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lunes, 13 de mayo de 2013

Regeneración tras una crisis: algo más que una bonita anécdota


Ayer leía en El País un artículo de Jordi Soler llamado “El reverso de la crisis” (http://elpais.com/elpais/2013/05/08/opinion/1368011372_041825.html) en el que Soler rememora a Orwell para hablar de cómo en Gran Bretaña, ante la escasez producida por la Segunda Guerra Mundial, los británicos acudían a nuevos (antiguos) entretenimientos como el canto, la conversación o el deporte porque todo lo que los últimos años habían aportado a la sociedad de ocio había, literalmente, despararecido. El chocolate ya no era una golosina, era un antojo, los jardines públicos se cedían para la creación de huertos y los británicos que no habían sido movilizados cultivaban en vez de ir al pub. Las comunidades funcionaban y, entre ellas, negociaban buscando dentro de lo posible un abastecimiento razonable. De nuevo las naciones sajonas mostraban la vía de la generación de comunidades para mejorar la sociedad.

El punto de Soler en su artículo radica en que esas comunidades y ese tipo de comportamiento económico surgen ahora en España con la crisis; trueque y  bancos de tiempo que se sobreponen al dinero o al mercantilismo oficial. Y concluye “La crisis, en suma, resucita cada día valores que había sepultado la bonanza económica, valores como la solidaridad, la compasión y el espíritu de sacrificio, que convendría conservar el día en que la crisis se aleje y volvamos todos a ignorar al vecino, y a mirarnos abismados el ombligo.”

Pero no es suficiente. Es andar la mitad del camino o, como ha pasado mucho en España, conformarse con el primer florecimiento. Yo tenía un profesor en la universidad llamado Vicente Donoso que me enseñó que una crisis elimina capital innecesario y obsoleto. Los británicos, tras la SGM, reconstruyeron su país yendo a levantar escombros tras trabajar (al igual que los alemanes, por cierto). Mientras rusos y americanos se disputaban la tecnología alemana para lanzar cohetes, los ingleses la aprovecharon para hacer coches y tractores y revolucionaron tanto la ingeniería como el diseño en las décadas de los 50 y 60. Tanto que aún merece la pena darse la vuelta cuando pasa un Jaguar E por la calle, por poner un ejemplo.

Querría ver qué florece en España tras esta crisis, porque si no, volveremos a lo mismo de siempre; a ser intermediarios y pegar los pelotazos más grandes en épocas de bonanza y las depresiones más devastadoras en las épocas de crisis.

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