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lunes, 9 de septiembre de 2013

El beso

El otro día me reencontré en twitter con esta mítica foto de Doisneau. Una fotografía hermosa, llena de sentido y de emoción. Estuve revisando la obra de este fotógrafo y me topé con alguna anécdota interesante. Verán.

Un día, cuando Robert Doisneau estaba trabajando en su taller, le advirtieron que en la sala de espera le aguardaba un hombre y una mujer que querían hablar con él de algo importante. Sin dejar la tarea que le ocupaba en aquel momento, les mandó el recado de que la importancia de lo que pretendían era, probablemente, muy grande, ya que se trataba de fantasmas, pero que él era un simple mortal y carecía de competencia para amañar cosas del otro mundo.

El célebre fotógrafo, que tuvo que soportar durante toda la vida a cientos de caraduras o curiosos que aseguraban ser los protagonistas de la foto que le hizo famoso en todo el mundo, esa pareja feliz sorprendida besándose en la calle, tenía un institnto infalible para detectar a todos los pesados que iban a visitarle con idéntica pretensión.

Cansado de esa historia, después de que tantas parejas jurasen que eran ellas las que figuraban en la fotografía, Doisenau llegó a la conclusión de que lo que ocurrió fue que por pura casualidad, o a causa de un misterio incomprensible, fotografió a un par de fantasmas.

Y pensaba yo que cuando murió, en 1994, cuando entró para siempre en esa parte nebulosa de la vida, probablemente aclaró de forma definitiva el suceso más relevante de su carrera como fotógrafo. Entonces, creo yo, debió conocer la identidad de la pareja. Seguro que eran ángeles.

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