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jueves, 18 de abril de 2013

Boston


Estaba hablando con unos compañeros del trabajo el lunes pasado y vi que entraba un correo de respuesta a otro que había enviado por la mañana a una amiga de la campaña de Brown en Boston. Dos líneas que se resumían en "todo fue bien ayer, pero ahora estamos un poco asustados con lo de la bomba".
Lo primero que me sale es contestar al correo y escribir "¿hay alguien herido?" y acto seguido a la gente que estaba conmigo pregunté ¿"Alguien sabe algo de una bomba en Boston"?

Entro en el Boston Globe y no hay acceso a la web. Entro en el NY Times y hay una noticia breve de una explosión. La prensa se mostraba cauta con la autoría, pero la meta de la maratón de Boston en el Día del Patriota... mucha coincidencia.

Pasé el resto de la noche mandando y esperando mensajes o correos. Y toda la gente que conocía estaba bien, pero no tardó alguien en comentar que uno de los heridos era amigo suyo. Hay sentimientos que en cualquier otra circunstancia pensarías que son inhumanos, pero en ese momento leer que sólo hay tres muertos ayuda mantener cierta tranquilidad.

Sea de dónde sea el terrorista que colocó la bomba, como habitualmente, intentará justificar con ideología un acto de puro sadismo entendiendo que tres le parecieron pocos. Si los terroristas no suelen conseguir lo que reivindican con sus actos, y así ha sucedido normalmente, el terrorismo no deja de ser la justificación de una forma de vida engañada con ansia de heroísmo o, en el más estúpido de los casos, una forma de llamar la atención.

Al final puedo hablar de terrorismo mil horas y escandalizarme por la barbarie y maldecir (condenar es propio de otro tipo de ciudadanos) los actos y a sus ejecutores o afirmar que una sociedad en paz es una sociedad más justa. Es más justa porque se respeta la vida ajena y la vida es lo que nos permite triunfar o fracasar siendo, en ambos casos, nosotros los que ponemos la mayor parte en ese triunfo o fracaso. Pero hay alguien que no entiende esto y quiere anterponer su triunfo a las posibilidades de los demás y entonces la sociedad no es justa. Y la sociedad no es un ente abstracto que deambula por ahí. La sociedad es lo que hacemos cada uno por el resto de nosotros.

Ahora iba a decir que si lo que aportamos es muerte pues menuda sociedad de asco, pero me lo voy a callar porque nunca es un buen momento para decir obviedades.

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