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lunes, 16 de enero de 2012

La condena

Estoy predestinada a la condena eterna, a no ser que, por la intercesión de los justos, gratos a su acatamiento, así como por mis compungidos golpes de pecho, accedan a conmutar la pena de daño, expulsión de su presencia, por un proplongado y metódico, aunque merecido, purgatorio.

De un golpe de vista quedarán patentes, como a la luz del día, todas mis vergüenzas ocultas. Caeré fulminada, confesando contrita la maldad intrínseca, la malicia óntica, con su infinita cantidad de accidentes cuidadosamente distinguidos, que avalan mi grado de perversidad, y en contrapartida, el alcancede su misericordia, que en nada contradice a su estricta justicia remunerativa.

He sido destinada "ab utero matris meae" a contribuir a su gloria mediante una refinada tortura, digna de alabanza por los siglos de los siglos. Amén.

Que el injusto siga cometiendo su injusticia y el manchado siga manchándose. Fuera los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras y todo el que practique la mentira.


PD: Fraga ha muerto. El Fraga reformista, populista y pelín caudillista. Azote del nacionalismo. DEP

4 comentarios:

Artanis dijo...

Coincidencias y sincronías...
Esta mañana, mientras llevaba a cabo la decisiva banalidad de hacer la compra, en un rincón del centro comercial, un libro arrinconado saltó a mis brazos al grito de "Oferta", como un japonés abandonado en una isla solitaria, gritando "Banzai" en nombre de un emperador que ya no podía oírle.

La cubierta trasera, reza así...

"Es el miedo quien te atenaza, el miedo a los hombres de acción, al desorden. Pero todo no es más que desorden, querido. ¿Por qué quieres tú poner un orden? No hay más que la acción efímera, la acción antagonista. La vida."

Moravagine, se titula este libro de Blaise Cendrairs. Más asombrosa coincidencia para mí, que por motivos de brevedad no explicaré (creo que ya me he pasado de los 139 caracteres), es la nota laudatoria de otro autor hacia este libro, en la que afirma que le deslumbró. Este autor es Henry Miller.

Nadie más pecador. Nadie, ni aún fuera éste pecador señalado por su propia madre; ni aún si la citada madre recitara, compungida, que la cura para el pecado esparcido y acumulado, sería la de haber contribuído, no por vicio ni por fornicio, a poner a cien hijos a Su Servicio...

Sostrato de Cnido dijo...

Alguna posibilidad de salvación tendrá usted, aunque sea en acto de contrición en un último momento de sublime iluminación? O ni esa esperanza se guarda para si?

Más complicado será si la verdad es que, como nos pasa a algunos, está usted orgullosa de sus pecados, entonces, en el infierno nos vemos.

Un abrazo

Louella Parsons dijo...

Condena o purgatorio, en el mejor de los casos. Qué consuelo. Me ha dado un poco de miedo su entrada, querida Tasmania, un texto con mucha fuerza que describe la lucha por la liberación. O sea, un exorcismo.

Estos gallegos siempre con su tendencia a los espíritus, meigas, conjuros, pócimas…..
Dicen que los que viven al lado del mar tienen más tendencia a la locura que los mesetarios. Cuídese, querida, de las brumas y las tormentas que son propicias para los akelarres.

Tasmania dijo...

Por fortuna hace un día espléndido querida Ms. Parsons.

Y sí, allí nos vemos Mr. Sostrato.

Ahhh... Miller, Miller...