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jueves, 15 de abril de 2010

De las máquinas y la libertad

¿Es la máquina nuestra esclava? ¿No sufrimos de forma indudable a causa de esa falsa relación como los magos de la antigüedad con sus androides?

Tras nuestro deseo profundamente arraigado de escapar a la fatiga del trabajo late el anhelo del Paraíso. Para el hombre de hoy el Paraíso significa no sólo la liberación del pecado, sino también del trabajo.

Cuando el hombre comió del Árbol de la Ciencia, optó por encontrar un atajo que lo condujera a la Divinidad. Intentó robar al creador el secreto divino. ¿Cuál ha sido el resultado?

Pecado, enfermedad, guerra... inquietud eterna.

No sabemos escapar a la tiranía de los monstruos útiles que hemos creado. Nos engañamos a nosotros mismos con la creencia de que, gracias a ellos , un día gozaremos del ocio y la dicha pero....

Con todas las estrellas en los cielos prodigando sus poderes de irradiación sobre nosotros, con la ayuda del sol, la luna y los planetas... ¿Cómo es que seguimos en la oscuridad y en la frustración? ¿Por qué nos agotamos tan de prisa, cuando los elementos de que estamos compuestos son indestructibles?

7 comentarios:

Patricia dijo...

Estimada Dña. Tasmania,

Ha oído usted hablar de las cebras de Sapolsky?

En su libro "Las cebras no tienen úlceras", el científico Robert Sapolsky explica que las cebras, al igual que otras criaturas no humanas, viven exactamente en el momento presente, y no se preocupan por el peligro (i.e. el león que quiere devorarlas) salvo cuando éste se encuentra frente a ellas. A diferencia de los humanos, no anticipan, preocupándose por adelantado por lo que vendrá. Tampoco se anclan en los recuerdos de experiencias pasadas, y mucho menos entran en el juego del "What if...?" que a tantos nos tortura, como si fuera posible valorar realmente lo que podría haber sido si en un momento determinado hubiéramos elegido un camino distinto (si ya lo decía mi padre: "Es inútil pensar cómo serían las cosas si no fueran como son").

Simplemente viven en el presente. No como nosotros, postergando siempre el momento de disfrutar de la vida, de esa luz de los cielos que usted menciona, para cuando nos liberemos del trabajo*, o los niños se hagan mayores, o nos asciendan (por fin!) o ...
Y cuando ese momento llegue, creemos, empezará 'la vida en serio'. Gran error: sólo traerá consigo desilusión y desencanto. Porque ése no será el fin de la desazón. Simplemente sustituiremos ese sinvivir (esa esclavitud, como usted dice) por otro nuevo.

Pero volviendo a Sapolsky, las cebras no tienen úlceras, no. Ese es -entre otros- el precio que pagamos los seres humanos por nuestra imaginación y nuestra infinita capacidad creativa. Un tema del que esta nueva nave sabe mucho y aspira a más.

Tengan ustedes una feliz singladura.

Es un placer leerles.

* Cuánto daría para hablar el tema del trabajo entendido como 'una cruz' en lugar de como una forma de crecimiento y desarrollo personal. ¡Ay, qué mal los elegimos! Otro día, si acaso.

Neo...... dijo...

El hombre tocó el árbol de la Ciencia simple y llanamente porque estaba prohibido. Todo lo prohibido causa atracción. Todo lo prohibido produce ansias de conocimiento.Después de conocerlo yo decidire si es bueno o malo.
Nadie me puede decir a mí lo que está bien o esta mal.
El hombre no se ha conformado con tocar el arbol de la Ciencia, sino que ha seguido tocando, podando e injertando el arbol del Bien y del Mal. Y lo que es peor el arbol de la Vida.

Nrq dijo...

Mi querida Taz;

no somos esclavos de las máquinas mientras hagamos a las máquinas o al menos a las máquinas capaces de hacer máquinas.

Hasta ahora no he visto a ninguna máquina que se interponga a una adversidad (y eso que windows tiene oportunidades a pelo perrero). Todo lo que planteaba Asimov era muy correcto desde un plano en el nos dejaba cierto gusto de disfrute por una buena novela, al mismo tiempo que cierto resquemor por la posibilidad de que una máquina pudiera, siquiera, anticiparse a nuestro pensamiento o deseo.

Pero anteponerse a una adversidad no es, al menos por ahora, propio de una máquina. Una máquina hará n veces lo que se le ha programado hacer y lo que otros entienden como tenacidad, yo lo entiendo como tarea.

Si ser esclavos es depender de ellas, seamos esclavos, pero esclavos hasta el momento de apagarlas. No voy a hablar del olor de los libros tema que, madre mía, el campo que da para ligar con las chicas intelectuales desde los 15 hasta los 25. Aunque a los 15 todos los chicos somos feos y a los 25 ya todos hemos empezado a buscarnos la vida con lo que es muy difícil engatusar con estos trucos a una mujer inteligente. Hablemos de lo fácil que es a las manos un libro frente a un eBook. Nosotros ya tenemos desarrollada la destreza para los libros y cambiar nos es fácil, pero preferimos lo que nos lleva a la empatía emocional.

¿Pero se imagina ahora marcando en un teléfono de disco y que funcione por pulsos y no por tonos?

Tengo el convencimiento de que a cada época le corresponde su dosis de familiaridad con el vance tecnológico correspondiente y la mente se adecúa y se familiariza a esa evolución hasta un límite de comodidad, aunque es una frontera traspasable.

Cuando el caballero sexagenario del XV vio el arcabuz pudo aprender a dispararlo o decirle a su hijo que saliera a defender al rey, que él ya estaba mayor y apuesto a que el hijo, si no le salía artista, aprendía con celeridad la pesada carga del arma. Pues ahora pasa lo mismo; vivimos con un fondo de aceptación a la tecnología muy alto. No más alto que el hijo del caballero, sólo que la tecnología está más avanzada y es la que nos ha tocado vivir

Tasmania dijo...

Oh Patricia, es genial. Comparto con usted las ganas de romper el topicazo de empleo, trabajo, satisfacción... la cruz
Y la cara.

Neo, la atracción de lo secreto, el veneno de lo desconocido...se nos mete entre la piel y nos pierde, ciertamente.

Mi amadísimo Nrq
Quién sabe lo que nos depara el futuro inminente...

What if

Lindo Gatito dijo...

(I)
Jó, me pasa lo que al conejo de Alicia. ¡Llego tarde, llego tarde!

Es que salen planteamientos aquí que son verdaderas palancas para reflexiones múltiples y consideraciones varias que, bueno, no sé si servirán para mucho, pero incitan la mar a que no se oxiden las sinapsis por falta de ejercicio.

Por ejemplo, lo de hace unos días sobre Bach y la creación musical, que para un lego como yo en lo que a fusas, corcheas y contrapuntos se refiere, es altamente instructivo, además de por las complicidades subyacentes. Se nombra a Telemann, que con un concierto de Trompetas me subyugó hasta las cartolas. A Bach, cuyo Erbarme Dich de La Pasión de San Mateo lo descubrí por vez primera (junto con la Música Masónica que les puse) en la inmensa "Il vangelo secondo Mateo" de Pasolini, también citado, amén del "Clave bien temperado" (del que recientemente he obtenido la versión canónica de Wanda Landowska), que me sirvió de no poco consuelo durante la convalecencia de un terrible accidente que tuve, que me mantuvo tres meses inmovilizado en una cama, con ambos ojos vendados, ya mero recuerdo afortunadamente muy lejano.

Y Wagner, del que no conozco demasiado pero cuya "Muerte de Sigfrido" es conmovedora.

Y la demás peña mentada, que alcanza a los rusos Tchaikowsky (no sé si lo escribo bien), Stravinsky (Su "Consagración de la Primavera" me deja patidifuso) y que yo me permito completar con uno de mis predilectos, Aram Kachaturian, que me deleita asaz.

Y hoy veo que sale a relucir Asimov, un viejo amigo y el mito del Árbol de la Ciencia de cuyas explicaciones habituales nunca me he sentido satisfecho ni identificado... hasta conocer la interpretación que de su simbología hizo el gran Lanza del Vasto y ahí me he quedado clavado para los restos, porque habla, nada más ni nada menos, que de la naturaleza humana, la de todo tiempo y lugar, no importa lo atrás que nos remontemos, no importa que lo veamos con las antiparras más modernas o futuristas, está ahí, formando parte de nuestra médula de monos desnudos con neocórtex.

¿Como os lo podría resumir, queridos amigos? Difícil es, pero ahí va un intento.

Evidentemente, el Árbol que está en medio del jardín no pertenece a ninguna clase botánica, ya que se dice que es el de "La ciencia del Bien y del Mal". O sea, el viejo TAO de dualidades polarizadas, susceptible de ser conocido por el ser humano, simbolizado por ADAM y EVA (La Humanidad y la Vida, según la nomenclatura hebrea). ¡Ojo!, sólo "ser conocido". Hacer algo más con esa Ciencia es motivo de "La Caída". ¿Por qué?

Los Libros Sagrados han sido redactados por "Profetas". Una antigua denominación de ese oficio era el de "Vates", quienes hacen "vaticinios". Y Vates se les dice también a los Poetas, vocablo tan parecido a "profetas" que alguna pista nos está siendo proporcionada.

Lindo Gatito dijo...

(II)
Allan Watts sostenía que las religiones las comienzan, precisamente, los Poetas, pero que luego quedan en manos de funcionarios y legisladores y que por eso tantos templos se asemejan a tribunales, más que a otra cosa.

Es por eso por lo que creo que sólo un poeta como Lanza del Vasto fue capaz de ver las claves metafóricas que están presentes en ese magnífico relato del Génesis, acerca del cual uno de los mayores disparates que pueden cometerse es tomarlo como una narración literal de acontecimientos, obviando sus dimensión mítica, de una rango tan elevado como las figuras del Olimpo.

Lanza observó la descripción que se hace ahí de "el Mal del Hombre": "El mal del Hombre consistió en haber comido del fruto del Árbol del conocimiento del Bien y del Mal".

Observó que el concepto "Mal" figuraba al principio y al final de la frase y le pareció que era como la típica incógnita algebraica, la famosa "X", que había que "despejar" para dar con la solución. De manera que analizó los elementos de tal "ecuación", minuciosamente.

El Mal consistió en "comer". ¿Qué es "comer"? Es morder, masticar, triturar, degradar, digerir... lo que vamos a incorporarnos para hacer que no sea más eso que es el alimento y pase a ser nosotros mismos. "Comer" es, además, matar, obviamente.

¿Pero comer, qué cosa? ¿Una fruta?. en el Génesis no se habla de "fruta", sino de "fruto". Lanza animaba a preguntarle a un banquero sobre tal concepto, en la seguridad de que nos daría una definición más exacta que un filósofo. O sea: "Utilidad y provecho que obtenemos por la explotación de un recurso", o cosa similar.

Y si lo que "comemos" es el "fruto" de todas las ramificaciones del Bien y del Mal, entonces degradaremos esa Ciencia sólo en función del Provecho, la Dominación, la Acumulación, el Poder. Queriendo hacer el Bien, haremos el Mal, como subproducto inevitable. Y eso es el "Pecado Orginal", no porque fuera cometido por unos antepasados remotos, sino que está imbuido en el origen de todos y cada uno de nosotros, pertenezcamos a la cultura, tiempo o paradigma que sea, pues eso es lo que hacemos, a diferencia de los animales, cuyo Conocimiento del Bien y del Mal se limita a los impulsos básicos del placer (el Bien), que les dirige hacia la vida, y del dolor (el Mal), que les dice que por ahí no, que está la Muerte).

En fin, Lanza lo explicaba mucho mejor y de su discurso se desprendía Toda la Historia, todas la Culturas, todas las civilizaciones, lastradas por el impulso permanente hacia "el fruto" y dejando a la belleza anclada en la contemplación que debería ser, en su vertiente filosófica y especulativa, la que, de prevalecer, nos habría mantenido quizás en El Edén, ese que al haberlo abandonado tenemos dificultades para regresar, no porque haya un "ángel con una espada de fuego" custodiándolo, que eso tampoco está en la escritura. Hay una espada famígera, sí... pero no la tiene el ángel, tal vez únicamente en función notarial de testigo de la estupidez humana.

Patricia dijo...

Estimada Tasmania,

Como le sucede a D. Lindo Gatito con el blog, hay tantos cabos apasionantes a los que agarrarse en su texto que no sabe una cuál elegir, para ver si entre todos le damos una vuelta y aprendemos (o incluso, en el mejor de los casos, resolvemos) algo.

Pero el tema de cierre, cuando ud. dice " ¿Por qué nos agotamos tan de prisa, cuando los elementos de que estamos compuestos son indestructibles? ", eso es un REGALO para el espíritu.

Llevo ya una temporada larga leyendo sobre nuestra propia capacidad de transformarnos, sobre las herramientas de que disponemos dentro de nosotros mismos para hacerlo, sobre cómo “ser nosotros mismos de la manera más brillantemente posible”, en palabras de la conocida psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross. Es asombroso (y al mismo tiempo aterrador) cómo técnicas en apariencia sencillas y elementales pueden poner a nuestro cerebro a trabajar en nuestro favor. Esto, unido a los recientes descubrimientos en bioquímica y neurociencia, que nos explican hoy cómo nuestro cerebro no es en absoluto un conjunto estanco de neuronas (como se pensaba), sino que tiene la capacidad de regenerarse, incrementar las sinapsis y -lo que es para mí más asombroso- entrenarse como cualquier otro órgano de nuestro cuerpo, configura un panorama completamente nuevo y alentador. Este concepto se ha dado en llamar plasticidad cerebral y Eduardo Punset lo explica de manera muy entretenida aquí.

Todo lo cual, evidentemente, tiene una contrapartida. Ya no vale echar la culpa a otros. Toca ponerse a trabajar. Con uno mismo, claro.

Y a modo de provocación, le contesto a su pregunta sucintamente: “Nos agotamos porque queremos” (yo la primera, no se crea).

Si le apetece, seguimos.