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lunes, 1 de abril de 2013

Pedradas

Leo la prensa bien entrada la mañana y recuerdo una noche, bastante reciente, una noche pavorosa, cuando a eso de las siete de la tarde, junto al mar, se desató de pronto un viento loco que fue creciendo sin parar hasta que de madrugada se convirtió en un monstruo terrible e incontrolable. Aquella bestia tumbó árboles, levantó tejados, rompió cristales y sobre todo sembró la noche de miedo y terror. Incluso hubo gente que dejó sus casas, sin saber dónde meterse, expuesta al peligro de las piedras y las tejas que pasaban volando por el aire como balas.

Cuando esta mañana leía la prensa pensaba en a algunos políticos, altos representantes del estado, banqueros.... y los imagino como uno de aquellos hombres, esperando con temor que una nueva plancha de uralita se desprenda del tejado. Son tantos los hombres dispuestos a corromperse y tantas las tentaciones que le bailan desnudas ante los ojos, que el número de corruptos puede ser infinito.

¿Quién será capaz de controlar el viento loco de la condición humana? Ese espectáculo de tantas piedras volando por el aire no es una verbena sino una desgracia para todos, incluso para los grillos que aplauden.

2 comentarios:

Artanis dijo...

Los estamentos políticos -altos, medios y bajos- tiemblan. Y, si no tiemblan ellos, sus consejeros áulicos o sus departamentos de prensa, lo hacen por ellos. Temen a esas tejas, temen al pañuelo gitano que comprobará su virginidad que ha de estar renovada cada amanecer. Temen al qué dirán, como las solteronas pilladas en la calle, fuera de hora, como en aquellas novelas y películas con aroma de naftalina española.
Y, así, no se puede hacer (casi) nada.
Ni bueno, ni malo, ni mediopensionista...

Tasmania dijo...

Querido Artanis, precisamente por eso tengo la inquietante impresión de que pronto algo ocurrirá que lo cambiará todo para siempre.