, sobre todo, con esa visión tan liberada de las cosas.

Qué quieren que les diga; de ellos he aprendido una técnica fundamental para aliviar tensión y relativizar problemas. Hasta tal punto que, cuando no los enfoco bien, de las primeras cosas que pienso es en lo airoso que cualquiera de ellos habría salido de una situación similar (y con alguna colleja impartida a algún incauto).

jueves, 13 de mayo de 2010

Más allá de todo cálculo


"Ante un hombre corriente y de baja condición, en el cual percibo una rectitud de carácter mayor que la mía, inclinaré mi alma, quiera yo o no, aunque llevase la cabeza alta para no dejarle olvidar la superioridad de mi rango"
Imnanuel Kant

Eso ante lo que cualquier alma necesariamente se inclina, incluso si mientras tanto se hacen esfuerzos por mantener bien alta la cabeza, eso es algo que, por principio, no se puede poner en la balanza para averiguar si al súbdito le conviente o no la oferta del príncipe (o al político la oferta de su jefe de filas) Si hablamos de conveniencia no hablamos ya de la dignidad. En este sentido, la voz de la libertad jamás ha engañado a nadie. Jamás ha prometido que la dignidad fuese siempre -y a la postre- lo más conveniente.

Cuando la voz de la libertad grita solemne: !conserva tu dignidad¡, sabemos que siempre añade: "aunque no te puedo ofrecer nada a cambio". En efecto, si se trata sólo de qué conviene más, la cosa está ya siempre resuelta de antemano; el príncipe nos puede colmar de riquezas, de honores, de prebendas y deleites con lo que, desde luego, eso que ofrece la dignidad no puede competir en el mismo terreno.

Por el contrario, el príncipe también puede causarnos la peor de las miserias, las más terribles torturas, desgracias y pesares que la dignidad de ningún modo podrá compensar en el mismo terreno. La voz de la libertad no nos engaña a ese respecto. Cuando grita !conserva tu dignidad¡ sabemos que no ofrece nada a cambio más que la promesa de que quien lo haga... conservará su dignidad.

Sin embargo, lo alucinante es que, en estas condiciones, la partida no está siempre decidida de antemano a favor del príncipe. Durante las últimas décadas, muchos tiranos han exigido falso testimonio so pena de las peores torturas, han golpeado, mutilado, han echado limón a las heridas, han realizado descargas eléctricas...y, milagrosamente, ha habido quien ha logrado de todas formas no levantar falso testimonio.

¿Cómo es posible que, con tan pocas bazas, consiga de vez en cuando la dignidad ganar la partida? Es sin duda un milagro que no es obra de ningún dios, sino obra de algunos hombres y mujeres.

miércoles, 12 de mayo de 2010

La moral laxa (por Juante)



“Hoy tengo la moral laxa”, me soltó una buena mañana aquella médica que conocí en un atropello y que se jactaba de votar siempre al PSOE, al tiempo que me invitaba a comer en el mejor restaurante de la zona.
Era la justificación pintiparada de la tropelía que iba a cometer, si por ello se puede entender engañar a quien la engañaba sistemáticamente. Y era toda una declaración de intenciones con la que, al menos, no pretendía mentir, porque, si algo tiene toda idea de moral preconcebida es su calidad de maleable, regulada a voluntad y nunca sometida a cuestión por código escrito, negro sobre blanco, que no sea mandamiento religioso. Entre la bondad y la malicia –nos dice muy bien el DRAE- hay que contar toda moralidad o conjunto de normas “que no concierne al orden jurídico, sino al fuero interno y al respeto humano”.
Siempre he sostenido que la moral precede a la religión y que, por eso mismo, se hace necesaria la segunda, con un cuerpo doctrinal ético y estético, inocuo en principio, pero bienintencionado en todo caso, por proclamar “el camino recto” a seguir en este valle de lágrimas. Conocida es la gran máxima de Dostoievski: “Si Dios no existe, todo está permitido”. La diferencia entre ser buenos o malos es lo que nos hace humanos, dignos, honestos, correctos, frente a comportamientos que identificamos rápidamente como execrables y reprochables, siempre que no se entre directamente en el terreno del delito, donde la moral de la maldad debe ser repudiada colectivamente con algo más que un lamento.

Sin embargo, hoy en día estamos tan habituados a la mala praxis de la moral –sea colectiva o particular- que permanecemos impasibles e indiferentes, sin cargo de conciencia. Nos parece inmoral –y lo es, aunque no  para el Gobierno laxo de Zp- que un sindicalista coma en El Bulli, o que en una clínica andaluza practiquen abortos con descuentos de tarjeta joven. Sabemos que la especulación inmobiliaria se ha basado en una profunda inmoralidad y que no es muy moral que digamos la vidorra de muchos politicastros. Por no hablar de la Televisión tan inmoral que soportamos, unos con estoicismo, otros epicúreamente.

“Vicios privados, públicas virtudes”. Nada en lo moral, como nuestras historietas personales, con las que empatizamos  en la ficción. Desde la doble moral de Angela Molina en “Ese oscuro objeto del deseo”, de Luis Buñuel, donde aparecía en pelota picada bailando sevillanas para japoneses, mientras le negaba el pan y la sal del sexo a Fernando Rey, hasta la obra completa de Fassbinder,  incrédulo absoluto en la materia, el Cine es un gigantesco tratado de moralidad. Volvamos a ver “Dog City”, si es que tenemos estómago. Nuestra vergonzosa indulgencia para lo público se rompe cuando nos tocan la fibra. Aunque pocos sean luego los que muestren coherencia entre lo que dicen y lo que hacen, porque pocos son los de moral inquebrantable, al fin y al cabo.
Por el momento, en esta Primavera revuelta tengo la moral por los suelos, en lo personal y lo público, a veces tan impúdico. Y como es largo de contar, lo dejo para otro capítulo de este generoso blog.

martes, 11 de mayo de 2010

Margen

Un margen del 7% es un margen más que razonable.


Prueben a decir esta frase en ciertos entornos y les tacharán de poco ambiciosos o, llevándolo al límite, de perdedores.


En España tenemos dos corrientes diferenciadas en las cuales hay empresarios con empresas funcionando que buscan cada día dar márgenes aceptables y están los empresarios (ustedes ya me entienden), grandes, pequeños o medianos, que buscan un margen salvaje y actuar como tal; coches, casas enormes propiedad del banco… ya saben. España, especializada en el sector servicios, se mueve dentro de unos límites especulativos enormes. No especulativos como puedan ser los de la bolsa, sino especulativos en los que pueda ser obtener gran beneficio impactando poco en la riqueza de la economía nacional (de multinacional, ni hablamos).


Por cierto, se equivoca muy mucho el gobierno cuando afirma que uno de los problemas que tiene la economía española son los especuladores de la bolsa. Y lo dice como si la bolsa se dividiera en especuladores y no especuladores, cuando sabe perfectamente que la bolsa es un mercado de especulación. En la bolsa, esencialmente, se mueven valores para sacarle rendimiento. Se aguantan acciones como te aguantas un argumento en un diálogo, esperando el momento más adecuado para sacarlo y entonces conseguir la venta o ganar la discusión. Y aguantar un argumento, o ir soltándolo en migas para tantear al contrario, es un arte reconocido; la dialéctica. Pues la estrategia y la táctica en bolsa también tiene algo de creativo, tanto si es para sacar rendimiento a tus ahorros como si es para absorber una compañía.
Y es el movimiento de capital lo que hace que una economía se mueva. Las empresas que van bien compran empresas que van regular o mal o, simplemente, que van por debajo para posicionarse en fuerza. Pero estos movimientos son necesarios mientras no generen situaciones de monopolio.
Es más; las crisis son necesarias porque, en palabras del profesor Vicente Donoso (espero que siga en activo y si es así, por favor, los que tengan hijos en edad de empezar económicas, anímenles) decía que las crisis son necesarias porque eliminan una gran cantidad de capital obsoleto o muerto.


Y más eliminarían si los gobiernos no se agarraran a mantenerlo. Cierto es que puede producir impactos en personas y familias como pueda ser el paro (los reajustes en plantilla o el redimensionamiento de las nuevas corporaciones), pero ¿de verdad cree alguien que los movimientos de capital y la compra de compañías es lo que nos ha puesto en un 20% de paro? Países que tratan esos flujos con normalidad desde hace muchos años, apenas rozan el 10% y sus ajustes suelen ser, en la mayor parte de los casos, cortoplacistas o inmediatos.


Que a lo mejor el Gobierno de España cree que todo agente que interviene en la bolsa es un especulador y entonces lo pernicioso es la bolsa. Pero ¿se imaginan un país sin bolsa de valores? ¿Quién vendría a invertir? ¿a invertir qué? ¿cómo te haces con una empresa? ¿cómo cobras una prima de riesgo por la inversión no tan segura de tus ahorros? ¿cómo se consigue que una empresa tenga relevancia y atraiga inversión? ¿cómo potencias la dedicación de los trabajadores?


En definitiva; a nivel asfalto seguimos siendo un país en el que la palabra "capital" se asocia, en vez de a riqueza y crecimiento, a piratas y corsarios. Tampoco los gobiernos del PP supieron comunicar ni educar en una economía de movimiento (y encima se tomaban la compra de las empresas nacionales como una afrenta. Lo que tranquilizaría tener en un Post-It que el Rockefeller Center dejó de estar en manos americanas para pasar a las chinas). Y tienen gran resposabilidad, también, aquellos que siguen hundiendo el concepto de que un margen del 7% es un margen más que respetable.


Nota: ¿alguien se acuerda de cuando en los 50, 60 y 70's ser "comisionista" era una dedicación muy considerada y valorada?

lunes, 10 de mayo de 2010

De la Libertad a la Ley

Partamos de la libertad. Ser libre es hacer lo que a uno le de la gana. Si en lugar de hacer lo que me da la gana hago lo que manda un amo, un rey, un tirano, alquien que puede dominarme por la fuerza entonces, no soy libre. Soy un esclavo. Hago lo que me da la gana cuando mis actos no dependen de nada. Ahora bien, si porque soy gallego me comporto como gallego, mis actos dependen entonces de todas aquellas cosas en las que consiste ser gallego.

Muchas veces, ser gallego es como cocinar la propia vida a la gallega, ser siervo de mil recetas, de mil servidumbres, de mil prejuicios. Si, por ejemplo, porque soy mujer me comporto como corresponde comportarse a las mujeres, es fácil caer en al cuenta de que seguro me está haciendo sierva de un sinfín de prejuicios y costumbres que se han instituído a lo largo de los años mediante mil servidumbres y mil microscópicas tiranías, que lo propio de ser mujer es hacer esto o lo otro. Vaya usted a saber.

No soy libre cuando me limito a seguir el papel que me ha tocado en la vida, lo mismo que al mejicano de la película del oeste le tocaba hacer de mejicano, al párroco de párroco, al campesino de campesino, a la camarera de camarera. En realidad, para que mis actos, verdaderamente, no dependan de nada, conviene que tamoco me fíe mucho de mis ganas. Hacer lo que a uno le da la gana parece que tiene que ver con la libertad pero también es fácil caer en la cuenta de que no es así si nos fijamos en la vida de un neurótico, es decir, de un esclavo de sus ganas.


Jack Nicholson, por ejemplo, en aquella película "Mejor imposible" era un neurótico infernal. Cada vez que tocaba algo que no estuviera esterilizado tenía que lavarse las manos y siempre con una pastilla de jabón recién estrenada; no podía pisar las cruces de las baldosas del suelo y muchas veces tenía que andar de puntillas. Hacía, desde luego, lo que le daba la gana pero sería absurdo pretender que era libre.

La ley nunca me dice que haga esto o lo otro o lo de más allá. Me dice más bien que haga lo que quiera pero de verdad, es decir, que obedezca yo también a la ley que de verdad quiero que rija. Me permite, pues, hacer lo que quiera, sí, pero sin trucos: o sea, que haga en el mundo efectivamente lo que de verdad quiero que ocurra en el mundo.


O lo que es lo mismo, la ley me dice: actúa de tal modo que puedas estar seguro de que tu acto no es incompatible con la forma de ley; que puedas estar seguro de que no te repugnaría ver tus actos convertidos en una pauta que cualquiera tiene derecho a seguir; que puedas estar seguro de que haces lo que quieres de verdad, es decir, que puedas estar seguro de que protagonizas las acciones que de verdad quieres ver realizadas en el mundo.

Actúa de tal forma que tu acto no dependa de nada de lo que tú en concreto eres, que no dependa de que seas blanco o negro, valiente o cobarde, tacaño o generoso, rico o pobre, espartano, ateniense o persa, hombre o mujer, cristiano o musulmán. Aquello a lo que obliga la ley es, por consiguiente, a tratarse a uno mismo como a uno cualquiera, y precisamente en ese sentido, a ser libre.

domingo, 9 de mayo de 2010

Gettysburg

El 19 de noviembre d 1863 Lincoln se dirige a la gente que asiste a la inauguración del Cementerio Nacional de Gettysburg. El mismo lugar dónde, cuatro meses antes antes, se había librado una batalla decisiva en la Guerra Civil Americana.


Rememorando, la Guerra Civil comienza en 1861 y dura hasta 1865. Gettysburg deja 7.500 muertos en el campo de batalla en un enfrentamiento de 172.000 hombres entre ambos bandos. Hoy en día pueden parecer cifras aceptables (la guerra también tiene sus intervalos), pero recuerden que no había repetición en los rifles, que la artillería destrozaba más que mataba y que los asaltos se acaban haciendo a espada y bayoneta. Gettysburg, la población cercana, tenía 2.400 habitantes y en tres días se convirtió en un hospital con más de 46.000 agonizantes, mutilados y heridos de diversa gravedad ocupando cada espacio que la ciudad podía ofrecer.


Por el lado político Lincoln, tras dos años de guerra y 250.000 muertos, estaba siendo activamente cuestionado en el Norte por un sector denominado CopperHeads, demócratas dispuestos a pactar con el Sur un armisticio. Las cifras y el desgaste eran insostenibles en un país fundado 87 años antes y así, concretamente, empezó el discurso Lincoln:


"Fourscore and seven years ago our fathers brought forth on this continent a new nation, conceived in liberty, and dedicated to the proposition that all men are created equal."
"Hace 87 años nuestros padres trajeron a este continente una nueva nación, nacida en libertad y entregada a la creencia de que todos los hombres son creados iguales"


El discurso son 263 palabras, expuestas en no más de dos minutos, pero en esas 263 palabras Lincoln expone de forma cristalina lo siguiente:
Que una guerra como la que están viviendo es una prueba para saber si una nación joven, basada en un empezar de nuevo para todo el mundo, puede superar tal enfrentamiento y llegar a algo en un futuro como país.
Lincoln lo muestra como una duda, pero justo a continuación hace dos giros que han dado a esta exposición la fuerza y el merecido recuerdo del que ahora dispone.


El primero es que todos los que están ahí, ese 19 de noviembre, poco pueden ya aportar hablando o poniendo flores. Que han sido los 172.000 que allí se enfrentaron, tanto los muertos como los supervivientes, los que motivan que los políticos deban esforzarse y concluir aquello que empezó 86 años atrás. Concluirlo como una nación unida que ha entendido que lo mejor de una generación ha quedado enterrada en una llanura de Pennsylvania y en otras tantas llanuras a lo largo de ese país ahora fragmentado.


El segundo deriva del primero y habla de una nación que conozca la libertad. La libertad bajo la que fue fundada. Una nación que incluya el Norte y el Sur, sus habitantes y que, sobre todo, toda esa nación recuerde la guerra como un sacrificio para lograr a un país y un gobierno que no desaparezca nunca de la tierra porque se basa en la igualdad de sus propios habitantes, que son los que mantienen el país y sus sucesivos gobiernos.


Bueno, no sólo los romanos pueden enseñarnos aquello que aún no hemos aprendido.

sábado, 8 de mayo de 2010

Commentariolum petitionis (II parte)

En el año 64 antes de nuestra era, Marco Tulio Cicerón inició la campaña electoral para el consulado en la que tuvo seis competidores. Sólo dos eran adversarios dignos de tener en cuenta.

Primera lección del pequeño Quinto: analiza a tus adversarios y define quién lo es verdaderamente.

Uno era Gayo Antonio Híbrida, hijo del orador y cónsul Marco Antonio y tío del más famoso Marco Antonio, el triunviro. En Las vidas paralelas, Plutarco señala que fue un hombre sin aptitudes para estar al frente de nada, pero que podía prestar mucha ayuda a quien se valiera de él, lo que indica que, en efecto, era un adversario real.

Esta cualidad señalada por Plutarco sigue siendo, hoy en día, una cualidad muy valiosa para un candidato. La sumisión eficaz del corrupto.

El otro aspirante, muy temido por sus audaces argucias y por su popularidad entre la juventud desmemoriada era Lucio Sergio Catilina, patricio al que se acusaba de toda suerte de inmoralidades personales y políticas, y cuya conjuración, historiada por Salustio, fue sofocada por el mismo Cicerón durante su consulado.

Otro adversario que también hoy sería digno de tener en cuenta. En Lucio Sergio destacan dos cualidades, su popularidad y su retorcimiento. Excuso comentar la actualidad de la primera de ellas pero permítanme detenerme en la segunda.

Las argucias o argumentos falsos presentados con agudeza, son consideraciones a la orden del día. De hecho, en España, hemos vivido durante los últimos años demasiadas argucias, demasiados retorcimientos, demasiadas violaciones de las palabras y de las ideas ¿no creen?También es cierto que la desmemoria de muchos -como esos jóvenes disolutos y desmemoriados que seguían a Lucio Sergio- ha jugado a favor de aquellos que hoy nos gobiernan.

Tras una reñida campaña electoral, en julio del año 64, fueron elegidos cónsules Marco Tulio Cicerone y Gayo Antonio, obteniendo el primero la unanimidad de las centurias. Ambos asumieron la más alta magistratura el primero de enero del 63.

viernes, 7 de mayo de 2010

La Guardia Suiza

Pues bien; Ms Parsons me pidió escribir y, francamente, esta dama de manors, cuadras y descapotables morgan tiene cualquier privilegio (verdad Taz?).


Pospongo unas horas de nada, por tanto, un tema del que les quería hablar. Acaba el jueves 6 de mayo y hoy, un grupo de motivados jóvenes y no tan jóvenes han jurado lealtad al Papa y a la ciudad del vaticano. "Ich schwöre, all das zu beobachten, was die Ehre meines Standes von mir verlangt". O acaso "Lo juro y que Dios y los Santos Patronos me ayuden".


La guardia suiza, fundada el 21 de enero de 1506 por Julio II, el Papa Soldado, capaz de aguantar, pausar, torear y enervar al Miguel Ángel y que le encargó pintar los techos de la Capilla Sixtina. Aquél que, si han visto o leído "La agonía y el éxtasis" preguntaba al de Caprese '¿cuándo terminarás?' y éste le contestaba 'Cuando acabe'.
Pues este Papa, que si lo miramos desde la piedad cristiana era austero y si lo miramos desde el materialismo era un avaro, tenía las arcas vaticanas llenas y, gracias a ello, decidió contratar a jóvenes de los cantones germanos de Suiza a cambio de varias prebendas. Principalmente carne salada y plata (los lansquenetes de Carlos V cobraban en cobre, claro, y comían verdura).


El 6 de mayo de 1527, a costa de una orden del emperador para tranquilizar a sus mercenarios alemanes, las tropas imperiales entran en Roma con el fin de adueñarse de todo lo que puedan alcanzar; El Saqueo.
Bajo el juramento arriba referido, La Guardia protege la vida de Clemente VII hasta tenerlo a salvo en Sant' Angelo, pero 147 hombres de más o menos 200 pierden la vida en la defensa Vaticana. La leyenda, desconozco si es cierta, habla de que se defendieron hasta en el mismo altar de San Pedro. No estaba aún el baldaquino, pero los que hayan visitado la Basílica, se pueden imaginar la dimensión de la lucha y, por tanto, la dimensión de su fidelidad.


147 hombres, a espada, quisieron engañar a una horda para proteger la vida de una persona por un juramento, ya que por carne y plata, francamente, no das la vida.


Miro a mi alrededor y evalúo mis lealtades. No voy a teorizar sobre ellas. Sólo que miro y evalúo mis lealtades. Y cuando vuelvo la mirada y miro a la Guardia Suiza, veo que ahora son soldados con lanzas en el siglo XXI. Soldados fotografiados por los turistas. Guardias de la puerta de Santa Ana. Parece que la defensa del suelo Vaticano ya es cosa romántica y testimonial. Pero se les entrena para saltar delante del Papa en caso de un atentado interceptando la bala. Lo mismo ocurre con otro tantos servicios secretos y ninguno pensamos que haya dinero que lo valga porque, si ocurre, el dinero ya no vale nada.


No se engañen por el mito. La lealtad no es sólo dar la vida por alguien. Ni siquiera tiene que ser dar la vida por alguien.
La lealtad es saber que tienes a alguien al lado que responde a tu estímulo igual que tú respondes al suyo. No hay lealtad sin entrega. Lo demás, es mercado. Y yo soy un defensor acérrimo del libre mercado, pero guardo algunos de mis tesoros lejos del mostrador.

jueves, 6 de mayo de 2010

Con la Acrópolis de fondo…..

"Amanece calurosísimo en Atenas. Enseguida el ruido de la ciudad se hace pesado y machacante. Hay que visitar la Acrópolis. La he visto de lejos, en aquel alto, es majestuosa. Mi amigo Kostas me lleva a conocerla de cerca, es su ciudad y está ilusionado. Desayuno rápido, luego hará más calor, me dice, ¿más?. Llegamos a los aledaños y contemplo con horror los miles los turistas que se acercan a las ruinas. El calor aprieta cada vez más. Empezamos a subir por unas escaleras imprecisas, cansinas y resbaladizas atascados y rodeados por una masa ansiosa por llegar allá arriba, por llegar a ese lugar por el que he perdido completamente el interés pero al que finalmente logramos llegar derretidos entre la multitud. El calor ya es mareante y me quema los hombros y Kostas me habla de Atenea y de la forma de las columnas y del friso y de la demokratia e intento concentrarme en lo que me cuenta pero sólo imagino las islas paradisíacas que están ahí fuera, muy cerquita de este horno de mármol en el que me encuentro al borde del colapso. Quiero ir a esas islas. Por fin bajamos, como podemos, sorteando todos los obstáculos posibles. No he conseguido trasladarme ni un segundo en el tiempo a la época de Atenea y Poseidón. Turistas, inserso, guías, autobuses, cremas para el sol, ruido… Qué enorme desilusión. Quizás vuelva en otra época....."


Escribí estos apuntes en un cuaderno de notas que me llevé a mi viaje a Atenas. Los había olvidado por completo pero estos días convulsos para Grecia me han vuelto a la memoria y he ido a buscar ese cuaderno que tenía abandonado en una caja de folletos, fotos y mapas para leerlos y volver recordar aquel caluroso día en Atenas.


Y he recordado mientras los leía que en aquellos momentos me preguntaba si merecía la pena visitar estos sitios tan multitudinariamente turísticos, y si era legítimo vulgarizar de esa manera una impresionante ruina como aquella, y si todos los que estábamos allí ese día queríamos realmente visitar la Acrópolis, y si no fuera así, quién de nosotros se atrevería a confesarlo, y si era obligatorio viajar a los lugares que nos indicaban las agencias, y si nuestro interés era genuino o fabricado por modas o tendencias…..

miércoles, 5 de mayo de 2010

Del silencio y sus respuestas

Pensaba hablarte hoy N de la previsibilidad y de la curiosidad. Pero creo que no voy a hacerlo. Lo previsible es lo que es; algo aburrido, insustancial.. no aporta nada nuevo. La curiosidad, por otra parte, es la madre de la ciencia.

Sin embargo, no sería justo para estas palabras que nos quedásemos en su signifcado plano. Todo es relativo. La propia paradoja de los gemelos de Einstein es un experimento mental que analiza la distinta percepción del tiempo entre dos observadores con diferentes estados de movimiento.

Vamos, que la medida del tiempo no es absoluta. En la teoría de la relatividad, las medidas de tiempo y espacio son relativas puesto que dependen del estado de movimiento del observador. En ese contexto es en el que se plantea la paradoja.

Por lo tanto, la bondad o no de la previsibilidad dependerá también de las circunstancias. Un ejemplo. Ser previsible en el caso de que tu hijo barrunte sobre abandonar sus estudios es lo más cabal del mundo. Ser previsible cuando abordas la respuesta a una pregunta difícil o ingeniosa es aburrido.

Ser previsible al decidir actuar ante una profunda crisis económica, institucional, moral, política... es acertado. Bueno, depende una vez más de otro factor ¿Quién toma las decisiones?

¿Lo ves N? no debí meterme en este jardín. Todo es relativo. También la curiosidad. Si ésta, como se dice, es la madre de la ciencia ¿No podría ser también la madre del fracaso? ¿La madre de la pérdida de tiempo? Observar, por curioso, los hechos que suceden a tu alrededor no implica, necesariamente, que aprendas, que aprehendas... ésto dependerá de tu capacidad y verdadero deseo de aprehender y aprender.

En todo caso, N, y aún a pesar de todos los peros, prefiero aquello que es imprevisible y curioso.

No pensaba hablate de esto y sin embargo lo he hecho. Imprevisible. Curioso.

Pero voy a dejar un cabo suelto...

Supongamos que un ser, universalmente reconocido como superior a nosotros en todos los sentidos, decidiera dirigirse al mundo de este modo: "¡Deteneos donde estáis, oh, hombres y prestad atención!"

Supongamos que en todos los puntos de este globo los miles de millones que componen la humanidad interrumpieran efectivamente lo que estuviesen haciendo y escucharan. Aun cuando ese ser semejante a un dios no dijera nada más que lo que acabo de poner en sus labios, ¿qué efectos supones que causaría? ¿Se ha parado alguna vez el mundo entero a escuchar al unísono palabras sabias?

Imagina un silencio drástico y total, todos los oídos aguzados para captar las palabras. ¿Sería necesario pronunciar las palabras? ¿Puedes imaginar que cada cual, en el silencio de su corazón, proporcionaría por sí solo la respuesta?

Una respuesta imprevisible y curiosa. Única para cada uno de esos millones de seres.





martes, 4 de mayo de 2010

Constancia

Motivado por la entrada de hace dos días decidí ver de nuevo "Todos los Hombres del Presidente". Hay varias escenas fantásticas, pero me gusta especialmente aquella en la que Redford se acerca a Warden y le pregunta por Colson. Colson entonces era consejero especial del Presidente Nixon para asuntos domésticos. Si Haldeman era el jefe de gabinete, Colson era lo que es hoy Valerie Jarret; aquél que tiene el último consejo al presidente en cuestiones que afectan a política nacional. Son gente muy capaz, que se conocen el país y, sobre todo, el funcionamiento de sus instituciones, como si las hubieran inventado.


Pues bien, Redford pregunta a Warden por Colson y Warden le contesta con un "sabes quién es el presidente de los Estados Unidos, ¿verdad?" Woodward (Redford) no sabía quién era Colson en el '72 (y eso que llevaba tres años en el puesto). Woodward vuelve a su mesa, se sienta y… sigue haciendo llamadas. Descartada la inconsciencia, creo que cierta dosis de desconocimiento del alcance real unido a que están demasiado cerca como para abandonar, hacen que WoodStein sigan tirando del hilo.


Hoy en día, nuestra prensa, nuestras televisores y periódicos (y digo "nuestras" porque para eso nosotros consumimos) no sé si se miran en el ejemplo de aquellos dos reporteros del Washington Post, que a lo mejor no saben ni quiénes son, pero sí saben que hubo una vez un periódico que hizo dimitir a un Presidente. Lo que no recuerdan es que fue tras dos años de establecer la relación entre un asalto a las oficinas demócratas y "los fontaneros" de la Casa Blanca. Hicieron que Nixon dimitiera por mentir, por haber dicho que no sabía nada del tema. Por haber manchado una institución como la Casa Blanca con un caso de espionaje entre partidos. Y aquí quiero hacer hincapié en estos dos asuntos; dimitió por mentir y el Post dedicó más de tres años a la historia.


En España ni Filesa, ni Roldán, ni Gürtel, ni lo de Garzón… impensable que se persiga algo tres años y menos que acabe con la dimisión de un alto cargo por mentir. O bien es por cierto comportamiento infantil de "este juguete ya me aburre", o porque el medio no cree poder mantener el interés del público como hasta el momento de cerrar la historia. Se dan por satisfechos con dos portadas con un gran gasto de tinta y, luego, ir abandonando la noticia en páginas interiores. Así, no es de extrañar, que cierta cadena de televisión considere "a fondo" un apartado de 5 minutos en un telediario.


La crisis se trata más porque las noticias vienen solas, pero no hay nada que perseguir ahí. Como dijo el profesor Balmaseda los economistas aciertan un 75% de las veces; el 100% de lo que ha ocurrido y el 50% de lo que va a ocurrir, con lo que de continua opinión se va sobreviviendo (ojo, que los hay que lo hacen muy-muy bien)


Sobre lo de mentir… en fin

lunes, 3 de mayo de 2010

Oratoria, continente y contenido

Me hablaba ayer mi admirado NRQ de técnicas literarias que -no por ser infrecuentes- me causan gran admiración. Es curioso, lo que para uno pasa sin pena ni gloria a otro puede causarle gran impacto. Este es el caso.

Es extraña también cómo se asocian ideas en nuestro cerebro. Qué clase de contacto, de impulso eléctrico une a un perro moribundo con un troglodita (Borges en El Aleph) o por qué, pensando en la figura de la que me hablaba NRQ llegué al gran Winston.

Poco importa, no soy científica, pero sí curiosa... y creo que pensé en él porque también hablamos de su famosa promesa a sus conciudadanos recordada como "sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor"

Churchill fue un gran orador, a pesar de su tono lento y bronco, pero sabía cómo dirigirse a su audiencia y preparaba a fondo sus textos para conseguir el máximo impacto.

Sus discursos más memorables eran a menudo íntimos, dirigidos a la cámara de los comunes... o al micrófono. ¿Sabían que algunos de los discursos radiados no los pronunció él, sino un actor que imitaba bien su voz? Curioso.

Como buen premio Nobel -sólo faltaba- era un maestro de las palabras, pero la fuerza de sus discursos se puede perder fácilmente con la traducción. Churchill utilizaba una gran cantidad de monosílabos impactantes, que se alojaban fácilmente en la memoria.

Por ejemplo, permítanme insistir en su frase más famosa "blood, toil, tears, sweat" Son cuatro sílabas (cuatro palabras) que traducidas al castellano suman diez sílabas en sólo cuatro palabras. Por eso el impacto se reduce notablemente.

Además, el gran Winston utilizaba una técnica ahora muy de moda, la repetición. Les dejo con con parte de una intervención sonora, cargada de contenido, impactante...

"We shall fight on the beaches, we shall fight on de landing grounds, we shall fight in the hills; we shall never surrender"

domingo, 2 de mayo de 2010

Evaluación Continua



Ayer escuché una frase que me tuvo dando vueltas un rato. No mucho, no poco, tan sólo dando vueltas. La frase era "no es que cada día el periodismo sea peor, es que las noticias son una mierda". Hay que entenderlo en el contexto de que estaba hablando un corresponsal de guerra que había pasado un tiempo trabajando asignado al día a día de un gobierno.
Comentaba esto en relación a que estar sentado cada día en la sala de prensa de un palacio presidencial buscando el rumor, el micrófono abierto, la metedura de pata, la filtración por parte de uno de los empleados, responsables, asesores… y de ahí para arriba.
Hasta tal punto esto es así, al menos en España, que los telediarios son una sucesión de cortes con políticos diciendo frases "llamadas a pasar a la historia", "grandes demostraciones que reconducirán la dinámica social de este país"… y podemos seguir con una colección de banalidades que trasladan la línea hasta el siguiente grupo de noticias que son las herederas de aquel periódico tan popular en los 70 llamado el caso y del que, lo último que recuerdo, es que algunos compañeros de clase utilizaban las que tenías toque de humor negro para forrar carpetas.


La línea entre aprovechar el rumor y reconstruir una historia se diferencia en que, para la primera, buscas un gran titular para un día y en la segunda tiras del hilo hasta que encuentras y expones los hechos. En la primera se dejan muchos cabos sueltos por dónde el apelado puede reinterpretar y replicar y en la segunda lo dejas cerrado como para sólo oír explicaciones.


Los telediarios buscan el flash y no la historia y disfrazan informar sobre violencia como una actitud de denuncia. Si se les pregunta por qué, contestarán que porque la gente muestra interés y eso es explicación suficiente.
Mi padre me dijo una vez (100% real, no les engaño) que la TV es basura porque nadie se ha preocupado de hacerla mejor. Si las televisores pasaran Shakespeare el 80% de su tiempo, necesariamente subiría el nivel medio de exigencia. Pero estamos en la situación contraria; baja el nivel y arrastra el resto de niveles con él, como un imán, hasta tal punto que no sabes quién empezó aunque sí quién tiene más delito porque teniendo la vía, no participa de poner remedio.


La gran paradoja es que abren titulares con el informe Pisa una vez al año

sábado, 1 de mayo de 2010

Commentariolum petitionis (primera parte)

El Commentariolum es un breviario de manifiesto contenido electoral y de adscripción tamién clara, si atendemos a los aspectos formales, a la literatura epistolar. La carta está dirigida al célebre orador y jurista romano, Marco Tulio Cicerón, y la remite su hermano menor, Quinto, con el que Marco mantenía asídua correspondencia y al que vemos convertido, en esta ocasión, en su agente electoral. Se debe esto a que Cicerón aspiraba al consulado, la magistratura más importante de la república romana.

En tiempos de Cicerón el voto era secreto y cada elector lo emitía escribiendo el nombre de su candidato preferido en una tablilla. El nombre candidatus deriva de la toga blanca (toga candida) que vestían, a fin de ser fácilmente identificados cuando realizaban campaña electoral aquellos cuya candidatura, petitio, había sido aceptada.

Este breviario se inicia con el saludo de Quinto a su hermano Marco, y reza así:

"Aunque estás dotado de todo lo que los hombres pueden adquirir con el talento, la experiencia o la dedicación, no obstante, por el afecto que nos une, he juzgado conveniente explicarte por escrito lo que, día y noche, acudía a mi mente cuando pensaba en tu candidatura. No es mi intención que aprendas nada nuevo de ello, aunque sí quiero presentarte, con orden, método y unidad, algunas ideas que, de hecho, parecen desligadas e indefinidas. Por mucha fuerza que tengan por sí mismas las cualidades naturales del hombre, creo que, en un asunto de tan pocos meses, las apariencias pueden superar incluso esas cualidades"

No han cambiado mucho las cosas desde el año 64 antes de nuestra era ¿no les parece?