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jueves, 20 de diciembre de 2012

sentimiento de comunidad


La semana pasada María Ramírez (@mr2157) y Eduardo Suárez (@eduardosuarez) presentaron su libro La Carrera; el lunes lo hicieron en Nueva York y el jueves en Madrid. Yo acudí a la segunda y en ella María hizo un comentario que comparto plenamente; El americano se organiza mucho más que el español en torno a las comunidades. En mi acepción en alguna ocasión me ha llevado a más de una discusión por "yankee" o "antipatriota" y es que el americano medio es mucho más solidario que el español.

No es que los españoles no lo seamos. Evidentemente hay datos como la donación de órganos, o las ayudas a la Cruz Roja ante desastres naturales, o a Cáritas en el día a día de la crisis… pero somos más de donar y escondernos tras una cuenta corriente. En Estados Unidos es una cuestión cultural e histórica. El país nació de pequeñas comunidades, empezando por el Mayflower. Ejemplos como las primeras colonias, la propia Revolución del Té, la colonización del oeste… eran comunidades que se agrupaban normalmente alrededor de una iglesia en medio de un territorio por labrar y explotar… Lo de la iglesia puede abrir mucho debate, pero es importante señalar que el protestantismo con su descentralización favorecía esa dinámica; sólo se necesitaba un predicador y unos cuantos fieles.

Todo esto se ha mezclado en el agua de un país de poco más de 200 años y ha desembocado en un continuo montar agrupaciones, congregaciones y comunidades y que ayudan a sostener barrios, pueblos y hasta industrias. No es de extrañar, por tanto, que las cooperativas estén muy extendidas en la agricultura, en la pesca, en la industria y, una muy popular, la que existe en Harvard y que ha dado como fruto una de las librerías más clásicas del país, The Coop.

Esas comunidades, asociaciones o grupos no sólo ayudan a mantener implicado a su entorno sino que son bases a las que los candidatos políticos acuden para extender su mensaje hasta tal punto que muchos de los primeros actos de las campañas son charlas en la propias casas de alguno de sus miembros quiénes, si salen convencidos, se encargarán de trabajar y promocionar al candidato que la noche antes estuvo bebiendo el café que ellos habían preparado.

El sentimiento y la necesidad de comunidad, de pertenencia, es fuerte, enormemente fuerte. Especialmente en aquellas zonas que, atajando, llamamos América profunda y, mejor o peor, han sido los motores de cada uno de sus entornos.
Es muy romántico oír hablar en medio de la vorágine de las elecciones de Grassroots, pero los Grassroots no son creaciones de las campaña, es lo que las campañas aprovechan de la implicación de sus ciudadanos.

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