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jueves, 29 de abril de 2010

El arte con mayúsculas

Hoy es un día de malas noticias económicas... otra vez... una ojeada a los periódicos del día le dejan a una la sensación de que, en efecto, todo es susceptible de empeorar.

Por eso he decidido darle un respiro a mi espíritu. Ahí dentro se está bien. En paz. Ahí dentro hay armonía, serenidad, sosiego....

Mozart, el prodigio llegado a Salzburgo en 1756. La música que enciende el alma. Que apaga el dolor. Que eleva el espíritu.

Cuando en 1782, seis años después de la composición de la Serenata Haffner, recibió Mozart de Sigmund Haffner el encargo de escribir al burgomaestre de la ciudad de Salzburgo una nueva serenata para él. Mozart, que entonces vivía en Viena y tras recibir la noticia por su padre, le contestó.

"Usted no sabe lo difícil que es colocar esto en armonía -lo que es propio de los instrumnentos de viento y que al mismo tiempo no se pierda nada del efecto- Bueno pues, tendré que tomarme la noche para ello, de otra manera no puede ser -y que a usted, mi querido padre, sea sacrificio- Voy a trabajar tan rápidamente como la urgencia lo permita"

Un año más tarde, cuando Mozart vió con atención su "pieza urgente" quedó sorprendido por su calidad y decidió transformar la serenata en una sinfonía. Tachó la marcha de introducción y uno de los minúes y añadió la parte para flauta y clarinete en la parte primera y última. Por su afinación festiva pertenece ésta a las sinfonías de Mozart que con más frecuencia se interpretan.

Nació, así, la sinfonía nº 25 VPO... otra delicia para los sentidos.

Algunas dificultades con los links me han impedido incorporarlos al texto pero, por favor, no se priven... en las dos entradas anteriores encontrarán ustedes dichas piezas... Les animo a que, como he hecho yo, se den un respiro.

5 comentarios:

Patricia dijo...

"Por eso he decidido darle un respiro a mi espíritu. Ahí dentro se está bien. En paz. Ahí dentro hay armonía, serenidad, sosiego...."

Hermoso regalo, Doña Tasmania.

Muchas gracias.

Mesala Gongo dijo...

Después de escuchar la pieza urgente, que alivia los sentidos y suaviza el ánimo, paso a hacer, por necesidad una pequeña reflexión.

Cuando Zapatero habló del viento,seguro que pensaba en la lírica de Sonsoles, y lo que suponía colocar en armonía la situación española.

Tenía como Mozart, el encargo de la sociedad española de construir una Pieza Urgente.

Lamentablemente pensó en el viento,pero a la hora de componer, utilizó instrumentos de Percusión.

Ni siquiera parecida a la 5º de Beethoven, o a alguna de Karajan, la pieza era lo más parecido a una marcha Militar.

Esperemos que pronto la cuerda y el viento, acompañen su escaso oido y Sonsoles se lo acostumbre por bien de una armoniosa convivencia.

Tasmania dijo...

Mis queridísimos amigos y tripulantes de esta humilde zódiac.

Las piezas urgentes pueden llegar a ser tan hermosas que se reinventan como sinfonías....

Así lo hizo Mozart y así podemos hacerlo nosotros mismos.

El viento, y el aire, y el agua y el fuego... todo podría ser armonía.

Patricia dijo...

"En lo más profundo del invierno, al fin aprendí que dentro de mí hay un verano invencible."
Albert Camus

Buenas noches a todos.

Nrq dijo...

Beethoven ha sido desde siempre el compositor que, por un motivo u otro, siempre me ha impactado más.
De pequeño mucho, por su vida, su imagen, la 5ª (mis abuelas cumplían con la figura de entusiastas que sentaban a sus nietos a escuchar música), la sordera, la melena, la cara de cabreo... hasta tal punto que nunca entendí el éxito de Miguel Ríos. Lógicamente con la edad (y es que uno, que no Don Uno, ya cabalga hacia edades de extremo atractivo e interés) el sentimiento hacia lo que hizo el de Granada se ha convertido en rechazo frontal.

Pero tengo algo que agradecer, y mucho, a una persona en concreto que fue a José Luís, un gran amigo al que hace tiempo que no veo, que me descubrió un paso más allá con los últimos cuartetos de cuerda. Compré en seguida una caja de 3 CDs por el cuarteto Lasalle y les puedo decir que ha sido uno de los discos que me ha acompañado siempre allí dónde he ido. Si el otro día hablaba en la argos de música para doblar esquinas, los cuartetos son, sin duda, la compañía para toda una vida. Una composición de esas que cuánto más la escuchas más consciente eres de los matices, más descubres lo que el tío Ludwig puso en ellos y más vuelcas tu interés en seguir profundizando en ellos. Por decirlo de alguna manera suponen para mí la equivalente musical de lo que es ir cumpliendo años.