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viernes, 16 de abril de 2010

Mentor

Mentor, hijo de Alcimo, fue, según narra Homero en la Odisea, el hombre de confianza de Ulises y, como tal, éste le dejo a su hijo Telémaco a su cuidado cuando partió a Troya a defender los intereses de un rey extranjero.


Mentor tuteló y educó a Telémaco durante la ausencia de Ulises y, hasta tal punto se convirtió en un referente de la confianza, que Atenea tomó su forma para acompañar a Telémaco a buscar a su padre. Observen que no se reveló como la diosa que era, sino que adoptó la forma de alguien en quién el chaval confiaba a ciegas y que nunca dudaría de seguir sus pasos.


En el mundo que nos movemos nos sobran los referentes y estamos en déficit de consejo. Miles de imágenes, virtuales (contactos en redes sociales), mediáticas (personajes en prime-time) o reales (jefes, superiores y gobernantes o potenciales gobernantes) parece que nos quieren guiar en un camino que ni siquiera tiene por qué ser el nuestro.


No quiero decir que todos, que cada uno (que no Mr Uno, que también) se sienta libre de indagar en su interior, necesitemos un guía, una imagen real o ficticia en quién apoyarnos porque vivió con anterioridad lo que nosotros vivimos en el momento actual. Alguien que sepa mirar más allá del acto de hoy, de la previsión de mañana y de la esperanza del próximo lunes y que nos diga si el terreno que hemos escogido es sólido o no y cómo podríamos mejorar nuestro caminar. Ojo, si es sólido, no si es el terreno que deberíamos escoger.


Desde mi punto de vista se trata de buscar esa imagen y sobre todo de buscarla en alguien que reúna dos características; sea leal y se la haya pegado con anterioridad; que haya errado, visto y seguido. Alguien (una figura o varias, que se pueden diversificar las características) que enseñe prudencia a la hora de decidir, justicia para dar en función de la necesidad real, templanza como para liderarse a sí mismo (aunque necesite a un mentor) y fortaleza para exigir pero con paciencia para saber verlo crecer.


¿Saber transmitir y educar desde la lealtad a la paciencia? Argos, el perro de Ulises, murió tras reconocer a su dueño a la vuelta de un largo viaje, mostrando con ese hecho el fin de un camino de permanencia.

2 comentarios:

Patricia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Patricia dijo...

Aprender.

Enseñar.

Educar.

Se pregunta ud., D. NRQ, cómo educar desde la lealtad a la paciencia. Se pregunta tb, en otra entrada, qué nos faltó de pequeños para entender lo que es aprender y aprehender el conocimiento. La lista de carencias puede ser interminable y personalizable para cada uno. Nos pudo faltar inquietud, curiosidad, inspiración, disciplina, visión de futuro, comprensión, dedicación, opciones donde elegir, posibilidades materiales, tiempo, etc. Como dicen los ingleses: “Choose the one that fits the most”.

Yo soy afortunada. Tuve una buena educación. Comprensión de la importancia. Disciplina del esfuerzo. Referentes donde mirar. Criterio. Todo ello me asentó en el mundo de manera aparentemente sólida. Cabal.

Pero me faltó algo fundamental: Levantar la vista. Mirar más allá. Desarrollar un espíritu crítico.

Raíces y alas.

La ventaja de esta tarea del aprendizaje es que nunca termina. Así que en ello estamos.