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martes, 14 de agosto de 2012

Poder y privilegio


Dios los hace y ellos se juntan.
El que hace la ley hace la trampa.

Soy muy fan del refranero popular, sus verdades se clavan como puños.

Pequeños gestos son también muy significativos. He leído que la Presidenta del Parlamento gallego ha aprobado la construcción de un nuevo restaurante en el Palacio del Hórreo, sede de la cámara. El asunto es que el restaurante actual, que comparten periodistas, políticos y trabajadores del Parlamento, ofrece un menú de entre 6 y 8 euros y poca privacidad. Sus señorías prefieren un lugar algo más reservado y de un nivel gastronómico superior. 

A mí me gustaría que mi empresa me ofreciera un excelente y completo menú por 6 euros diarios, la verdad, y poco me importaría compartir espacio con compañeros de trabajo, pero a sus Señorías...a sus Señorías no.

Desde siempre se ha dicho que el poder envilece. Que en la medida en que se tiene mucho poder, uno tiende a corromperse en igual proporción. Esto ocurre cuando se utiliza para el beneficio personal o del grupo al que perteneces. Sin embargo, también es cierto que el poder es necesario para lograr la transformación que se requiere en una organización o en una sociedad. Sin llegar a posiciones de poder y de toma de decisiones es muy difícil que quien quiere mejorar las cosas para todos logre el objetivo. Los liderazgos son importantes precisamente por eso: porque pueden (y deben) modelar a quienes tienen a su alrededor. La gran diferencia está en el uso que se le da a determinadas prerrogativas del poder como derechos o privilegios de la persona que lo ejerce para dar rienda suelta a caprichos individuales o del grupo.

3 comentarios:

Louella Parsons dijo...

Lo de siempre, querida Tasmana, el mal o buen uso del poder.
Pero lo que me parece alucinante es que se ejerza mal sin ningún pudor o vergüenza porque lo del restaurante, en estos tiempos, es ofensivo.

¿Cómo lo justifican? También en la respuesta a esta pregunta se conoce el paño del personal que nos gobierna.

Olivia dijo...

Amén, doña Tasmania, así como al comentario de doña Louella. ¿Con qué cara nos lo cuentan?

jano dijo...

Mi querida TASMANIA:
El poder envilece y emputece a los descerebrados, que confunden hacer con placeres. Son como las putas trasladadas desde un burdel de mala muerte, con vino peleón y poca higiene, a una gran casa de citas con champagne y bidé. Así son nuestros putos políticos: descerebrados y amantes de la vida muelle.
Un saludo.