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jueves, 11 de abril de 2013

hacer bien para conseguir (y no siempre, así que imagina si no haces)

Lo que no se puede medir, no se puede seguir y lo que no se puede seguir, no sirve para nada.


En España no tenemos mucha afición por el baseball, pero el baseball tiene, aparte de mucho encanto, una “feature” que lo hace un deporte interesante más allá de lo que ocurre en el campo; las estadísticas.En este deporte hay coeficientes que te hacen un recorrido por lo que ocurre a lo largo de la presente o pasadas temporadas: coeficientes como partidos ganados, partidos perdidos, partidos en los que un jugador ha participado, veces que un jugador ha bateado en un partido (que al dividirlo por el anterior da otro coeficiente), número de carreras logradas, un coeficiente que premia los bateos valorando mejor aquellas carreras que incluyen haber pasado por más bases, otro coeficiente que mide las veces que se ha llegado a base (cualquiera), las que se ha llegado a primera base, las que se ha llegado a segunda, a tercera, los homeruns, las veces que se han robado las bases… todo esto se pone luego en relación al dinero que cuesta fichar a un jugador y da la rentabilidad del jugador, sin olvidar que el mejor momento, en media, de la vida de un jugador va de los 26 a los 31.

Escucho a los que dicen llevar estadísticas en la radio sobre el “furgol” y me hace gracia que no incluyen nada de eficiencia, sino anécdotas: "el Madrid no gana por más de dos goles vestido con la segunda equipación desde 1985" (¿¿¿???).
Y veo a profesionales que acometen enormes proyectos con el criterio de power points en fuente de tipo menor a 16 puntos y más de 15 slides basados en cosas que se basan en otras cosas basadas en algunas cosas y que ninguna de ellas deja de ser ver el viento soplando. Y entonces pienso “fracasareis, pero será otra presentación y un correo post mortem quiénes lo venderán como éxito”.

Conocí en Estados Unidos a un operativo político que había perdido en 6 campañas electorales y diré que nunca tuvo entre manos ninguna sencilla; ni de las que perdió ni de las que ganó. Jim, que así se llama, sabía perfectamente por qué se había perdido cada una de las 6 y nunca se protegió en culpas ajenas ni en la estructura mayor. Sabía, porque lo había medido y evaluado, dónde estaba el punto débil de su campaña. Lo demás ya era tocar de forma efectiva la tecla adecuada para llegar al votante. Nunca le vi una presentación de más de 10 páginas. Jim era una persona que hacía mucho, hacía con criterio y, por tanto, conseguía cosas, aunque las sacara de una derrota.

Hoy quiero defender a estos por contra de aquellos que creen que hacen mucho llenando slides o aturullando con datos vacíos y, en realidad, ni hacen ni consiguen.

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