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lunes, 7 de noviembre de 2011

control (?)


Ahora que estamos a dos semanas de conocer un nuevo Gobierno y una nueva configuración parlamentaria, déjenme que vuelva a hablar de la independencia de las tres ramas de poder y de los predicamentos de Hamilton, Locke, Rousseau y Montesquieu. 
Primero decir que tener que evocar a personajes del siglo XVIII para algo que no hemos sido capaces de hacer tampoco en el siglo XXI no deja de ser triste… al menos para mí. Paradojas de la vida reclamamos más libertad pero nos nos importa que cada día haya más leyes, más restricciones y más normas a cumplir. Y, curiosamente, los que más defienden los derechos y el avance de la sociedad, son aquellos más motivados a la hora de regular.
Segundo indicar que una paradoja mayor que la anterior radica en que quién menos control tiene de sus acciones y consecuencias de éstas son, precisamente, cada una de las ramas en las que se divide el poder. Y vuelvo sobre mi cantinela; no elegimos un gobierno, elegimos un parlamento que, en virtud de su composición, encarga a un parlamentario formar gobierno eligiendo este de forma unilateral la configuración de carteras y los ministros titulares. Es decir, sólo elegimos un legislativo que, además, por disciplina de voto, irá aceptando en la mayoría de las ocasiones el criterio de ese gobierno. ¿En crudo? Yo elijo la comparsa.
Alexander Hamilton


En estos días se cumple el 38º aniversario de la anulación del veto de Nixon a la Resolución de Poderes de Guerra de 1973. Hasta entonces el Presidente de los Estados Unidos podía realizar despliegues militares sin consultar al Congreso simplemente no declarando guerra, acción ésta para la que el Presidente sí está obligado por la Constitución a pedir permiso al Congreso. Pues bien, dada esta premisa Korea (1950-1953) y Vietnam (1965 a 1975 a nivel de escalada militar, pero ya había observadores militares desde principios de los 60) fueron conflictos en los que hubo despligue bajo el paraguas de la pacificación o la prevención. Entonces Zablocki (Demócrata de Wisconsin) introdujo un acta por el cuál el Presidente, como Comandante en Jefe del ejército, debería pedir aprobación y rendir cuentas al Congreso de cualquier despliegue estimado superior a 60 días + treinta de repliegue y retirada. Nixon dijo que nada de eso, vetó el acta y, entonces, The Hill decidió anular el veto.
Montesquieu
Y volvemos a lo de siempre; Nixon era republicano y el 93 Congreso (1973-1975) tenía 241 representantes demócratas y 192 republicanos. El Senado 56 y 42 respectivamente.
La anulación triunfó por 284 votos en el Congreso y 75 votos en el Senado. Es decir, los 2/3 requeridos, contando con votos del partido de Nixon, afirmaban que el Presidente, como institución independientemente del momento y partido que le respaldara, no podía hacer y deshacer a su antojo a nivel de intervenciones militares.




Y, de vuelta a España, ¿lo peor? Que para lo único que se habla respecto a reformar la Constitución es para que Leonor pueda ser reina aún en presencia de un hermano varón, algo además incomprensible que no estuviera ya, porque 1978 queda muy lejos en el tiempo del movimiento sufragista. Pero a los españoles nos pueden las formas antes que el ser prácticos.

4 comentarios:

Sostrato de Cnido dijo...

Muy interesante reflexión que he comentado y desarrollado algunas veces en mi blog.

El legislativo elige al resto de poderes, y ademas es un legislativo secuestrado por los partidos, con lo que en la practica el líder del partido que gana es plenipotenciario, decidiendo incluso en temas judiciales.

Tener un parlamento no es tener democracia, parlamento había en época de Franco también.

Muy interesante blog. Un abrazo

Nrq dijo...

... y no siempre es plenipotenciario cuando las minorías bastan para que una mayoría no suficiente quiera sacar adelante una ley. Las leyes deberían ganar el apoyo de los parlamentarios uno a uno

jano dijo...

Triste es, D. NRQ, tener que recordar a personajes como Montesquieu, rematado por Alfonso Guerra cuando se le recordó el espíritu de las leyes, y a John Locke/Thomas Jefferson en las revoluciones de 1688 (Inglaterra) y 1776 (América del norte).
Cuando los gobiernos no representan el interés común de los ciudadanos y se encastillan en un parlamento no elegido por los votantes, habrá que cambiar las leyes y derrocar al tirano.

Nrq dijo...

Pues mire, Mr Jano; ayer decía alguien en Twitter respecto al debaté que en las dictaduras lo único que se hace es elegir al siguiente tirano y, como bien dice Mr Sostrato, en época de Franco había un parlamento, al igual que lo hay en Cuba o lo hubo en la URSS. No me tomen por la vía fácil, no comparo esto con la URSS, pero el principal apoyo para preservar una democracia ya no puede seguir siendo hay elecciones y un parlamento. Ahora hay que buscar que las elecciones lleven a un Parlamento que sea el reflejo del voto, no la sombra de un presidente.