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lunes, 19 de agosto de 2013

Arde el verano


De todos los que en la foto miran hacia nosotros, los que estábamos en el muelle, tú eres el único que no tienes la mano sobre los ojos. Siempre has mirado al sol de frente.

Es a mí a quien dirigías la vista, tratando de distinguirme a contraluz entre la masa de gente que animaba a los remeros con voces y risas... !Adelante, ya es tuyo¡ Tratando de cruzar la vista conmigo, certificando con tu sonrisa que la noche anterior no había sido un sueño. Y yo, intentando sin éxito atravesar la muralla humana, devorando la imagen de tu cuerpo, los hombros que la camiseta dejaba descubiertos, la piel de la que la mía llevaba aún la quemadura...

Aspiré, creyendo que iba a olerte, pero sólo llegó el olor del mar.

1 comentario:

jano dijo...

Verano ardiente y caluroso, para gozar y sufrir ese tiempo inclemente; ese calor que desnuda los cuerpos y moja las ropas convirtiéndolas en una segunda piel.
Calor que destila por nuestros poros la esencia de nuestro cuerpo, de nuestro ser, y perfuma el aire circundante; auténtico pebetero al servicio de nuestro instinto animal, receptor de feromonas, con la sensación salvaje de un deseo carnal.
Ardor del aire caliente, domador implacable del ardor interno, que transforma la pasión explosiva en caricia tierna, en beso cálido entre dos labios que desean juntarse para compartir su frescura; elixir de vida que lubrica el contacto de dos cuerpos amantes, con la complicidad del gozo lúbrico, señor de un instante, director de una vida en común que habrá de apagar las brasas de una pasión mientras mantiene caliente el hogar en el invierno.
Invierno vital que nos pone una coraza sobre nuestra piel ya fría y seca, arrugada, pero con un ardor más contenido, más esporádico, más auténtico.

Me ha encantado tu post, Tasmania.
Un abrazo cálido y veraniego.