domingo, 20 de junio de 2010
Valor añadido
Gracias a la retransmisión televisiva comentada por ese gran melómano que es José Luis Pérez de Arteaga, hemos podido apreciar -una vez más- cómo un espectáculo gigantesco al aire libre, obligatoriamente necesitado de amplificación electroacústica y de una gran pantalla mural, más los correspondientes reflectores y canceladores de sonido reverberante, se ha infiltrado en el alma y el corazón de todos los que pensamos que no hay nada más sublime, creado por el ser humano, que la Música.
Pero lo sensacional de la acostumbrada y mágica cita de Schönbrunn -mención aparte de la gratuidad auspiciada por una gran marca de relojes suizos- es la felicidad colmada que nos da la oportunidad de asistir a la reinterpretación de piezas intemporales de lo más rutilante -y no tan frecuente- del repertorio. Y todo ello, sin que se note para nada el "plus" de parafernalia acústica que arropa a los fantásticos músicos vieneses, porque en este caso -como en el de cualquier cosa loable y noble de este mundo- el "valor añadido" está determinado por la calidad garantizada de la segunda mejor Orquesta del Mundo (la primera es la de Berlín), su director y los intérpretes invitados.
Si el año pasado se pudo escuchar en ese impresionante lugar las "Noches en los jardines de España", de Manuel de Falla, con Daniel Barenboim como director y solista, en la edición de este año ha sido el ruso Yefim Bronfman quien ha tocado un Concierto para piano nº 2 de Franz Liszt, tan inexplorado como soberbio.
Esa experiencia sensorial y metafísica de la música -aunque sea retransmitida- me conduce a estimar cada vez más lo que tengo claro que es más difícil de conseguir, por llevar añadido verdadero "valor", más allá de superficiales modas cibernéticas y de necesidades creadas en forma de cachivaches, con los que literalmente nos vuelven locos, para que el consumo y la acumulación de cacharros inútiles no decaiga. Me estoy refiriendo al empeño por extraer el mejor sonido -escuchar la Octava de Bruckner por Celibidache no se puede hacer de otra manera- de un equipo de música. Por increíble que parezca, estamos ante un desafío aún más complicado que encontrar la pareja ideal: conseguir el acoplamiento perfecto entre altavoces, fuente de sonido y electrónica de amplificación.
Aunque los chinos no paren de crecer por lo mismo, fueron los japoneses los que establecieron dos pautas para "desear un producto": versatilidad y calidad. Pero sólo la segunda satisface al "connoiseur", al que aspira a disfrutar con lo que tiene. Lo que para mí es el único "valor añadido" que merece la pena sopesar a la hora de priorizar cualquier instrumento útil a mi continua ansia de proyección y aprehensión.
Por eso mismo, la gente que aprende a apreciar, en coherencia consigo mismo, regresa al vinilo desde el "limitado" CD. Es por eso que un buen tubo trinitron de los genuinos japoneses tira por tierra a cualquier monitor plano de nuestros días, sea LCD o LED. Por eso que -entre millones de portátiles- sólo el Qosmio G30 de Toshiba se oye como un auténtico equipo de alta fidelidad y se ve mejor que ninguno. En fotografía -donde el salto a lo digital ha sido más dramático- sólo satisface plenamente -y da calidad- un modelo de cámara por segmento, entre miles y miles de opciones. Porque lo que importa al final es eso: la foto y nada más. Y así, hasta la saciedad, en cualquiera de los objetos de nuestro ocio, cada vez más expandido. Lo que hace que un producto merezca la pena, en detrimento de la mayoría, que sólo sirve para marear la perdiz, es su "valor añadido", no el del iva -porque en lo económico nunca se halla la felicidad- sino en esas características asociadas al producto que lo hacen único, irrepetible, como los Conciertos vieneses. Como cualquier cosa por la que vale la pena "experimentar" y gozar en esta vida. Incluso causas, personas o proyectos. Si no contienen ese "valor añadido" que no se cifra en números de catálogo, sino en algo rotundamente "holístico", mejor heremos en pasar de largo.
sábado, 19 de junio de 2010
Territorios inteligentes
Y ha sido esa pereza que necesariamente he de vencer la que me ha llevado hasta la idea -reiterada mil veces por mil autores- que algo debemos haber hecho muy mal para que escapemos de las ciudades porque tenemos -tengo- la sensación de que no están construidas para las personas.
Creo en la capacidad individual del ser humano. Creo en su capacidad de fortalecerse haciendo equipo. Creo que las ciudades deberían ser territorios inteligentes que sirvieran a ese objetivo.
Un territorio inteligente es aquel con capacidad para dotarse de un perfil propio apoyado en sus singularidades y sus componentes de excelencia. Un perfil competitivo para las actividades económicas, equilibrado socialmente y sostenible, duradero en el tiempo, con capacidad para cambiar y adaptarse a sus ciudadanos.
Hoy resulta fácil detectar los déficits o los aspectos que funcionan mal en nuestras ciudades, pero resulta muy difícil e incierto, en un contexto de limitación, cuando no de inexistencia de recursos, identificar proyectos de futuro de carácter estratégico por los que una ciudad en concreto debe apostar.
Los territorios inteligentes son también aquellos con capacidad para aprender de la experiencia y de las innovaciones de otras ciudades. Learning from cities.
Bueno. Debo conducir quince kilómetros hasta llegar a la ciudad. Entonces emplearé tres o cuatro horas en hacer las mil cosas que una familia no puede hacer durante la semana. El trabajo, el colegio, el trabajo el colegio.... ah y el trabajo, que me olvidaba.
Después confío en disfrutar del único territorio inteligente que me queda cerca. Mi casa.
viernes, 18 de junio de 2010
Bobby
Ayer surgió una noticia que hablaba de Bobby Fischer y de no-sé-qué historia relacionada con una posible paternidad. Este es uno de esos momentos en los que no quiero ir a una web e informarme de qué ocurre exactamente porque creo que, entre otras cosas, hablaban de exhumar su cadáver.
Fischer es uno de esos mitos que han justificado que, en determinados momentos, salieran los medios de comunicación a hablar de un tema complicado a través de un icono y que valorando el icono por extensión se valorara el tema en cuestión. Desde Fischer el ajedrez dejó de ser el juego-ciencia de Capablanca, Botvinnik, Tal o Petrossian para convertirse, en cierta manera, en la pasión de un genio o un loco. De hecho fue esta última disyuntiva lo que más interés levantaba, incluso más que el propio juego. Apuesto a que muchos aficionados al ajedrez podrían discutirme ahora que no es así y que el ajedrez tiene entidad propia. Si lo hacen desde luego que les daré la razón, pero los medios son lo que son y para dar una noticia en 300 palabras o en 3 minutos, saben que se capta la atención mucho más si se dice "genio" a que si se dice "apertura".
Nunca he sido un gran jugador de ajedrez. Cierta incapacidad de mi memoria unido a otra cierta falta de disciplina han logrado que lo que más puedo decir de mí es que no dudo en cuál es el movimiento de cada ficha. Cierto es que en cada ordenador siempre tuve un juego al que me forzaba a competir contra la máquina. Con la llegada de los teléfonos táctiles también lo llevaba conmigo donde fuera y aprovechaba tiempos perdidos. Pero ganar partidas… bueno, puedo recordar cada una de las que he ganado y, como digo, mi memoria no es prodigiosa.
Para mí, por tanto, el ajedrez mantiene ese misterio de lo inaccesible y me maravillan las partidas rápidas al igual que los torneos que requieren horas. Mirar un tablero con sus fichas siempre me ha hecho pensar en lo sensiblemente cerca que estaba y, a la vez, lo intelectualmente lejos que lo veía. 64 escaques que me parecían un territorio muy constreñido para toda la creatividad y el enorme espacio que los ajedrecistas sabían sacar de él. Fischer representaba la total entrega a ese mundo inalcanzable.
FIscher ganó el campeonato del mundo en 1972, que fue el año en que nací, y eso hizo que en un primer momento me llamara la atención este personaje de Brooklyn. Luego fue su vida. Hijo de una enfermera y de un padre que les abandonó a él, a su madre y a su hermana, desarrolla afición por el ajedrez por las largas hora de quedarse en casa producto de los turnos de su madre. La verdad es que podía haber salido pandillero o físico nuclear, pero siempre demostró ser muy soberbio e impaciente y el ajedrez debió darle cumplida satisfacción en ambos aspectos.
Ni que decir tiene que gran maestro muy joven, llega a jugar la final de un campeonato del mundo en el que todo lo que había en los primeros puesto eran soviéticos. Spassky, su rival, iba con una tropa de asesores, entrenadores, estrategas… y él desembarcó en Reykjavik solo y habiendo ganado la primera partida sin salir de su país. Imaginen a todos esos soviéticos esperándole en Islandia y Bobby sin aparecer. Por supuesto Spassky el que peor lo pasaba, porque era el que tenía que sentarse frente al él y al tablero y aguantar las consignas de todo el séquito de acompañantes. Fischer se quejó de todo; de las cámaras, de las fichas, del contraste de los escaques… hasta de que su habitación tenía vistas demasiado bonitas. Para él todo esto era también parte del ajedrez. Extrapoló lo que semana a semana venimos viendo que hacen los medios deportivos con el fútbol, por ejemplo, a una práctica de sesudos estrategas que no esperaban nunca que su arte se viera contaminado por actitudes semejantes. creaba polémica, criticaba al contrario, se victimizaba… En una palabra, caldeaba el ambiente.
Como ya sabemos ganó, desapareció durante 20 años y volvió en el 92 a darle la revancha a Spassky, muy posiblemente por dinero. Ganó y desapareció de nuevo. Ni siquiera llegó a defender su título tres años más tarde, lo que hizo que Karpov fuera un campeón que no había destronado a nadie. Irónico en una actividad como el ajedrez, ¿verdad? ¡Fischer fue campeón del mundo 3 años solamente!. Jordan tiene 6 anillos de la NBA y Phil Jackson ya (mis Celtics acaban de perder) 11 como entrenador. Spitz ganó 7 medallas de oro en una Olimpiada (la del '72, claro) y con ellos Phelps, Lewis, Federer… campeones de muchas competiciones año tras año, tras año. Fischer no; llegó, ganó y desapareció.
Cosas de un loco, pueden decir, y eso es lo que la noticia ha buscado siempre en él. La extravagancia. Si hubiera pasado con Spassky nunca nos habríamos enterado. Por ejemplo Kasparov es más conocido por sus inquietudes políticas y por haber perdido contra una máquina. Cosas de un loco que ha hecho que su personaje se imponga a un arte, para algunos un juego y para muchos una ciencia del que la mayor parte de la audiencia no ha tenido la paciencia suficiente ni las ganas de enfrentarse a él. Un personaje impuesto a la propia persona que lo detenta. El mundo del ajedrez sigue estudiando sus partidas porque están llamadas a perdurar como grandes innovaciones y el reflejo de un genio. Su personalidad demostró que supo jugar no sólo con el tablero, sino con todo lo que tenía delante y siempre para ganar la partida correspondiente. Pero, en el fondo, tan sólo queda que son cosas de un loco.
jueves, 17 de junio de 2010
Estética membrillera
Por la noche, en "Metrópolis" nos meten a una chica -artista plástica- sentada en el suelo, con las piernas haciendo la tijereta, para darnos cumplida cuenta de su objetualidad de museo. Pero yo sigo sintiendo la misma sensación incómoda: cierto inexplicable desasosiego porque quizás me haya perdido algo o no esté "à la page". Es decir: la forma y los contenidos de lo que veo continuamente son tan "guays", que parecen de otro mundo, en el que indudablemente deben habitar los que tienen autoridad moral para enmendarnos la plana a todos, aunque sea audiovisualmente. Puro "odio visual", desde luego. El repertorio que incesantemente vomitan por sus pandémicos medios es tan caleidoscópico, tan arbitrario, tan efervescente, tan "libérrimo", en suma, que quizás haya llegado la hora -y yo aquí, sin enterarme- de hacer una pira en la Plaza Mayor de todo lo realizado, desde "Intolerancia" de Griffith hasta "Barry Lyndon", de Kubrick, por demodé, cutre y decididamente facha.
Si es verdad lo que dicen, que hay un "antes y un después", está claro que esa estética fílmica progre arranca con "El sol del membrillo", infumable pestiño entregado por Víctor Erice en 1.992, a falta de ideas y de sustancia. Como hacen los progres, como aquella vacía "En la cama". Nunca engendro cinematográfico alguno -exceptuando lo de Médem- ha sido tan sobrevalorado y mitificado como ese producto huero y totalmente prescindible, sobre la vida y milagros de Antonio López en un membrillar. Bueno, quizás "El sur", del mismo pseudoartista, considerada por Rodríguez de la Borbolla "la mejor película andaluza de todos los tiempos" (sic), sólo porque la malagueña Rafaela Aparicio iba del sur al norte.
Visto el impacto de la melonada y sentadas las bases de esa estética insulsa, la cultureta progre vuelve a atacar con "La mirada de Ouka Leele", de Rafael Gordon, sobre las aventuras de la fotógrafa valenciana. Pero, con todo, la que se lleva la "palma" de oro a la mentecatez más políticamente correcta es la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña) y los proyectos de la productora asociada "Escándalo". Ni más ni menos que en la edición española de la mítica cabecera "Cahiers du Cinema", dedican todo un monográfico a ese cúmulo de despropósitos peliculeros. Bien es cierto que la original francesa es una revista que le debe su prestigio al tratamiento altamente exquisito y comprensivo de la materia cinéfila en sí, mientras que, en el caso español, desgraciadamente no estamos ante una traducción, sino ante una colección de panfletos, bodrios y retazos de la peor calaña izquierdista. Pero es lo que hay. Y, lo que hay es un nuevo largometraje de esa Escuela titulado "Blog". Dirigido por la veinteañera Elena Trapé, no tiene ni guión original. Se basa en el relato de un instituto norteamericano de Gloucester (Massachusetts), donde un grupo de siete niñas decidieron de pronto quedarse embarazadas al unísono. Aunque la "gracia" de la trama está en airear todo el proceso por la Red, en sus blogs y demás conductos. Para la película se ha escogido a siete niñas de 14 y 15 años, de 3º de ESO. "Me impactó que una de las crías comentara que lo había hecho porque deseaba a alguien que la quisiera para siempre", comenta la directora, toda ilusionada por llevar a la pantalla grande la utilidad de un blog. Mientras tanto, en el editorial de la revista, su director, Carlos Heredero, se queja cínicamente de que, a diferencia del resto de cinematografías europeas, la española obvie la crisis económica.
No quiero alargarme, pero ya saben: cómprense una minicámara de alta definición, antes de que suba el iva y rueden lo que sea y como sea, sin preocuparse ni de los contenidos ni de la técnica, que triunfarán de lleno al abonar la estética "membrillera" de este agridulce "memento" socialista, para escalar al estrellato en tiempos de estrellados. Eso sí, cuando hayan acumulado rodaje y sólo por desmarcarse de tal adocenamiento esnobista, les propongo realizar algo semejante a “La persecución y el asesinato de Jean-Paul Marat, como fue representada por los internos del Manicomio de Charenton bajo la dirección del Marqués de Sade”, que magistralmente dirigiera Peter Brook en 1964. Más que nada, para enseñarle a Almodóvar, a Erice y a Médem que, por encima de la estética del servilismo, está la ética equilibrada del virtuosismo.
miércoles, 16 de junio de 2010
Políticas impopulares, premios y castigos
Las estrategias que adopta un gobierno, como agente, frente a los ciudadanos, que representan el principal, dependen sobre todo de la evaluación retrospectiva de los segundos en el momento de las elecciones. El apoyo prospectivo con que cuenta el gobierno a la hora de embarcarse en una política arriesgada es menos frecuente.
Mientras los referendos son iniciativas excepcionales, las estrategias de supervivencia frente a políticas impopulares, incumplimientos de promesas y giros radicales son parte del funcionamiento normal de la política.
Me encontré este texto ayer mientras buscaba otro entre miles de millones de papeles. Es del pleistoceno, como diría Patricia, y su autor es José María Maravall, catedrático de sociología de la UCM, socialista de carné y Ministro de Educación y Ciencia de Felipe González entre el 82 y el 88.
En efecto, muchos gobiernos han llevado a cabo políticas enconómicas que combinaban de diversas maneras traiciones a promesas electorales, impopularidad y malos resultados. Sin embargo, las consecuencais políticas de esta combinación no han sido inevitablemente desastrosas. El principal, que diría Maravall, parece haber considerado en muchas ocasiones que no cabía atribuir los resultados al agente, es decir, al gobierno, que éste estaba actuando de la mejor manera posible y que otras medidas o agentes (PP) producirían resultados aún peores.
Pero claro,yo me pregunto. ¿Cómo puede el gobierno influir para que esas consideraciones del electorado sean tan benévolas?
Recuerden la supervivencia del gobierno socialista en condiciones objetivas de una alta tasa de paro (22%) pero también en condiciones subjetivas de una profunda impopularidad de las políticas económicas (decretazo) El PSOE fue capaz de superar en poco tiempo los más de 10 puntos porcentuales que le separaban del PP en las elecciones de 1993.
¿Por qué tengo una extraña sensación de déjà vu?
Permítanme algunas consideraciones sobre la estrategia:
1.- El carácter inevitable de tales políticas
2.- La promesa de luz al final del túnel
3.- La oferta de compensaciones del presente (de fuerte carga ideológica como el proyecto de ley de laicidad hoy o la aprobación de la ley del aborto entonces)
4.- Una oposición de la que se desconfíe
Aunque se trabajen los cuatro mensajes, si el gobierno que se encuentra en dicha situación ha liderado el país durante una única legislatura, lo normal es que "tire" de las consideraciones 1 y 2. Así, incita al voto prospectivo.
Si por el contrario el gobierno sufre el desagaste de dos o más legislaturas... lo inteligente será "tirar" de los mensajes 2 y 3 motivando así el voto retrospectivo.
Est avis in dextra melior quam quattuor extra... Sin latinajos, que el refranero español es tan sabio o más: Más vale pájaro en mano que ciento volando.
Esa es y será la historia que se nos viene encima.
martes, 15 de junio de 2010
Move
Dice Barry Schwartz que el secreto de la satisfacción es mantener las expectativas bajas. ¿Francamente? Estoy de acuerdo con esa frase, pero de acuerdo si me ciño al marco de lo práctico; si no tengo una gran expectativa sobre las cosas o sobre las personas, cualquier cosa que me encuentre de vuelta es buena, me dejará satisfecho y, por tanto, me hará feliz o al menos me dejará tranquilo.
Pero de lo que Schwartz no habla, y creo que lo hace para que nosotros reflexionemos sobre ello, es sobre cómo deben ser mis expectativas. Mantener expectativas bajas sobre las cosas o sobre las personas no debe proporcionar una felicidad como muy tranquilizadora, me da a mí. Debe pertenecer a gente realmente pesimista que acaba adecuando su baja expectativa al nivel inmediatamente superior a la calidad de lo que recibe, es decir; si yo soy publicista y hago un anuncio para Nike como "move" el que se hizo para las olimpiadas de Salt Lake City, me viene alguien y me dice que no refleja suficiente lo que son unas olimpiadas de invierno y, o le doy o salto por la ventana. Todo dependería de lo fuerte que me sintiera conmigo mismo.
No sé cómo es la vida de los publicistas a la hora de enfrentarse con sus clientes y enseñarles una campaña, pero sí sé lo que cuesta cargar la cabeza de ideas y almacenarlas ahí hasta que llegar el resorte que hace que se mezclen y den un resultado. El resorte no siempre actúa como la liberación de un mecanismo que retiene un muelle. La mayor parte de las veces cuesta indagar hasta encontrar aquello a partir de lo cual decides tirar para adelante con una idea. Y esa idea debe ser trabajada y pulida, debe ordenarse y ser reducida hasta que quede clara. A partir de ahí ha de quedar decorada con todo lo que uno estime oportuno, pero la idea debe aparecer clara delante del público.
Pero miro a mi alrededor me da la sensación de que no nos movemos y que tomar una decisión cuesta, precisamente porque llenamos el argumentario de motivos o razones que lo que hacen es tantear. No será la primera vez que haya tenido que hacer una presentación por encargo de algún otro en el que la idea de lo que se quiere tratar quedaba clara, pero a la hora de plasmarlo en… (jo, iba a decir en papel) en un power point empiezan a aparecer los miedos y hay que ir llenándolo de cosas no sea que con lo que presentamos no vayamos a acertar. Al principio, cuando no entendía esta "estrategia" me ponía muy nervioso, incluso me sentía frustrado porque pensaba que era tonto y que no estaba dando con lo que me estaban pidiendo. Al entender que era porque no había detrás una actitud valiente de "esto es lo que hacemos porque sabemos hacerlo bien", entonces esa frustración tornó a otro tipo de frustración sobre quién dominaba mi sueldo, pero eso es otro cantar. Otro cantar como lo es el desecho de soberbia que acabo de demostrar que soy, pero piensen si cuando hacen algo bien y están contentos con lo que han hecho no hay algo dentro que les dice que pueden estar tranquilos. A lo mejor es memorable, pero es memorable a partir de ese punto en el que lo han dejado. Como digo más arriba, a partir de ahí hay que pulir.
Y esa actitud que veo a mi alrededor en el esfuerzo de tomar una decisión o marcar un camino hace que nos perdamos. Axelrod y Plouffe tenían claro que el principal enemigo para conseguir hacer de Barak Obama el presidente de USA era, primero, Obama y después quién se enfrentara a ellos en la convención demócrata. La campaña contra los republicanos era clara; "Change" y que nadie creyera que Clinton no iba a utilizar el mismo argumento si hubiera sido la candidata demócrata. Aparecería delante de todo el mundo de forma luminosa. Pero ¿alguien recuerda todos los caballos de batalla que los demócratas o republicanos tenían abiertos en la elección de su candidato? Eso sí que debió ser escarbar hasta encontrar el motivo por el que elegir a uno de los dos. En su disculpa diré que un año de campaña, desde New Hampshire hasta DC, obliga a hablar de muchas cosas. Pero también, insisto, qué claro quedó el mensaje una vez que se llegó al tramo final.
¿Lo mismo pasa aquí? ni el gobierno o la oposición tienen una visión clara de lo que hay que hacer. Recuerdo especialmente como hitos significativos, uno por cada lado. El primero cuando los Populares en un debate en el Congreso pusieron sobre la mesa "un paquete de medidas". El término, por vacuo, ya me hizo reír. Pero es que sacaron otro y el gobierno sacó el suyo y sacó otro más. ¿Alguien recuerda cuáles eran esas medidas?
Luego llegó la UE y dijo "chavalines, por aquí". Un mensaje claro de una gente que ha estado esperando dos años decidiendo si se metían en casa ajena o no. Pues el segundo hito llegó hace un par de días con Blanco diciendo "Nos han obligado. ¿Y qué?". No voy a entrar en si las medidas son buenas o no, progresistas o conservadoras. Eso me da igual. Lo que quiero resaltar aquí es que "¿Y qué?" tiene una respuesta fácil. Nadie hizo nada por poner encima de la mesa un mensaje claro.
Nadie hizo como Nike y dijo "Move"
lunes, 14 de junio de 2010
El factor "gente"
Las piezas del rompecabezas encajan perfectamente y por eso, haga lo que haga o diga lo que diga el peor Presidente de nuestra núbil democracia, no pasará nada. Por eso, porque el mes siguiente es el de la extra, porque coincide que hay campeonato mundial de fútbol y porque -lo tengo más que visto y comprobado- a Zapatero le basta un simple entorchado de ojos, un gesto torpe cuando es abandonado por Berlusconi o un balbuceo bien calculado de sus memeces inconexas, para que sus partidarios (que son muchos más de lo que parece) le bailen el agua y se dediquen a reverenciarlo.
Indudablemente hay fenómenos sociales que escapan a toda lógica. Tanto hablar de por qué actúa la gente de una forma o de otra, de por qué vuelven a votar al mismo mentiroso compulsivo o de por qué aparentemente vivimos en jauja, con el mejor "ave" del mundo, el mejor deporte, la mejor gastronomía, la gente más guapa, etc. -pero al mismo tiempo nadando en la miseria espiritual y física más recalcitrante del mundo civilizado- cuando lo que ocurre simplemente es que la gente exhibe extrañas "manías", por simple mecanismo de mímesis.
Por peregrino que parezca, se trata de un comportamiento tan aleatorio como estadísticamente probado. Hasta para comprar una dorada, me las ví y deseé el pasado viernes, precisamente por no haberlo tenido en cuenta. Recalé en tres reputados Hipermercados de la misma firma. En el primero había un pijerío insufrible de gente remoloneando en la pescadería, como si estuviera en el médico. Al no tener ni paciencia ni tiempo, tomé nota del hecho, ya presentido y me fui al del "pobreterío" o de la "bajurria" (dicho sea sin connotación clasista). Ahí fue aún peor: una chica que ni siquiera había cogido número, gritaba estentóreamente para contar sus hazañas a la vuelta de Barcelona. El dependiente, que también había estado en Cornellá, empezó a empatizar con la tal, pero a esto que llegó una marchanta desaliñada aireando en voz muy alta: "¡Barselona es bona si la bolsa sona, nena!". Aquello no iba ni para adelante, ni para atrás, así que me fui desesperado y constatando que el nivel no había subido desde la última vez. Por fin, en el tercer Centro, donde supuestamente había mezcla, veo unos carteles avisando del inminente cierre, por falta de afluencia de clientes. Pero, curiosamente, está enclavado en el mejor sitio y es donde únicamente se podía comprar, por tranquilidad, modernidad y mejor surtido. Constato, por tanto, el masoquismo que impele a la gente a disfrutar de la cola y del barullo. No sólo en el hiper, sino en el banco, en el restaurante y en la playa. La cuestión consiste en dejar que la iniciativa la tengan los demás y de conectar con la medianía hasta para copiar lo que compran o simplemente toser (que, en esos sitios, la gente tose para marcar territorio.)
Conclusión: como dijo el otro, "¿dónde va Vicente?: donde va la gente". Misteriosamente, eso tan deforme que es la gente funciona por ósmosis y de ello se aprovecha la democracia. Y no existe casuística que lo explique. Sencillamente, "a la gente le da por ahí", se suele decir. Porque sí, porque hay que estar en la tontería del momento y todo lo demás -huelga decir- supone un peligro, además de ser anti sistema y anti régimen. Como el bar que abrieron hace un meses, por aquí cerca: no es chic, pero todo el niñaterío socialdemócrata lo abarrota a cualquier hora, en detrimento de los demás, con mejor calidad y a mejores precios. Como Ikea, donde -exceptuando a las masas mazacóticas que acuden solícitas al codillo- ya se sabe cuál es el perfil de su clientela-tipo: de la "república monárquica socialista neoconhippy". Visto el pelaje de los que acarician el edredón, visto el designio sociopolítico de un sector inconfundible. Son esos los que proliferan ahora para decir que "era necesario tomar medidas", haciendo causa común con el iluminado que presumía de nunca tomarlas, porque "sólo lo hizo la oposición".
Así que no malgastemos el tiempo en darle tantas vueltas al asunto. El ente abstracto de la gente, formado de indiferencia y maldad para conducirse con pretendida y falsa ventaja, se complace en su necedad y se alimenta de la hipocresía de los gobernantes o de no se sabe qué caprichoso criterio de elección. Probablemente ninguno. Es lo que tiene la insoportable levedad de la gente.
domingo, 13 de junio de 2010
Populismo en USA
Confirmando, por su parte, el impecable mensaje populista de abandonar la gobernatura de Alaska, Sarah Palin se dirigía a una convención del llamado Tea Party, celebrada en Nashville. Amenazaba Palin con una campaña de oposición a la forma de gobernar de Obama, al gasto público y la subida de impuestos.
Pero el propio Presidente Obama parecía haberse subido al carro populista en su mensaje del "Estado de la Unión". Atacó los abusos de Wall Street, insistió en los aspectos centrales de su plan de salud y prometió luchar por los derechos de la mayoría y sobre todo de los más necesitados.
Esta oleada populista no es, sin embargo, una novedad. El populismo es consustancial a la identidad y la práctica políticas de la nación fundada -paradójicamente- por una élite intelectual, inspirada en la Ilustración.
Estados Unidos es una idea forjada por un puñado de cultos terratenientes, si me permiten la expresión. Con el impacto inmigratorio, la industrialización y el abandono de la primacía de la agricultura, la praxis política adopta estrategias para captar el favor de las masas.
No hay mejor credo populista que el plasmado en la leyenda de los versos de Enma Lazarus en la Estatua de la Libertad:
Dadme vuestras masas cansadas, pobres y acurrucadas, que anhelan respirar libres
sábado, 12 de junio de 2010
N
He decidido, a ver cuánto me dura, que los sábados que me toque escribir en la Zodiac les voy a dar un respiro. El sábado aquel en que publiqué la entrada que recomendaba salir a la calle y disfrutar del sol, quedé especialmente contento y creo que seguir en esta línea es saludable. Así que los sábados, historias amables.
Apuesto a que ustedes han visto / leído El Señor de los Anillos. Como diría el humorista Iñaki Urrutia hay gente que te dice "Sí, yo (me) lo he leído tres veces y una de ellas en inglés". Yo he de reconocer que no lo he leído y que a la película le salva que tiene intensas las escenas de batalla. El resto es de una perfección punto más allá que aburrida. Es mi opinión y puedo estar equivocado. Pero me resulta gracioso una cosa, que es cuando a Viggo Mortensen le llaman "Aragorn, hijo de Arathorn, nieto de Arador".
Pues bien, yo soy N, hijo de N y nieto de N, también conozco a alguna rubia de ojos azules que es de caerse de espaldas, los sábados no me afeito y en cuanto acabe el post me voy a comprar una espada. Bueno, la espada mejor no, pero todo lo demás les juro que es cierto.
Pues les voy a contar la historia de mi abuelo N en una de las opciones que siempre da mi amiga P al contarte una historia; no por el lado largo ni por el corto, sino por el asimilable.
Mi abuelo N tiene una historia bien curiosa. Nace en un pueblo de invierno duro, dónde su padre era el más rico ya que tenía cuadras, una empresa de diligencias que operaba por el área del pueblo, caballos y distintos negocios que iban desde explotación de tierras hasta zapaterías. Por lo visto el señor, que no se llamaba N, tenía un momento de mal genio que se alargaba bastante y, en una de estas sacudió con una fusta a un mozo de la cuadra por ensillar mal un caballo. A la salida de la cuadra, el lacayo le esperaba con una piedra de tamaño respetable, desde una posición más alta y al paso del jinete la piedra se precipitó a 9,8 m/s2. Mi bisabuela queda viuda y va malvendiendo los negocios para poder ir avanzando con 5 hijos, pero N, que era el menor, a los trece años se marcha a Madrid a buscar trabajo porque la situación económica ya era insostenible, mientras que otro de sus hermanos emigra a Puerto Rico, dato que apunto para que vean qué rápido se pierden las posiciones ventajosas.
Mi abuelo llega a Madrid y encuentra trabajo como mancebo de la botica del Palacio Real, pero sabe que el futuro no está ahí y se pone a estudiar desde un nivel muy técnico y en sus ratos libres temas de contabilidad que luego pasarían a ser finanzas. Conoce a mi abuela en el metro un día al que ella siempre refería como el de una revelación. Dice que le miró a los ojos sonriendo y que le impactó tanto esa sonrisa y sobre todo esa mirada, los ojos, que tuvo muy claro en ese momento que debía estar con N. Yo no sé qué vio ella en él, pero sí puedo decir que la mirada que recuerdo de mi abuelo tenía generosidad, candor y un punto de sabiduría, como diciendo "fíate de mí, que yo sé de qué va esto". Claro que yo le conocí cuando él ya tenía una edad y una experiencia, pero sabiendo como era creo que puedo restar años a esa mirada y en lo que yo veía sabiduría mi abuela debió ver un algo de picardía y un mucho de seguridad.
Pues se hacen novios (ahora decimos "salen juntos" pero antes era de esa otra forma o "inician relaciones") y llega el momento en que mi abuela se lo presenta a su padre. Su padre, coronel del ejercito, era una de estas personas que reflejaba perfectamente esa enfermedad que se padece mucho en España que es la de la hidalguía. Descendiente de aristócratas, no había dado un palo al agua en su vida porque el señorito era demasiado señorito. Imaginen cuando aparece mi abuelo la de cosas que pudo decir de una persona que había llegado a los trece años a Madrid a trabajar como mozo de botica. N se le quedó mirando como preguntándose "¿Qué?" y le dijo a mi abuela "interesante persona, tu padre" y siguieron juntos.
Estalla la guerra y N las pasa durillas. En una ocasión ha que ir a recoger a los calabozos de la CNT a su cuñado por un altercado con un grupo de milicianos en un bar. Su cuñado, que había sufrido cirugía cerebral, era digno hijo de su padre y, encima, con una tara en la cabeza. N, cuando se entera, coge el carnet de un club de tenis muy similar al carnet del a CNT y allí que se va. Blandiendo el carnet, llamando a todo el mundo camarada y muerto del miedo por si descubren que él de sindicalista nada de nada, consigue sacarle de una muerte segura (era el 38 y las cosas no estaban para bromas) alegando que estaba mal de la cabeza y enseñando a los carceleros la cicatriz en la cabeza para que vieran que no se debían tener en cuenta las consideraciones de un loco.
Poco después, y por un comentario a una vecina sobre que los nacionales iban a tomar Madrid en breve, le llaman a filas, le hacen un consejo de guerra y le mandan al frente de la Universitaria. Por si cae en el frente se casa con mi abuela. Siempre tuvo a orgullo que en los asaltos no disparaba más que al aire o al suelo, estando seguro que en ningún caso mató a nadie.
Termina la guerra y los nacionales dictan una ley por la cual todo matrimonio celebrado en zona republicana no es válido. Imaginen la de despavoridos que hubo en ese momento. Pues bien, N se volvió a casar con mi abuela. A partir de ahí familia, veranos en su pueblo de origen y en el norte de España y una carrera en una multinacional dónde llegó a ser Director de Compras.
De esto último me enteré hace bien poco, pero en cuanto lo supe, llamé a mi amiga E, que es hoy en día directora de Compras de una multinacional y le dije "Oye, que mi abuelo también fue Head of Procurement".
viernes, 11 de junio de 2010
Onanismo televisivo
Aunque, bien pensado, acabaría con ambos medios, si de mí dependiera, ahora que la Tele regurgita tanta bazofia, mientras Internet te aisla cada vez más de un mundo al que paradójicamente la operadora asegura que te conectas, a cambio de una cuota mensual. Sin embargo, ambos artefactos comunicativos participan de la misma esencia y naturaleza: su promiscuidad mediática a través de la interactividad con una pantalla.
Hablaba José Vidal-Beneyto, cuando no era el sectario del último trayecto de su vida, del "complejo de vedetización" de los profesionales televisivos, así como de la transmisión permanente del "testimonio de su propia conciencia", aunque no esgrimieran carné. No existe el menor rasgo de humildad en un medio tan aparatoso y tan fantasma, en el sentido petulante del término. El medio no es el mensaje: lo es el mensajero, como en los eficaces anuncios de tráfico de Rubalcaba. Una suerte de onanismo exhibicionista que nos convierte a todos en voyeurs, no de los contenidos, sino de los continentes. Ahora se prioriza sobre todo aquel consabido efecto de Lasswell consistente en la supervisión del entorno y "la correlación de las distintas partes de la sociedad, que se manifiestan". Las presentadoras (es una profesión muy femenina) deben lucir sus mejores galas (y gafas) informales, además de contonearse "ad hoc" mientras balancean las manos, en sus evoluciones de pasarela, como si fueran garras de aves de rapiña. Y mostrar optimismo contagioso, aunque estén en Haití cubriendo los efectos devastadores del terremoto, metidas en basura hasta las rodillas o exhibiendo cómo se matan los lugareños por un vasito de agua sucia. Siempre lo exótico atrajo a las élites encantadas de conocerse y sirvió para alimentar su hambriento ego de aventuras.
Hay casos flagrantes de obscena vanidad televisiva, como el de los hermanos Milá. Ella, mostrándose como la verdulera que es y haciendo de su denigrante programa Gran Hermano un "Tractatus" de Wittgenstein, mientras que su aristocrático hermano prosocialista se escucha a sí mismo, muy presuntuoso él, para disimular no haber podido figurar tan de nexo con Obama, como el designio de la presidencia española en la UE hubiera querido.
Pero a la obscenidad patológica de los auténticos protagonistas televisivos que son los locutores, le tenemos que añadir proactivamente la nuestra propia, porque como bien reconociera a principios de siglo la profesora americana Ellen Seiter "a medida que Internet se desarrolla desde un instrumento orientado a la investigación minoritaria hacia un medio comercial de masas, las semejanzas entre los sitios webs y la televisión se incrementarán". Eso nos convierte a todos en ególatras reconcomidos, obsesionados con interactuar para adquirir protagonismo y rendir culto a nuestra personalidad. Eso sí, en Internet desde un anonimato que nos permite no revelarnos a nosotros mismos como "fuente" al utilizar el precepto sagrado del periodismo y que no nos paguen por eso. Mientras en Televisión, el salto a la fama se produce a cara de perro, aunque sea para testificar cómo un torero intentó hacer perrerías con una de sus exnovias que, gracias a esa confesión impúdica, quiere dejar de estar a dos velas. Toda la televisión es un descomunal vientre alotrópico y chorreante.
Dicen los teóricos de la comunicación que la "hipertelevisión" actual es "fragmentada, ubicua y asincrónica". Se pierde definitivamente el sentido de lo comunitario, viendo televisión. El viejo mito del anciano contando fábulas alrededor del fuego pierde vigor, en favor de una atomización de la recepción, como pasa con la World Wide Web. Esa confluencia es la que propicia que la contemplación de la pantalla única, sea el mayor y mejor pretexto para reverdecer nuestra hipertrofiada vanidad. Todos interactuando como zombis engreídos en lo más oculto de la caverna, porque la calle se hizo inane.
jueves, 10 de junio de 2010
Ortodoxia o silencio
Y añado yo: Y cualquiera que osara desafiar dicha ortodoxia se encontraría silenciado con sorprendente eficacia. De ahí que casi nunca se hiciera caso de una opinión realmente independiente ni en la prensa ni en las publicaciones minoritarias intelectuales.
Les suena, a que sí...aunque también debo reconocer que esto empieza a cambiar en Apaña -gracias al cielo-
En aquellos momentos Orwell sufría la ortodoxia dominante que exigía la admiración hacia Rusia sin asomo de crítica. Todo el mundo estaba al cabo de la calle de este hecho y, por consiguiente, todo el mundo actuaba en consecuencia. Cualquier crítica seria al régimen soviético de entonces, cualquier revelación de hechos que el gobierno ruso quisiera mantener en secreto no saldría a la luz.
Lo peor, creo, era que esa conspiración nacional para adular al aliado de los ingleses se producía a pesar de unos probados antecedentes de tolerancia intelectual muy arraigados entre los hijos de la Gran Bretaña.
Era paradójico, pero mientras se era libre de atacar a Churchill desde cualquier libro o periódico raro era que alguien pudiera publicar un ataque contra Stalin.
No, si al final va a tener razón NRQ... todo está inventado... Pero en ese caso también tendría entonces razón yo, cuando aseguro que es imprescindible releer, releerte para avanzar.
Orwell participó, como saben, en la guerra civil española contra la agresión fascista, pero también sufrió en sus propias carnes las purgas que el frente popular desató en la Barcelona roja.
La contradicción misma, la manipulación de las palabras, la palabra directa al intelecto y a la emoción de los hombres... Orwell, el milagro de la literatura.
miércoles, 9 de junio de 2010
Objetivos
Watterson ha sido para muchos un enigma como dibujante; dibujó las viñetas durante 10 años y frenó en seco en la cresta de la ola. Nunca licenció los personajes para merchandising y, si en algún momento, encuentran una taza, una pegatina o una camiseta con Calvin haciendo muecas, sepan de antemano que es un artículo fraudulento. Pues bien, Watterson, entrevistado en febrero para The Plain Dealer de Ohio, ante la pregunta de "por qué" contestó que "siempre es mejor dejar la fiesta pronto". Pueden pensar que estaría aburrido de contestar a esa pregunta en entrevistas desde que cerró los personales en el '95 y que esa frase es producto de mucho pulir una excusa, pero el hecho es que es la primera entrevista concede desde entonces y el Plain Dealer no es, precisamente, el Washington Post. Hasta tal punto es relevante Watterson y su obra que toda la gran prensa americana se hizo eco de esta entrevista. De hecho yo leí la frase que les refiero porque la vi en el Time.
Watterson resume de forma magistral que, tras diez años evolucionando unos personajes a los que ha dado el carácter profundo de obra y no tanto de producto, llega un momento en el que hay que dejarlos y mirar hacia algún otro camino. Los retos y el miedo que nos producen los cambios no son salvables después de haber leído a Coelho o a Bucay. Estos no tienen respuesta a los fantasmas que cada uno arrastramos y, para más inri, lo único que hacen es vivir de una tarea de mantenimiento. Hablan de lo mismo bajo distintos títulos dejando la responsabilidad del fracaso o del acierto fuera de uno; "el universo no quiere que lo tengas ahora" o "el universo conspira para que tus deseos más profundos se cumplan". Y ya está. Ahí acaba toda su aportación que se extiende a lo largo de decenas de títulos. Reconozco que es una forma muy despierta de ganarse la vida, pero no aplica a lo que nos toca vivir. Es más, te adocena y actúa en favor de la irresponsabilidad y, por supuesto, de la ausencia de reto.
Acoplarse a lo conocido es justificable, pero no nos va a aportar nada más. Conozco gente muy cercana que acaba vendiendo su día a día como logros magistrales cuando, en realidad, su día a día no deja de ser una tarea de mantenimiento. Si lo quieren ver de otra manera Stoll afirmaba que la primera vez que haces algo es ciencia, la segunda es ingeniería y la tercera ya es mecánica. Cuando Pizarro se enfrenta al gobierno para frenar un acto de intervencionismo que raya lo delictivo, toma una decisión que le puede hundir. Cuando decide meterse en política da un paso hacia un terreno inestable en el que la percepción del otro lado lo es todo. Cuando desencantado, entiendo, decide dejarlo es porque ha visto que ya no hay nada más que sacar de los objetivos que se marcó y, entonces, es un buen momento para dejar la fiesta antes de acoplarse a un ritmo que una personalidad como la suya no estaría dispuesto a tolerar.
Si alguien toma esto como un reproche por no asumir riesgos se equivoca. Es un reproche por no marcar objetivos.
martes, 8 de junio de 2010
Un icono de la izquierda llamado "mujer"
En contraste con esa naturalidad tan francesa, los locutores ibéricos de tan magno acontecimiento deportivo, deshojaban la margarita el pasado sábado -al finalizar el fantástico partido de la italiana Francesca Schiavone- sobre si el juez de Nadal y Soderling podría ser mujer o no, como ya se ha ensayado en tierras hispánicas que es, por otro lado, de donde únicamente envían a una fémina al mundial de fútbol -como asistenta- probablemente para alardear de que "la roja" es la única del mundo que aspira a respetar "la cuota".
Entre liberales y personas normales -sin nada ominoso que ocultar- siempre hemos sabido que las mujeres son tan seres humanos como los hombres. Con sus pecados, manías, servidumbres y grandezas, ya sea por inteligencia o por desarrollo de su espíritu y capacidades, que le son tan inherentes al yin como al yan. Sin embargo, la izquierda carpetovetónica española, hipócrita y nostálgica de su diabólico machismo, persiste ahora en su procaz empeño de utilizar a la "mujer" como fetiche, como icono que le sirva de comodín impagable para sus componendas políticas y sus permanentes propagandas electoreras.
En ese esquema, el insufrible y patético Calleja, de Prisa, se ha puesto al frente de una tertulia exclusiva de mujeres, en una televisión de su grupo benefactor de tantos falsos socialistas. No hay nada más sospechoso de baboso machista a la antigua usanza que un adulador de mujeres, porque sí, porque ellas lo valen. Y la izquierda española prolifera ahora en esa especie rediviva de pelotas mujeriles o moscardones, interesados mayormente en servir de lacayos de los que tienen muy claro el uso de la mujer como objeto de sus antojos inconfesables.
En la última tertulia, una representante de la Asociación Themis (infórmense al respecto en "projusticia.es"), hablando del aborto, declaró tajantemente que "todas las mujeres deben votar a la izquierda, porque la derecha se pone en contra de ellas cada vez que se legaliza algo que les afecte". El presentador -en quien se cumple muy bien eso de "la cara es el espejo del alma"- no tiene empacho en aplicar indiscriminadamente discriminación positiva, incluso para dar cabida a cuanta exaltada presuma airadamente de conectar con su pensamiento único. Que, puestos a ser egoístas, intolerantes y mandones, a ver qué es más reactivo, si el estrógeno o la testosterona.
Pero como peor icono, más sospechoso aún de levantar y cabrear a la fiera del asqueroso machismo ese que decía la feminista Cristina Almeida, están indudablemente los programas de Roures en su Sexta (número del demonio para unos, de la juerga para otros) "Mujeres millonarias" y "Quién vive ahí", que vienen a ser lo mismo. Ambos de una obscenidad sin paliativos, no sólo por cosificar a la mujer, en el primero, como trepadora sin escrúpulos y sin límites y, en el segundo, como objeto decorativo de mansiones; sino por hacer desvergonzado alarde de ostentación de riqueza al por mayor, para relamerse constantemente en nombre de los pobres del mundo.
Con todo, la cínica y mentirosa izquierda, tiene muchas más armas y bagajes de "mujer" para jugar sus bazas demagógicas, intentando captar a todas esas incautas que no se sienten insultadas por ser tratadas como mujeres, pero que siempre quieren más por lo mismo. Al fin y al cabo, a ningún humano le amarga un dulce y, si se puede tener "más todavía" por decreto o a dedo, tanto mejor para cualquier mujer de limitados recursos o ilimitadas malas ideas. "Vuélveme loca" de Telecinco es el colmo de la cursilería hecha patrimonio del género "bonito", con abundancia de gestos sicalípticos por parte de dos tontitas bailarinas. Claro que, semejante título también es sospechoso de sintonizar con la androginia obligada por Zerolo, tras besar las suelas de unos inefables zapatos.
Yo, por mi parte, estoy contento por la paridad que limita a un 50% las posibilidades de integrarme en un tribunal de oposiciones a la docencia. Así no me veo en el compromiso de dilucidar sobre las candidaturas de una mayoría aplastante de opositoras. Aunque luego, el número de alumnas vaya descendiendo cada año -con el consiguiente enfado del otro género estudiantil- porque sus preferencias vayan por otro lado.
lunes, 7 de junio de 2010
El pozo de Tales o el slot de Taz
Por ejemplo, Tales había ayudado al ejército a vadear un río sin moverse del sitio. Hizo que se construyera una presa río arriba, desvió el cauce del agua y lo situó a espaldas de los soldados que, gracias al talento de Tales, pudieron vencer en la batalla.
En otra ocasión Tales había previsto un eclipse. Esto demostraba gran conocimiento de los cielos, algo que resulta de lo más útil para orientarse en el mar. Otras anécdotas nos hablan de lo útiles que resultaban sus conocimientos para sus conciudadanos, quienes le admiraban y respetaban.
Pero un día Tales se cayó en un pozo porque iba muy distraído, concentrado en sus pensamientos. Y entonces se corrió la voz de que Tales ya no sabía ni dónde ponía los pies. De hecho, algunos de sus conciudadanos hacía tiempo que desconfiaban de él. Le acusaban de que cada vez estaba más interesado en saber cosas a las que no se veía ninguna utilidad. Tales de Mileto contestaba que la cuestión no era si eran útiles o no, sino si eran o no verdad.
Si era o no verdad, por ejemplo, que el agua era el principio de todo, de todo lo que había comenzado. Estas cosas no parecían tener ningún interés para la ciudad y no se entendía por qué Tales perdía tanto tiempo en intentar dilucidarlas. Según él, lo importante no era saber cosas útiles para la vida ciudadana, sino, sencillamente, saber, saber por saber, por amor al saber.
Por eso comenzaron a llamarle filósofo, que en griego quiere decir “amante del saber”
“Se dice que una aguda y graciosa esclava tracia se rió de Tales porque, mientras observaba las estrellas y miraba hacia arriba, se cayó en un pozo”
Platón, Teeteto 147 ac
domingo, 6 de junio de 2010
koinonia
Ricardo es un intrigante, pero su intriga no es injuriosa, sino letal. Primero va a por su hermano George, duque de Clarence, los jóvenes herederos vienen después y así hasta completar su ambición.
No podemos considerar toda ambición como la ambición de Ricardo, pero sí podemos cuestionar que vivimos con cierto riesgo de que posiciones relevantes las alcancen elementos que se manejan mucho mejor en el ámbito de la puñalada que en el de la profesionalidad. Llegar es difícil y parece que la meritocracia no es el único parámetro de evaluación. Tenemos modalidades, incluso, como la intriga pasiva, que es el arte de saber ponerse de perfil, es decir; hay una paleta de colores tan amplia en esta materia como en la del talento
Queremos creer que la intriga no es un talento para gestionar o para gobernar, pero es que la intriga es un arte que deja fuera a tus rivales. Bien manejada hace que el intrigante quede como un héroe y el que se queja por las artes del primero quede como un llorón, un débil, un pusilánime y nadie ama a los flojos. Les compadeces, pero no les admiras.
Las ligazones y alianzas que se generan al enredar de esta manera son ataduras fuertes y penetrar una barrera de ese tipo, desgraciadamente, es casi exclusivamente posible a través de un enredo mayor.
¿Dónde queda la koinonia? El mirar todos hacia un mismo objetivo en unión y comunidad. Por supuesto, por supuesto que koinonia, tomada como concepto exento de connotación ajustada a moral, puede significar también la unión para conseguir un objetivo no confesable, pero si nos centramos en ella como el logro, la ambición en términos de superación o la búsqueda del bien común, la koinonia es uno de esos valores que hacen a las personas más personas y que da base a vivir en sociedad. Pocas cosas me revientan tanto como ver que en un órgano que se entiende que debe funcionar de forma armónica, se generan pequeños reyezuelos de taifas que creen que su propio negociado es un templo y ellos son los protectores del Grial. A partir de aquí se forman alianzas de necesidad y acabamos viendo comunidades, empresas o gobiernos en los que se cubren las expectativas pero lo raro sería que se consiguiera más, pero como se cumplen objetivos, mejor eso que pérdidas. La ausencia de esa koinonia, paradójicamente, frena a ambición dejando el logro en un status quo de no avance que, como toda no-evolución, está condenada a generar moho y pudrirse. Como en Ricardo, muchas de estas motivaciones se justifican interiormente en la frase "porque me lo deben". Menos mal que siempre, en algún momento, llega un Henry VII a Bosworth.
sábado, 5 de junio de 2010
Varias generaciones perdidas
A excepción de los fenómenos de la tertulia radiofónica -exportado a la televisión- y de la "sitcom" o "comedia de situación", con el que pretenden transmitir optimismo ciego, todo lo demás depende hoy en día de las veleidades y antojos de cada momento específico.
Quizás haya habido un antes y un después de la informática y el móvil. Es posible incluso -cosa que intuyo- que no tengamos más hijos, por culpa del portátil, no por falta de dinero, cuestión incontrovertible que ese faro occidental en que se ha revelado el Presidente de la Unión Europa durante el semestre que acaba, nos ha demostrado fehacientemente al dejar de abonar los 2.500 euros por cada nueva criatura candidata a descenciente de sus votantes. No cabe duda de que, si la mujer y el hombre están ahora casi todo el tiempo en la calle, buscándose la vida y alternando con lo que, dentro de muy poco va a ser la conexión multitudinaria al iPad, la nueva situación hará que nuestra capacidad individual de consumir y depredarnos unos a otros y viceversa -en el menor tiempo posible y sin importar el daño moral de las implicaciones y consecuencias de tanto cambio súbito e inmoral- sea el pan comido de cada día.
Un resentido exministro de Cultura como César Antonio Molina comentó en unas recientes declaraciones que, en realidad, no sabemos qué nos deparará Internet de aquí a poco tiempo. Pero que indudablemente estamos en los inicios de una revolución de la que no sabemos cuál será el resultado a medio y largo plazo.
En el mismo sentido se pronunciaron en una de las tertulias radiofónicas de la tarde, al tratar el tema de la "desprotección de datos". Un experto en la materia cibernética comentó lo increíble que resulta que la mayoría de la gente, tan celosa aparentemente de dar datos privados en la vida cotidiana, baje sin embargo la guardia, cuando interactúa en Internet, con una facilidad y comodidad absolutas. Elisa Beni, la mediática mujer del no menos mediático juez Bermúdez, afirmó que "se puede saber si nos ponemos tanga o braguitas en cuanto entra un troyano y eso ocurre siempre que se recibe o envía un mensaje y se participa en una red social."
¡Pues claro, acabáramos! De eso se trata. Ya es realidad aquel mito de la aldea global que tan acertadamente preconizara Marshall McLuhan. Y, ¿qué se pensaba la gente, que eso iba a ser gratis, tan fácil? La única condición sine quo non era la desprotección de la integridad personal y de la propia dignidad de las personas, que dispensa la ingeniería inversa. Pero también, asociado a ello, la captación y abducción -por parte de ayatolás sin escrúpulos y nuevos dictadorzuelos- de muchas personas que muestran con tolerancia máxima todas sus debilidades, fundamentalmente las ideológicas y las sexuales. Conozco algún caso que otro, Y, por lo que veo, ya hay varias generaciones perdidas de internautas -de "incautos" y confiados ciudadanos a la deriva- que se dirigen de cabeza hacia ese nuevo y siniestro "Orden Mundial".
viernes, 4 de junio de 2010
Matemáticas y Locura
La locura que llamamos civilización occidental es una locura muy particular. Puede que los griegos sintieran que se habian vuelto locos cuando dedujeron el teorema de Pitágoras. En todo caso, debieron sentir un perplejidad enorme.
H2=C2+C2
He aquí una frase bien curiosa.
Tan curiosa que, al contrario de lo que pasa con todas las frases, para decirla no importa nada el hecho de ser espartano, ateniense o persa. Debió de ser un descubrimiento impresionante el haber dado de pronto con algo con lo que los atenienses y los espartanos, pese a todas sus guerras, sus diferencias, todas sus rivalidades, tenían que estar forzosamente de acuerdo. Algo respecto de lo que los griegos y los persas, que parecían fatalmente destinados a matarse en la guerra, tuvieran que estar de acuerdo por encima de sus desacuerdos, por encima de la diferencia insalvable de sus dioses, de su lengua, de sus costumbres, de su condición política...
Es posible afirmar que, en ese mismo momento, debieron sentir que se caían en un pozo desde el que se vislumbraba una Nueva Tierra en la que espartanos y atenienses y persas tenían que estar necesariamente de acuerdo, lo quisieran o no.
En efecto. Al deducir un teorema, com0 el teorema de Pitágoras, estamos diciendo algo así como: "Yo digo que H2=C2+C2 y soy liberal" pero si en lugar de ser liberal fuera marxista diría lo mismo.
"Yo digo que H2=C2+C2 y soy gallega" pero un andaluz diría lo mismo. Aún más radical: "Yo digo que H2=C2+C2 y soy ciudadano" y si fuera esclavo diría lo mismo ¿no es cierto? Soy depresivo o simpático, soy anoréxico o neurótico, obsesivo o histérico o bipolar... y digo lo mismo.
Tuve una infancia desgraciada, o un padre alcohólico o un abuelo ministro y digo que H2=C2+C2
Los griegos debieron quedarse alucinados ante el descubrimiento de la geometría. Geometría, la palabra que nombra el arte de medir la Tierra. Pero ¿qué tierra es esa que mide la geometría si no es la de los espartanos, los atenienses o los persas? ¿qué tierra es esa si no es la del obsesivo, el ciudadano, el nieto del ministro o el madrileño?
A través de la geometría los griegos debieron vislumbrar un horizonte en el que se anunciaba otra forma de habitar la tierra, una tierra que, de pronto, había dejado de pertenecer a los espartanos, a los atenienses, a los persas y también, a los ricos, a los pobres, a las mujeres, a los varones, a los ciudadanos o a los esclavos... a los madrileños o a los parisinos, a los simpáticos o a los depresivos...
En cuanto a la tierra de las matemáticas todos somos iguales...
..... pero entonces ¿existe la geometría variable?
jueves, 3 de junio de 2010
Barrio Sésamo
Cuando a finales de los 60 Joan Gantz Cooney (sí, está bien escrito así) llama a Gerald Lesser, quería proponerle un programa de televisión que educara a los niños y que esa educación fuera permanente. Pero permanente no significaba el anhelo de que el programa durara mucho en antena, sino permanente quería decir que el niño se llevara lo que había aprendido una vez que el programa terminara. Si se analiza un poco en perspectiva el que tenía un problema serio era Lesser, porque Conney era productora de televisión y quería un programa que educara a los niños después de haber dedicado varios años a programas que educaban a adultos. Estos programas eran normalmente debates y documentales en los que invitaban a expertos en política y leyes que debatían y explicaban con un alto grado de exigencia sobre sí mismos y, por tanto, sobre el público. Entonces, Cooney, decidió que quería hacer lo mismo, pero para niños y monta la Children's Television Workshop, que el sus siglas CTW, es lo que hemos siempre visto encima de la placa se Sesame Street.
Lesser no era un guionista, sino que era un psicólogo de la universidad de Harvard. A la propuesta que acaba de recibir le veía un desafío importante; en clase uno podía verla reacción de niño al igual que su actitud y, entonces, actuar en consecuencia, motivar su atención o, incluso, reprender su actitud. Pero la televisión no te daba ése contacto, lo que significaba que te quitaba dicha percepción y por tanto ibas a ciegas. Si a cualquier profesor de la época le hubiera preguntado "¿Qué te parecería montar un programa de televisión que alfabetizara a los niños de tal a tal edad?" pues imagínense las pegas; desde que el niño no es constante a que no llevaría deberes a casa que garantizaran la retención y el avance.
Pero, como en esas biografías que nos emocionan, Lesser y Cooney no se amilanaron y tomaron el problema precisamente por ese flanco, la constancia, o mejor dicho, la dispersión de los niños. El equipo de CTW eran conscientes de que su atención la iban a repartir, con alta probabilidad, entre dos actividades que serían juguetes y televisión. Muy posiblemente un niño no iba a estar tal cual delante de la televisión, si no que estaría zascandileando con sus juguetes, con lo que debían dar al programa un formato de consecución de historias cortas que pudieran captar durante un periodo de tiempo la atención del niño. Pero las historias debían tener significado y trama, porque sabían que el niño no iba a atender simplemente a unos muñecos coloristas que bailaran y cantaran sin ningún tipo de hilo conductor por debajo, que no son tontos.
Como están empezando a ver, Barrio Sésamo no fue producto de una idea feliz. No quiero decir con esto que no tuviera su diseño momentos de honda inspiración, pero esa honda inspiración provenía de conocimiento interiorizado que sale a la luz en intensas jornadas de trabajo. Pero volvamos al diseño de Barrio Sésamo, que sobre interiorización del conocimiento no toca hablar hoy.
Bueno, ya tenemos claro que querían alfabetizar a niños, enseñarles palabras y los números, pero ¿cómo hacemos para que retengan los conceptos que les vamos a enseñar? Miren; yo soy muy fan del cine. Y soy muy mitómano y para mí el cine es mito. Y me veo una película 10.000 veces porque me gusta y cuanto más la veo, más cosas descubro. Y encima creo que es bueno tener cierta especialización. Así cada vez que veo a los hermanos Marx descubro más cosas sobre cómo hilar el absurdo. O descubro que Toto no sólo era un gran cómico, sino que, además, era un grandísimo actor cuando no tenia línea en el guión: actuaba como contraparte en los diálogos o como tercero en las conversaciones de otros dos con una naturalidad y a la vez comicidad que se salía de todo lo que pueden ver habitualmente en actores mediocres que se limitan a asentir. Me gusta captar esos detalles y, en ocasiones, tanto que no me importa sacrificar el ver nuevas películas por volver a fijarme en las que ya conozco.
Pues bien, descubrieron que esta repetición hasta la confortabilidad era clave en la didáctica y desarrollaron un producto de sketches que se fueran repitiendo programa a programa. Podían ser animaciones o historias de personajes; muñecos con actitudes infantiles, niños reales, muñecos con caracterizaciones de adultos y adultos. En cada programa había elementos repetidos de programas anteriores y alguno nuevo que enseñaba algo distinto. O que enseñaba lo mismo pero añadiendo algo más y que posteriormente se repetiría en otro programa. El niño, entonces coreaba lo que ya sabía y predisponía la mente a algo nuevo, pero partiendo de una base segura, de algo que ya conocía. Increíble ¿no? Un programa de estudios por televisión sin exámenes pero con garantía de éxito.
¿Pero saben dónde radicaba el éxito mayor? En que el niño se llevaba los deberes fuera de casa. Se apagaba la televisión y seguía canturreando la canción que contaba del uno al doce. Es más, hoy en día seguimos acudiendo a Coco para explicarle a un adulto la diferencia entre "arriba" y "abajo" cuando le cazamos en un momento de ausencia. ¡Consiguieron que los niños se impusieran sus propios deberes! ¿Consiguieron, pues, Cooney y Lesser lo que se había propuesto?
Ahora, y como deberes para casa, piensen en lo siguiente; nosotros somos adultos y crecer es descubrir y descubrir es hacer cosas nuevas y hacer cosas nuevas implica enfrentarse a lo desconocido y cambiar el marco de pensamiento bajo el que nos regimos. Es salir de la manta confortable que nos da el manejar con consistencia lo que tenemos delante. Es perder pie. Es hacer todo aquello que leemos en las biografías que nos encantan. Biografías de gente osada como Cooney y Lesser que deciden que hay que arriesgar porque detrás de eso tan común que tenemos por garantizado hay algo más.
miércoles, 2 de junio de 2010
El diezmo
Actualmente, el diez por ciento en impuestos se ha quedado chico. Las tributaciones al Reino español y a la superestructura de Reinos europeos soprepasan muy de lejos ese porcentaje que da connotación tan negativa al legendario impuesto estamental. Personalmente me sitúo junto al argentino y liberal Carlos Rodríguez Braun en su imposible cruzada contra los impuestos.
Imposible porque el poder todo lo puede y nunca dejará de usar como arma política -con la "trampa" de la "devolución" a los menesterosos- ese siniestro y coercitivo mecanismo de dilapidación de los fondos públicos, del que se aprovechan leoninamente los recaudadores inflacionistas. Los ciudadanos, por su lado, a fuerza de ser engañados con el sonsonete de "pagar el estado del bienestar que nos hemos dado" y, por supuesto, respondiendo al estímulo del amedrentamiento, pagan religiosamente, sin rechistar y sin pedir rendimiento de cuentas, los impuestos que les impongan, por abusivos e injustos que sean, que lo son prácticamente todos. Aquella impulsiva y anecdótica llamada a la rebelión de la Presidenta de Madrid, Doña Esperanza Aguirre, ha caído en aguas de borrajas. Entre otras cosas porque su adecuada invocación supondría dejar de coger el coche a partir del próximo 1 de julio y eso no lo va a hacer nadie. Más bien, habrá mayor circulación y mayor tasa de ocupación de hoteles que, si no, al tiempo. En épocas de vacas flacas, la gente consume más en ocio, precisamente para ahogar sus penas.
Reveladoras fueron en ese sentido las declaraciones recientes de una edil socialista de un pueblo de Jaén, cuando dijo que "no es verdad que haya crisis, la gente sigue llenando los bares, hay mucha actividad y todo el mundo viaja en coche a todas partes". Hubo protesta formal de la oposición por tales palabras, que pasaron sin pena ni gloria. Sin embargo, ese vicio del pueblo llano, consistente en otorgar por callar, consumir aunque no se pueda ni tenga (hacer de la necesidad, virtud) y ver televisión basura para demostrar su ínfima preparación cultural, es lo que pone siempre a la "casta" política a la vanguardia, que no a la retaguardia. Cuanto más se les da a los políticos, más quieren. Es un simple acto reflejo de los dominadores sobre sus esclavos.
Y es un verdadero estado de esclavitud en el que nos movemos, desde los municipios hasta la Europa dirigida por Obama. En mi urbe rural andaluza existe un oligopolio de cuatro vividores, amparados por el Ayuntamiento que, en comandita con la Diputación de Cádiz, pasan al cobro recibos de impuestos que diezman a la esquilmada población. Lo gracioso es que, además de trincar ambos organismos, impiden que se les pague directamente, derivando a los usuarios, con los perjuicios ocasionados, a los entes bancarios "amigos", para que estos también se froten las manos. Pagar por pisar cacas de perros; por llevar el coche al taller constantemente ante los daños ocasionados por badenes y firmes en mal estado; por carecer de servicios municipales en tu carísima zona residencial; por aguantar suciedad, ruidos y botellonas en los parques. ¡Ah, pero eso sí!: pagar también por los ordenadores "lenovo" (IBM) más caros del mundo, que el Ayuntamiento ha comprado para gestionar sus tropelías, pagar por las moquetas, sociedades municipalizadas inútiles como el cementerio de elefantes con sueldos blindados llamado "Promoción de la ciudad"; pagar por las comilonas de varias vueltas al mundo al año (un alcalde que estuvo 25 años presumía de cenar siempre opíparamente en una de las Torres Gemelas); pagar el "canon" de una instalación deportiva, produciendo aumento insostenible de déficit; tener al Ayuntamiento en quiebra técnica, con sus lujazos, sus cochazos y sus sueldazos... Pero, cómo no: no tener para pagar la nómina de las limpiadoras y los conductores de los autobuses, mes tras mes, a menos que venga Zapatero con algún plan "e" sacado de su manga ancha y de su inmoralidad recalcitrante.
martes, 1 de junio de 2010
Estrategia, manipulación persuasión y propaganda
He de confesarles que lo acontecido ayer mismo en aguas protegidas por Israel subyace en el fondo de este humilde texto. Pero no pretendo analizar, ni juzgar ni por tanto -modesta yo- trasladarles mi opinión sobre el asunto. SG lo hará mucho mejor, sin duda, y creará la tensión necesaria para que cientos de comentarios se abalancen en justicia hacia el debate.
Pero sí estimo que Israel tiene objetivos de comunicación diferentes a los que acostumbramos los occidentales. Tal vez por eso muchos no se enteran de nada. Su público es el que es. No somos nosotros por imprescindibles que nos sintamos. Bien es cierto que sería recomendable una estrategia de comunicación israelí diseñada "ad hoc" para occidente pero... supongo que tienen cosas más urgentes a las que dedicarse como protegerse o defenderse y dirigir sus mensajes a su target.
La patrulla de la paz o la caravana de la paz, no recuerdo bien, pero así era como se autodenominaba la flotilla que provocaba a Israel ayer mismo, tratando de ¿esquivar? su férreo control sobre sus aguas. Activistas humanitarios, cooperantes de la paz, comida para Gaza... ¿han escuchado esta mañana esas etiquetas?, en la radio, en la opinión publicada, en las teles... También habrán escuchado otras como excesos, sobreactuación, guerra...
Sabemos perfectamente a quién corresponde cada una de esas etiquetas.
Si la persuasión es un rasgo esencial e indispensable de la democracia, es porque es la única manera de buscar el apoyo para una opción política o para una posición estratégica sin hacer uso de la fuerza. Si un ciudadano elige actuar siguiendo las recomendaciones de los mensajes persuasivos, es porque los acepta individualmente o internaliza la posición defendida. Es decir, los elige, es libre para elegirlos.
Pero este elemento, la libertad inherente a la persuasión, establece la enorme diferencia -aunque a menudo borrosa- entre estrategia y manipulación. Si la estrategia es un plan calculado de acción y uso de técnicas de comunicación coherentes a ese plan... éste puede ser manipulador o no.
La manipulación es un concepto que se usa con demasiada frecuncia de forma ambigua y equívoca, porque en el sentido estricto manipular significa robar a las personas su libertad de elección. Y así lo interpreto.
Distinguir entre manipulación y estrategia nos ayuda a diferenciar también entre persuasión y propaganda palabaras utilizadas a menudo como sinónimos. Propaganda es lo que se supone que se debe propagar, contar.... persuasión es, a mi juicio, el esfuerzo realizado para lograr influencia social en coincidencia con los valores generales de la sociedad o de un grupo social determinado.
Pero el término propaganda ha sido reventado desde su misma esencia. La propaganda -hoy- alimenta, desarrolla y extiende un sistema de afirmaciones falsas, mentiras dirigidas a la transformación completa de las mentes, los juicios y los valores, construyendo, así, un marco de referencia para la falsificación sistemática.
Y ahora.
Quién hace propaganda con su provocación. Quién manipula con sus lindas palabras. Quién es el público de quién. Para cuándo una estrategia de comunicación persuasiva que diga las verdades del barquero, que entienda que somos mayorcitos para enjuiciar nuestro entorno y que no ataque frontalmente a nuestra libertad para pensar, analizar y decidir.