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jueves, 30 de mayo de 2013

Organizaciones que funcionan

Suena a vacilada, lo sé, pero he tenido la fortuna de ir tres veces al Bulli. De la mano de Juli Soler, al que deseo desde lo más profundo toda la mejor vida y alegría que pueda acaparar nadie tras el diagnóstico de su enfermedad, pude asistir a un lugar en el que, a poco que te fijes, lo que comes es el motivo central de una organización que funciona. Y funciona como pocas organizaciones en el mundo.  Otros ejemplos, McLaren o los Bulls y Lakers de Phil Jackson; equipos de talentos completamente focalizados en el objetivo.
Adrià y Soler, como Dennis y Jackson, están o han estado al frente de organizaciones para las que la planificación, el entrenamiento y la revisión a fin de pulir detalles y llegar obsesivamente a la perfección. La perfección, como el absoluto que es, no existe, pero ninguno de ellos maneja la palabra con ligereza, sino con compromiso.


En el Bulli conocí a Pol Perelló, Ferrán Centelles, los Luises… y tras el golpe de efecto de la comida me empecé a fijar que todos ellos, junto a encargados de mesa, camareros, someliers, jefes y personal de cocina, desarrollaban una actividad precisa en la que todo estaba medido, planificado y si ocurría un contratiempo la reacción era tan precisa que parecía que la habían estado ensayando minutos antes (y puede que fuera así). Como anécdota, una noche, ya entrada la cena, un amigo especialmente locuaz miró al suelo y dijo “en un restaurante siempre pierdo dos cosas; la vergüenza y la servilleta”. En ese momento, mientras acababa la frase, la responsable de nuestra mesa le estaba deslizando una servilleta nueva a la vez que decía “lo segundo lo podemos solucionar nosotros”. Un muy buen slogan y una actitud que respondía con exceso, cualquier expectativa.

Pues bien, todo este texto para decirles que ayer estuve en un restaurante en Madrid que se llama bAravaca. Acaban de abrir y la calidad de su materia prima es fantástica. La cocina, que tiene al frente a José Fernandez Roch, espectacular y sus operaciones, tiempos, atención al cliente, actitud, eficiencia… proyectan muy buenas perspectivas.


Mientras cenaba ayer me preguntaba si organizaciones como las que hemos hablado, porque todas han tenido que empezar, tuvieron un arranque igual de determinante. No prometedor (las promesas sólo sirven para decepcionar), determinante.

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