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miércoles, 23 de febrero de 2011

Coleccionistas de experiencias






Tanto ha trabajado la humanidad que, finalmente, el trabajo es cada vez menos necesario. El trabajo acumulado nos libera del trabajo presente. Somos los rentistas de la historia.

La sociedad de trabajadores ha dado paso a la sociedad de consumidores cambiando con ello no sólo gran parte de las reglas del juego social sino también la psicología y la postura vital de los ciudadanos, cuyo sistema de valores se ha deslizado desde la ética del trabajo hacia la estética del consumo.

Sé que les he hablado de esta cuestión en otras ocasiones pero es algo que vuelve una y otra vez en mis conversaciones con amigos, colegas, familiares. Debí haber nacido hace un siglo. Sólo valgo para currar, me digo.

Si la vida, en la ética del trabajo, se justificaba por un trabajo bien llevado a cabo con el que se pretendía alcanzar unos fines que daban orientación a lo que se hacía y justificaban tanto el esfuerzo como la demora de las satisfacciones, en la estética del consumo la vida se justifica por la cantidad de experiencias placenteras que se acumulan.

Cuentan los derechos por disfrutar y no las obligaciones por cumplir.

El consumidor vive al acecho de las oportunidades que un inmenso bazar le frece. Las mayores realizaciones vitales tienen que ver con la captura y consumo de las mismas. Vivimos en una sociedad de coleccionistas de experiencias.


6 comentarios:

Juante dijo...

Y, sin embargo, "libertad" es hacer lo debido y no lo querido.

Juante dijo...

Lo de las experiencias lo venden ya en el Corte. Lo digo por si alguien no estaba avisado.

Artanis dijo...

"Las mayores realizaciones vitales tienen que ver con la captura y consumo de las mismas. Vivimos en una sociedad de coleccionistas de experiencias."

Tengo la sensación de que esto -que suena menos trágico que el anterior "solo valgo para currar"- se acerca más a las vidas de casi todos los que compartimos travesía. Podemos añadir el clásico "¿comparado con quién?" y sacar a relucir países de mayor o menor desarrollo, en los que Internet, el gimnasio o las dietas (de comer y de gastar) son elementos de relatos fantásticos o de fantasías cuasisexuales.

Pero esas experiencias capturadas son parte de nuestro ciclo alimenticio. Nos dan fuerza, cuando las digerimos, cuando las metabolizamos y dominamos las inclemencias emotivas a las que, a veces, nos someten. Un pequeño paso para la Humanidad... grande para nosotros, cuando rompemos barreras, tabúes, apetitos domeñados, acertamos la Primitiva o completamos un puzzle de un millar de piezas.

¿Se les ha atascado algo?

Repósenlo. Pero no digan "de este agua no beberé", porque se estarán mintiendo a vds. mismos.

* ¿Palabra clave "cocring"? No sé si hay alguien muy obsceno o con un nivel de inglés de joninglis en esta nao. ¿O será azar? ¿O azahar?

Tasmania dijo...

Pues verán, en estos reinos del "aquí y ahora" "aquí te pillo aquí te mato" las tarjetas de crédito sustituyen a las cuentas de ahorro, y los deseos recién apaciguados alimentan nuevos deseos, dando pie a una eterna cadena de pulsiones que, apenas satisfechas, renacen demostrando que los límites de la libido freudiana son amplios, qué digo, amplísimos.

José Antonio del Pozo dijo...

El consumo está bien, es una conquista histórica, en mi opinión. Ahora bien el consumismo acaba por apelar a un hedonismo de baja estofa que deriva en una psiquis dominante y global de niños mimados malencarados y perpetuamente insatisfechos, como se ve en el carrousel de continuas retransmisiones de acontecimientos listas para ser devoradas y el inevitable sopor que generan... hasta la próxima, y como el sopor es cada vez mayor cada vez la carnaza ha de ser más suculenta: realitys.
Saludos blogueros

Juante dijo...

Saludos, José Antonio.

Plenamente de acuerdo con lo que expones.Se hace mucha revisión últimamente con la milonga de la memoria histórica, que interesa a la progresía para establecer agravios comparativos de un pasado supuestamente gris e indeseable con respecto a un futuro siempre prometedor y colmado de cosas tecnológicas y guays que nos haga sentir como auténticos peterpanes.

Sin embargo, todos sabemos lo insatisfechos que nos hacen vivir. No estamos hoy mejor que ayer. Incluso en el 81 se era más inmensamente feliz: no habían tantos chismes, pero lo natural que era todo, hasta la comunicación humana, no se puede comparar con hoy. En el 82 fue cuando precisamente se empezó a estropear todo por pura aceleración artificiosa. Pero me temo que no harán conmemoración de tal.