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lunes, 30 de julio de 2012

Goiabas

"Uno puede jugar a inventar significados"
John Berger. Otra manera de contar


El cielo, a esa hora imprecisa de la mañana, tenía el color gris de los espejos gastados. Hacía frío. Se había pasado toda la noche bebiendo ginebra y, cuando salió a la calle, sintió en el aire el tacto y el olor de peces muertos. Le dolía el estómago. Le dolía el hígado y tenía hambre. Comería lo que fuese, rosas enteras llenas de espinas, pero necesitaba, sobre todo, que le naciese una goiaba dulce en el fondo de la garganta, en el fondo de la amargura. Algo que le permitiese soportar los próximos e inevitables besos aceitosos del camarero de primera clase que le escribía una sola carta en cada travesía para anunciarle el día justo de su llegada, para atraparla con la promesa del suave polvo blanco que la convertía en hielo cada vez que lo aspiraba. Y corría tras él. Ya no le importaban los jabones olorosos ni las cajas de dulces que le regalaba en los primeros viajes, cuando aparecía todo preparado y pulcro en la puerta de la casa. Le gustaban esos regalos al principio, cuando aún no se pasaba las noches bebiendo, bailando y buscando clientes en los locales más lujosos de la ciudad.

Siguió al transatlántico que la arrastraba, sin remedio, hacia el muelle. En la cabeza le resonaban las palabras del camarero la primera vez que se acostaron:

Meninha, sábesme doce como me saben as goiabas.

1 comentario:

Artanis dijo...

La suma de Erotismo y Tristeza suele producir monstruos convulsos, pensamientos que requieren bisturí para su extirpación o -como mínimo daño- novelas rosas de más de seiscientas páginas.
Existe una clase de Tristeza superior... la que no busca redención. Ni comprensión. No la busca, pero puede encontrarla, a la manera en que en siglos pasados, los matasanos y carniceros de los campos de batalla usaban imanes para localizar el punto exacto en el que se alojaba la bala.
El Erotismo no ha de ser un salvavidas lleno de cemento para los que buscan un apoyo en su languidecer. Debería ser un alarido vital...