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viernes, 14 de mayo de 2010

Sesión de Tarde


Una frase de mi abuela (para mí, no duden, una de las grandes frases de la historia) es que el sentido del humor requiere inteligencia y si no tienes sentido del humor, es que no eres inteligente. Se lo hayan imaginado o no, les contaré que la frase me la dijo de pequeño y desde entonces me ha estado persiguiendo, sobre todo por lo del lado de la autoCrítica a mi capacidad.

Pero llegó un momento en que sentí la sospecha de que podía sentirme liberado de preocupaciones. También de pequeño, veíamos en casa películas de los Hermanos Marx. Como nota adicional les diré que en mi casa hemos sido siempre pelo mitómanos. Mi hermano y yo hemos podido ver decenas de veces Scaramouche, El Prisionero de Zenda y La Carrera del Siglo. O Arde París hasta tal punto que la primera visita que hicimos con mis padres a esta ciudad íbamos recuperando las imágenes de la resistencia en la Prefectura, la de los dos chavales que suben a la estatua de CarloMagno frente a Notre Dame y desde allí lanzan un Molotov a un Panzer o, por supuesto, el asalto al Hotel Meurice.

Eso sí, si en algún momento hemos visto y re-visto películas como maníacos, éstas fueron las de los Hermanos Marx. Los sábados al mediodía, cuando la Sesión de Tarde ponía una de los neoyorkinos... bueno, ya podíamos tener finales de junio que de ahí no nos levantaba nadie. Ni a mi hermano ni a mí, ni tampoco a mis padres.
Cuando llegó el "Sanyo Beta" (Betamax era de Sony) a casa, mi padre consiguió Una Noche en la Ópera, Un día en las Carreras, Una tarde en el Circo y Sopa de Ganso. Luego llegaron Los Hermanos Marx en Casablanca (por favor, lean la carta de Groucho a los hermanos Warner por disputas de plagio en el título. Llorarán de Risa), En el Oeste y Amor en Conserva. Incluso un verano, inopinadamente, El Hotel de los Líos. Pueden imaginarse el estado de las cintas justo antes de la aparición del DVD.

A fuerza de verlas y de pensarlas hay tres ejemplos que, para mí, han llegado a definir el humor inteligente como pocas cosas. El primero se encuentra en Una Noche en la Ópera y es justo después del diálogo de las "partes contratantes". Groucho le dice a Chico, con un jirón de papel en la mano, que le firme lo que han acordado y Chico le responde "lo siento, pero no sé escribir" a lo que Groucho le contesta, "No se preocupe. Mi pluma tampoco tiene tinta"

El segundo es poco antes cuando el tenor soberbio (que no soberbio tenor) Lasparri, vestido con la giubba del Pagliacci, ha Golpeado a Harpo delante de Groucho. Éste se le queda enfrentado con lo que Lasparri le pregunta, "Y usted qué mira". Entonces Groucho le espeta "Me estaba preguntando cómo duerme usted boca abajo con esos botones en la chaqueta del pijama"

El último ejemplo está en Un día en las Carreras. En la película Groucho es un veterinario al que una hipocondríaca Margaret Dumont tiene por un gran médico. Dumont impone a la clínica, dónde está buscando curarse de nada, que si quieren su apoyo económico han de contratar a Groucho como director médico. Las clínica, en graves apuros financieros, reclama a Groucho y éste acude. La dueña y su ayudante, Chico, le insisten en que sea amable con la enferma porque su futuro depende de ella. Así que, en un arrebato de compromiso con la clínica, Groucho acude a la recepcionista y le dice "Llame a la floristería y encargue dos docenas de rosas. Que pongan te adoro Emily al dorso de la factura"

Pues bien, todas estas escenas están basadas en interpretar las situaciones desde la ironía y el sarcasmo, alguna de forma divertidamente cruel. Así encontramos, en el primer caso, una actitud de superación de obstáculos en la que no importa qué se ponga por delante; si mi objetivo es uno, toda dificultad es absurda. El segundo es una demostración magistral de las páginas del Arte de la Guerra en las que se habla de cómo hacer que el enemigo pierda los estribos. El tercero… bueno el tercero es la quintaesencia de la juventud de los Marx tan bien narrada en Groucho y Yo: Pura supervivencia.

Me sentí aliviado porque fuera inteligente o no, los Marx me hacían pasar momentos geniales una y otra vez. No importaba si era la primera o la decimosexta vez que veía una escena, porque me quedaba totalmente maravillado ante tal despliegue de recursos. Pero al mismo tiempo sentí una creciente desazón de si algún día podría llegar a tomarme ciertas tensiones de la vida con esa soltura de miras, con esa cantidad de recursos y, sobre todo, con esa visión tan liberada de las cosas.

Qué quieren que les diga; de ellos he aprendido una técnica fundamental para aliviar tensión y relativizar problemas. Hasta tal punto que, cuando no los enfoco bien, de las primeras cosas que pienso es en lo airoso que cualquiera de ellos habría salido de una situación similar (y con alguna colleja impartida a algún incauto).

6 comentarios:

Juante dijo...

Plenamente de acuerdo. Los americanos son los reyes de la comedia. Los europeos, del drama. Para los americanos, el cine es circo, para los europeos, documentalismo.

Ahora bien, en el humor como sarcasmo, hay variantes. Me gané una colleja en el blog de SG por manifestarme "no defensor" de las ironías de Les Luthiers. Y eso que no he hablado aún de los Gomaespuma, los más saboríos del orbe, pero que están ahí.

Para atajar los asuntos, ¿qué hacemos los pesimistas?. Yo me vuelvo portugués y sólo se me ocurre meterme el adagio de la octava de Bruckner. Pero, más allá de la ironía y el sarcasmo, comprendo que, lo mejor en esta vida, cuando uno se enfrenta a un o una marrajo o marraja es una contestación rauda y lacerante -con la soltura de los Marx- más -si cabe- una buena fumigación.

Tasmania dijo...

El sentido del humor es, a mi juicio, una posición talentosa ante la vida

El humor, el buen humor, produce endorfinas, baja el nivel de tensión, contribuye a que aflore lo mejor, lo más brillante de uno mismo y para colmo, resulta un buen aliado para el aprendizaje.

Y es gratis....

Nrq dijo...

uy, gratis...

hace falta mucho tiempo y dedicación. Mucha vivencia y mucho golpe para desarrollar un sentido del humor que te permita ver las cosas con suficiente desapego.
Y mucha valentía, en ocasiones. Eso es lo que le da el barniz final de fumigación que comenta Mr Juante

Juante dijo...

Creo que lo ha pillado estupendamente, D. Nrq. Contra viento y marea, siempre hay que mostrar sentido del humor. Hoy me decía un colega: "¿qué, ahora entraremos cinco minutos después y saldremos cinco minutos antes, no?". Bueno, no está mal. Más vale reír que llorar, incluso cuando alguien te mete una puñalada por la espalda. Hay que reír y reírse de una vida tan risible. Por el momento, me quedo con el sentido fino del humor que tiene Boadella, con el que tan bien fumiga al Venerable y a todo lo que le rodea, que le parece "infumable". Aunque los Hermanos Marx son una de mis debilidades, no se crea.

Tasmania dijo...

Sí sí N, es cierto que hay que esforzarse -y mucho- para hilar bien el sentido del humor pero cuando digo que es gratis me refiero a que no cuesta dinero.

¿Esfuerzo?
Si uno quiere hacer algo bien todo esfuerzo será poco pero... ¿y la recompensa?

Podría señalarte más cosas gratis que requieren gran esfuerzo

El sexo

La satisfacción del trabajo bien hecho

Hacer pis cuando llevas aguantando una hora....

Bueno, no me lo tomen a mal, lo escatológico digo...

Nrq dijo...

Tasmania;

cualquiera de las cosas que ha nombrado, empezando por el sentido del humor y sin perder de vista el control de los esfínteres, es lo que nos hace más personas