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jueves, 22 de diciembre de 2011

hanukkah


En el siglo III AdC Judea pertenecía al reino de la dinastía Ptolomaica. Esta dinastía tiene su origen en la conquista de Egipto por Alejandro Magno quién, al derrocar al faraón, se autoproclama él mismo faraón. Llega a Egipto tras la toma de Tiro porque los reyes y gobernantes de los alrededores ven caer Tiro y no ofrecen mayor resistencia… salvo en Gaza, ciudad que sitia Alejandro, que le costaría más de un disgusto y el 10% de las vidas de sus soldados. Abierto el camino, la helenización de Egipto es una cuestión de adaptación de los propios egipcios.


Muere Alejandro en 356 AdC y a su muerte los generales se reparten el imperio. Ptolomeo Soter se queda con Egipto y su zona de influencia originando la dinastía que llevaría su nombre en adelante.
En 200 AdC Antioco III (El Grande, también), rey sirio, derrota en la batalla de Panio a Ptolomeo V Epífanes, pasando Egipto a formar parte del Imperio Seléucida. Seleuco, el origen de la dinastía, también fue general de Alejandro, con lo que pueden ir trazando la línea del porqué de las guerras y conquistas.


En este tiempo Judea había pasado de manos Persas a manos de griegos disfrazados de egipcios y luego de sirios. El nuevo rey Antíoco quiere cambiar el estilo de vasallaje y concede a los judíos el derecho a vivir bajo sus costumbres ancestrales lo que incluye el respeto a su religión, a sus templos y en especial al Templo de Jerusalem.


Pero todo esto cambia cuando Antíoco III muere y le sucede su hijo, Antíoco IV. El nuevo rey estaba muy influído por los descendientes de Tobías, helenistas, expulsados de Siria por la facción judía más egipcia, y aquellos le convencieron de invadir Jerusalem.
Entró con un gran ejército, asesinó en masa, saqueó el Templo, (como cabía esperar) ilegalizó el judaísmo e impuso sanciones a pagar a lo largo de tres años y medio. Dado que un pergamino no iba a generar sensación de dominio suficiente, para garantizar la emisión del mensaje prohibió la circuncisión (imaginen la verificación y las sanciones), dedicó el Templo a Zeus y, para hacerlo impuro a ojos de los judíos, ordenó sacrificios de cerdos en el altar.


La afrenta es tal que los judíos se levantan en armas liderados por un sacerdote, Matatías, y sus cinco hijos, uno de ellos Judá, conocido como Yehuda HaMakabi (el Martillo) que se convertiría en el líder de la revuelta a la muerte de su padre. En 165 el templo es liberado y los seléucidas expulsados. El Templo es purificado y Judá ordena la construcción de un nuevo altar.
Templo de Jesusalem (reconstrucción digital by Camocon)


Hoy en día se celebra este acontecimiento de forma anual bajo el nombre de Hanukkah. Son 8 días de celebraciones en el que se conmemora, no sólo una liberación, sino la restitución del respeto por el principal símbolo de una cultura. La religión forma parte del patrimonio de una sociedad, porque ambas, la sociedad y la religión, están formadas por personas. Personas que se ven agredidas porque sus creencias y los lugares dónde se celebran los ritos son vulnerados. Desde turistas que levantan la voz en una catedral como si fuera un parque temático a supuestas manifestaciones culturales en iglesias en virtud de dar que hablar. Hay templos que se utilizaron para originar odios, rencores y movimientos totalmente deleznables, como la propia catedral de Florencia utilizada por Savonarola para lanzar sus actos de "purificación" de la ciudad, pero son templos y, por tanto, el hogar de la creencia, esa parte totalmente inmaterial dónde la gente va a buscar refugio más allá del alimento o una cama dónde descansar.


En muchos casos, como el del ejemplo de hoy, ese refugio supone la identidad de una comunidad. Un pueblo invadido, esclavizado, aniquilado y vuelto a levantar que ha mantenido una línea de identidad más allá de cualquier otra cultura conocida gracias a ejemplos como los del Templo, Judá, Abraham, David o Moisés. Devoción a un Dios que ha mantenido unido al pueblo y les ha identificado como tal. Aunque algunos de ellos hubieran perdido la fe, seguían siendo judíos.

6 comentarios:

Louella Parsons dijo...

Han pasado más de dos mil años y las cosas no han cambiado mucho. Los templos siguen siendo profanados y las creencias no son respetadas por algunos sectores de la sociedad.
El otro día la actriz Paz Vega se hizo unas fotos semidesnuda en una iglesia de Sevilla. Las fotos las hizo la empresa alemana Lambertz. Me pregunto por qué el reportaje no se hizo en la catedral de Colonia.
¿Cómo se van a respetar los templos si no se respetan son las creencias?

Arcadi Espada dice que blasfemar es un noble derecho y que la blasfemia es burla liviana. Para él, la divinidad es un concepto dañino. Bueno, no digo que algunos no maten por defender esa divinidad, pero de la misma forma, otros matan por acabar con los que la adoran.

En fin, ¿cómo no va a tener telarañas el anticlericalismo si viene desde la dinastía Ptolomaica?

(En la Catedral de Oviedo está prohibido pasear por dentro del templo mientras se celebra la misa. Siempre ha sido así y me parece perfecto).

Gracias por la lección de Historia, Mr, NRQ.

benjamingrullo dijo...

Si se fijan bien verán que la Januká podría perfectamente ser una analogía pro aberchale.

Nrq dijo...

No estoy de acuerdo, Mr Grullo. Antes que los musulmanes, antes que los cristianos y antes que Júpiter y Zeus estaba Yavhé y su pueblo. Un pueblo que pasó de manos, que resistió en Gaza, en Massada (igual que los numantinos y no por eso Soria es independiente), que fueron explusados de Palestina, Rusia, aniquilados en centroEuropa y que, finalmente, algunos de ellos formaron un país en el 47. Pero el judaísmo es una religión y, por tanto una cultura, no una nación. Israel es una nación y el hebreo es su lengua (que no el yiddish o el ladino, lenguas de comunidades judías en distintos países). Muchnik defendía el judaísmo como religión y como cultura, pero afirmaba que eso no les hacía menos españoles, franceses, alemanes o americanos.

Louella Parsons dijo...

Publicado en el blog de Santiago González:

Omar Jayyam dijo:
Viernes, 23 diciembre 2011 a las 11:21 am

Doña Parsons, en realidad Hannukah dura ocho días, encendiéndose una luz de la Menorah cada día. Si tienen un conocido de la fé de Moises le pueden desear un Felíz Hannukah durante toda la semana.

benjamingrullo dijo...

Don Nrq, sólo digo que la januká, la celebración de la purificación del templo de Jerusalén tras el triunfo de los judíos sobre los sirios helenizados, es un símbolo de no asimilación de resistencia de un pueblo frente a un enemigo mucho más potente, un símbolo del triunfo de la cultura judía, y la religión es el elemento primero de una cultura, sobre la helénica en la que querían asimilarles.

Este mito es una narración muy similar a la resistencia numantina, a Asterix y Obelix y su imperio romano como en este caso eran reinos en los que se dividió el imperio de Alejandro Magno. Que todo ello forma un imaginario muy similar al que alimenta a los nacionalistas vascos y los borrokas es indudable. La similitud es obvia. Esto es un dato objetivo, no estoy entrando a valorar nada.

Por un lado los judíos han inventado el humanismo que ha dado lugar a la civilización occidental y también, sin duda, hay que decir que todas las épicas colectivas copian a los judíos. Si uno presta atención al lenguaje de Arzallus verá que habla con el lenguaje del evangelio. No es de extrañar que Santiago González le llame a Ibarrulo “Juan Josué”.

*No sé qué concepto de nación está utilizando usted. Los judíos son una nación cultural, sin ninguna duda (en este sentido como lo son los gitanos), y también tienen un Estado que es Israel, que no es exactamente un Estado Nación desde el punto de vista de nación cultural porque hay un número enorme de palestinos que son israelíes.

*Algo enorme tiene que haber en su cultura y en su sistema de valores y en su visión del mundo para que tantos sabios sean judíos. Es desproporcionado el increíble número de talentos para un colectivo de unos 15 millones de personas. Yo tengo mucha curiosidad por la identidad judía. En estos momentos quizá sea lo que más me interesa.

Juante dijo...

No sé si un día como hoy es conveniente invocar lo judío, que suele emigrar por estas fechas a Miami (no me lo entiendan literal, por Dios) para esquivar al máximo lo del presunto rabino Jesús, estigmatizado por disidente, hasta el delirio más contumaz e impensable. Aunque sólo sea por eso, cederé a la provocación, contra mi voluntad.

Con el rollo judío pasa -a otro nivel- como con el genocidio armenio: que cualquiera que no comulgue con el imaginario colectivo del niño con el pijama de rayas, de la factoría Disney, es directamente fusilado al amanecer y sin juicio sumarísimo siquiera.

Miren, bienintencionadas y creyentes personas: lo judío no es ser narigudos, estar circuncidados por costumbre estética sectaria y contranatura o haberse inventado un apellido terminado en "man". Lo judío hay que verlo más bien en la posibilidad de prestar a otro "elegido divino" del club ¡a un interés "cero", simplemente por no ser "ganado" (goim)! y robar tiempo al resto de "escoria humana" (para los judíos) en forma de hipotecas. Antes de hablar, recordando constantemente al perro de Hitler en "El hundimiento", les ruego se lean detenidamente lo siguiente, de un acreditado intelectual judío:

"La invención del pueblo judío"

¡Ah, que les parece un enlace izquierdoso y, por tanto, no sospechoso de ser tan de derechas como ciertas ideas de la republicana Pilar Rahola o del pepero Gustavo de Arístegui! No hay problema. Acá va otro enlace -esta vez polaco- donde se pueden documentar al respecto, con pelos y señales (ir a "introducción" tras esto):

koreywo.com

No se dejen dominar por el miedo a lo desconocido ni a los prejuicios. Al menos, dejen de pensar que hay una casta con inteligencias superiores, hombre, que se nos van a enfadar muchos árabes, negros, chinos, japoneses, anglófilos, catalanes, cayetanos de alba, etc, y no vaya a ser que las inteligencias que no puedan presumir de judías, como las de Beethoven, Nietzsche, Claudio Abbado, Shakespeare, Leonardo Da Vinci o el venezolano Dudamel, se sientan insultadas, allá donde estén.