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jueves, 21 de febrero de 2013

Alexander Haig

¿Grandes actos hacen grande al hombre o grandes personalidades son los capaces de acometer grandes actos?

Mi opinión personal es que una persona preparada es capaz de enfrentarse a grandes situaciones y que esas situaciones suelen venir provocadas por gente que tiene el cargo pero no la preparación. Y es aquí donde radica la diferencia entre detentar un cargo y ejercer el cargo.

Cuando Haldeman, como Jefe de Gaabinete de Nixon, dio luz verde a la operación que desencadenaría el Watergate debió pensar que estaba preparado para dirigir una operación así. Y, ojo, que ser JdG de Nixon no era una tarea para cualquiera, pero, y en términos de consecución de éxito, involucró a demasiada gente, se tomó a la ligera la financiación y dejó que al Cuartel General demócrata fueran cinco inoperantes (hay que leerse las transcripciones de sus declaraciones ante el juez para poder medir el nivel) sobrevalorados, especialmente por ellos mismos.

Con Haldeman fuera, Nixon tenía que confiar en alguien y ese alguien es uno de mis héroes dentro de lo va más allá de la actividad política; Alexander Haig.


Les animo a que descubran a la persona, al militar y al político, pero les diré que nació en 1924 y murió en 2010, auer hizo tres años. Que estudió en West Point, en Georgetown y en Columbia yn MBA.Luchó en Korea y Vietnam. Llegó a General de cuatro estrellas lo que, básicamente, es el mayor rango en una carrera militar normal en Estados Unidos. En 1970 le nombran adjunto al Asesor en Seguridad Nacional que entonces era Henry Kissinger. Haldeman dimite en abril de 1973 y Nixon nombra a Haig Jefe de Gabinete (curiosamente el mismo recorrido en la Casa Blanca que el JdG actual, McDonough). Permanece en el puesto hasta un mes más tarde de la dimisión de Nixon y la llegada de Ford y es sustituido por Rumsfeld. Cuentan que era quién llevaba el país mientras Nixon se preocupaba por Watergate, pero esa versión nunca salió de su boca. Meses más tarde le nombran Comandante sSupremos de las fuerzas de la OTAN. Al finalizar su mando se retira del ejército y ocupa puestos en el mundo de la empresa privada hasta que en 1981 Ronald Reagan le nombra Secretario de Estado puesto en el que vivió el intento de asesinato de Reagan y diversos enfrentamientos con distintos miembros del Gabinete y de los que fueron célebres los que tuvo con el Secretario de Defensa Caspar Weinberger. Debido a la erosión por estos dimite en 1982 y en 1988 se presenta a primarias para ser Presidente, pero nunca pasa del dísgito simple en intención de voto.

No fue un hombre infalible: de oratoria enrevesada, carácter en exceso dominante y apabullador (y no los nombro como carácter negativo, pero sí complicado de conciliar) pero su nivel de dificultad, coincidirán conmigo, sobrepasa el de la media. Además pertenece a esa generación que aún se recuerda como la de los políticos senior a ambos lados del pasillo. Una época que comienza con F.D. Roosevelt y en la que Truman era su vicePresidente o, posteriormente, Johnson era el de Kennedy.

Finalmente es de ese tipo de personas de las que me digo "¿qué hubiera hecho Haig en una situación así?".

1 comentario:

Anónimo dijo...

A mi siempre me gustó Churchill. Y siempre que hay pollo Nacional, que siempre hay, me pregunto que haría y diría Churchill de Presidente o de jefe de la oposicíon en España.

Sí, hay personajes en la historia a los que a uno le hubiera gustado que le gobernaran. Saber que lleva el timón alguien muy puesto y preparado. Estar orgulloso del Captan y saber que si ocurre algo malo es por la exclusiva voluntad de Dios o porque el enemigo es grande y poderoso.

¡Coño! Es que con este ganao que nos lleva, no hace falta ni que Dios se moleste en fastidiarnos, ni nos hacen falta enemigos. Ya sabe: “Al suelo, que vienen los nuestros.”

Respecto al personaje que usted menciona sólo dicer lo siguente: Hay gente que asciende por la ladera perfectamente pero no son nunca caspaces de hacer cima.