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miércoles, 9 de marzo de 2011

caminar

De las cosas que más me gustan en el mundo está salir del Harry's Bar de Roma (bueno, lo que he hecho en el Harry's también me gusta mucho. Espíritu Churchill y mucha reverencia familiar hacia el dry martini) y bajar la Vittorio Venetto hasta la plaza del Trito. Dejando a la izquierda, según bajo, un ministerio cuya fachada no puede ser más aburrida y, luego, la embajada americana. Parando en una librería a la derecha que, sin haber indagado si es buena o no, tiene en el escaparate libros de portadas llamativas, de intensas fotografías, que acompañan una calle llena de árboles y terrazas cubiertas pertenecientes a los hoteles que se apostan en las aceras.


Una vez allí seguir por la Via delle Quattro Fontane, entrando en el palacio Barberini para ver la escalera de caracol ovalada. Indefectiblemente me siento especial cuando subo, entrando por el pasaje de carruajes que lleva hasta los jardines, por una cuesta de adoquines que te hace emerger a la parte trasera del palacio.




De vuelta a la calle, salgo y me encamino a la izquierda hasta llegar a la plaza Delle Quattro Fontane. Y aquí, déjenme que les cuente; si sigo recto por Agostino Depretis, bajo la colina de Quirinale y subo al Esquilino, dónde está Santa María la Mayor, cuya fachada no necesita más ni se mejora con menos. Es equilibrio y elegancia porque las líneas son sencillas y abusa en encanto de aquello que no tiene. Como una mujer a la que tan sólo tapa una camisa.


Pero de vuelta a la encrucijada si giro a la izquierda y avanzo por la Via 20 Settenbre encuentro la iglesia más antipática de todo Roma; Santa María de la Victoria, dónde se encuentra el Éxtasis de Santa Teresa, de Bernini. Antipática y soberbia, de horarios restringidos y propios de la ventanilla de un ministerio. Cualquier otra iglesia de Roma hace porque la gente entre y visite y ésta parece que necesite someter a los visitantes a sus designios arbitrarios.
Pero si sólo muevo un poco la cabeza hacia la derecha estoy en la Via del Quirinale y en la acera de enfrente las dos iglesias que más me gustan de toda la ciudad; Sant Carlo y Sant Andrea, de las que ya les hablé hace meses.


Ahora sólo queda decidir hacia dónde voy.

4 comentarios:

Carmen Quirós dijo...

¡Qué envidia! ¡Cuanto me gusta Roma!

Allek dijo...

Que tal! espero que estés muy bien..
después de algunos meses he regresado con un "Tornado"..
te dejo un fuerte abrazo!

Louella Parsons dijo...

Qué ganas ir a Roma!!!.
Estas notas que nos trae Mr NRQ no han hecho sino aumentar mi ansiedad por volver a visitar esta maravillosa ciudad.

Tasmania dijo...

Pues a mi, Roma aparte, me despierta la curiosidad lo que haya podido hacer Mr. N en el Harry's Bar...