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jueves, 23 de febrero de 2012

asociación (2)


Continuando con lo que hablábamos el jueves pasado… ayer Gaspar Llamazares escribió una tribuna en El País. Como ya venía tratando el tema, la continuidad es interesante, así que veamos un par de cosas que escribe en él.


El artículo se titula No acato, ni respeto un escándalo supremo. Ya dejó claro la VicePresidenta del gobierno que el Señor Llamazares no es el acusado ni, por tanto, el sometido a juicio. La sentencia no le aplica, con lo que no es quién debe acatarla, sino Baltasar Garzón. Pero bueno, nada de esto puede tener mayor importancia si no es para posicionarse y animar a los lectores afines a seguir su ejemplo y no acatar (cosa que tampoco es relevante que hagan los lectores afines).


Comienza su primer párrafo afirmando que El linchamiento o juicio inquisitorial a Garzón resume, como pocos, nuestros males nacionales, en este caso, las aberraciones del poder que se convierten en afrentas a la ética civil y la justicia. Nuestros males nacionales son muchos y hacer un resumen de tantos es laborioso, con lo que es complicado verlo en el enunciado de las siete primeras palabras de su artículo.
El mal nacional que yo veo más grave es el de ausencia de ética. Esta falta de ética se puede ver reflejada en un sistema de control entre los poderes que resulta cómico, cuando no desesperante. Ya hemos hablado con anterioridad del Sistema Electoral español y del hecho que, tras unas elecciones, del Poder Legislativo electo emane directamente un Ejecutivo. Si a esto juntamos que existe la disciplina de voto, no parece que el Parlamento pueda ser (que debería ser) el control fáctico y en tiempo real del Ejecutivo. La alternativa es el tiempo judicial y un poder judicial que en su más alta instancia es pactado por dicha representación parlamentaria, tampoco parece ser un elemento independiente dispuesto a evaluar con firmeza e imparcialidad.


Montesquieu


Por otro lado considero la sensación de parcialidad que se me queda de un juez que sigue ejerciendo pese a haberse presentado por un partido político a unas elecciones. Sea como sea que hayan acabado entre ellos, la parcialidad existe porque somos humanos. De igual forma hay parcialidad cuando Garzón decide vulnerar el artículo 24º de la constitución con la única "garantía" de nombrarse a sí mismo el decisor de qué se queda y qué se desecha después de haber escuchado todas las conversaciones entre abogado y acusado… conversaciones que sólo pudieron ser escuchadas pinchando teléfonos y teléfonos por los que pasan más conversaciones que las meramente relacionadas con el juicio; conversaciones matrimoniales (o extramatrimoniales), con tus hijos, padres... Éste método estaba previsto únicamente para los casos de terrorismo y, aún así, me parece peligroso hacer uso fácil de él o al menos tener una ley que lo facilite mucho sin pedir mil pruebas de la necesidad de pinchar ningún teléfono. Esas trabas protegen mi intimidad y saltarlas impunemente, lógicamente, la vulneran.


Es una cuestión de garantías reales, no surgidas por el criterio de un individuo. Estas garantías nos llegan por vivir en una democracia. Son garantías gracias a las cuáles existe la democracia. La democracia no es un ente suelto que vaga vistiendo un amplio manto con el que cubre un país de justicia. La democracia se construye con el valor que los ciudadanos aportan al mantenimiento de una situación igualitaria y garantista y mediante unas leyes que deben hacerse para proteger a esos ciudadanos (y eso que las leyes las hacen los parlamentarios y el gobierno y que el gobierno en España… bueno, ya se lo he contado antes). Las leyes, en un estado ideal, no deberían existir, ya que ciudadanos responsables deben propiciar la convivencia y el respeto. Pero al no darse esta circunstancia se requiere control y, sobre todo, control entre y a los poderes del Estado.


Si un juez, o un político, o un ministro o cualquier otro cargo público con poder real de encausar, detener, multar o impedir acciones, no lleva ímplícita la posibilidad del control sobre sus acciones, puede tirar por tierra las garantías de los ciudadanos en virtud de una decisión totalmente unilateral y sin posibilidad de réplica. En este caso nos situamos ante un escenario ya visto en la Alemania de los años 30 y 40 o en la URSS tal y como la consideraban Lenin o Stalin, cuando bastaba la acusación de alguien cercano a la autoridad para detener a cualquiera.


Para finalizar me hace gracia su segundo párrafo; (siguiendo con lo que considera "males nacionales") El primero de ellos es la soberbia y prepotencia clasista de los que se consideran todavía hoy vencedores de la guerra civil y luego también de la interpretación de la transición. Primero la dialéctica utilizada remite a lo mismo de lo que comentábamos hace una semana, sólo que entonces era Irak y hoy es "clasismo" y "Guerra Civil" (va con mayúsculas, Señor Diputado): Pam-pam… en dos golpes si no estás con mi afirmación eres un clasista y un franquista. Y en segundo lugar habría que recordarle al Señor Llamazares que la incapacitación de Garzón no le ha llegado por el caso de las fosas comunes de la Guerra Civil, sino por violar garantías esenciales de ciudadanos, encausados o no.

1 comentario:

Louella Parsons dijo...

Que un parlamentario como Llamazares hable de justicia, guerra civil, franquismo, libertad mientras defiende a Fidel Castro demuestra que la democracia es un sistema que también ampara a los idiotas permitiéndoles representar a los ciudadanos en la Cámara.

Mientras leía el párrafo del control a los poderes públicos y las garantías de los ciudadanos, me he acordado del asunto Sitel, ese método de escuchas que puso en funcionamiento Rubalcaba mientras fue Ministro del Interior mediante el cual y, según palabras de él mismo, se puede escuchar a todo el mundo.
Creo que un periódico el que sacó a la luz la existencia de este método de escuchas que se venía utilizando sin ningún tipo de regulación.

Cuando te enteras de estos escándalos, piensas en que por mucho que las leyes sean garantistas, si los que tienen el poder en sus manos carecen de ética o tienen ambiciones desmedidas, nuestra libertad o nuestros derechos están en peligro.

Cuando Garzón ilegalizó Batasuna por formar parte del entramado terrorista, el Foro Ermua le concedió el premio a la Convivencia Cívica (un premio que el FE entrega todos los años).
Cuando Zapatero llegó al poder y llevó a cabo el desdichado proceso de paz, Garzón cambió de opinión y desligó a Batasuna de ETA, llamando a estos filoterroristas “izquierda abertzale”, es decir, prevaricó. Fue difícil de digerir aquella decisión del ex juez pero ahora, y aunque haya sido por otras causas, la justicia le ha puesto en su sitio. Y me alegro.

Ah, y ¡enhorabuena al juez Grande-Marlaska!