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domingo, 20 de febrero de 2011

sí, ministro

Esta mañana me he levantado y, cual zombie, he ido a la TV.
Canal, canal, canal, canal, canal, canal, canal, canal, canal, canal, canal, canal, canal, canal, canal… canal y, en uno de ellos, "Sí, Primer Ministro". Una serie británica de los años 80, cuando la TV tenía menos canales, pero TVE y Telemadrid se preocupaban de cierta calidad al meter series espectaculares; desde "Canción triste de Hill Street" a "Tattinger's", "Max Headroom", "el autoestopista", "Allo, Allo"… (la tardes de lunes a viernes estaban pobladas de sitComs) o "Sí, Ministro" a la que siguió "Sí, Primer Ministro"

En estas últimas, ante un cambio de partido en el gobierno, llega un nuevo titular, Jim Hacker (Paul Eddington), al ministerio de Asuntos Administrativos, una cartera que es responsable de, entre otras cosas, los sueldos de la administración. En dicho ministerio tiene como Secretario Permanente a Humphrey Appleby (Nigel Hawthorne) y su Secretario Privado Bernard Wooley (Derek Fowlds). La trama gira, a lo largo de los capítulos, en torno a un motivo principal; los esfuerzos por parte de Appleby de mantener su status a toda costa, sobrevivir y estar ahí a lo largo de los gobiernos, sin atender a qué partido los lleva a cabo. Para ello, como pueden imaginar, se dedicará a ocultar, hablar de procedimientos demasiado técnicos y buscar la extenuación del ministro y así lograr que deje en sus manos la parte del ministerio que le permita seguir en su puesto.



Pero este ministro, no es tonto y tiene mucha resistencia a la frustración, lo que da situaciones verdaderamente divertidas motivadas, en gran medida, por la tensión entre ambos y cómo  Wooley báscula entre uno y otro en función, también, de sus propios intereses.

En un capítulo el ministro le dice a Appleby lo siguiente "En la industria privada, si yo meto la pata, yo me voy a la calle. En el gobierno, si usted mete la pata, yo me voy a la calle"

¡Qué distintos los 80, Reino Unido o ambos a la vez! Hoy en día si el secretario mete la pata, el ministro se aisla de su conexión con él y todo es sacrificable, menos el puesto.

3 comentarios:

Louella Parsons dijo...

Antes la política era un fin noble. Ahora es un empleo, un sueldo, un status....¿quién piensa en la dignidad, en el respeto a un país, en la honradez....cuando tienes una pensión vitalicia esperándote?

(Buenísima la Canción Triste de Hill Street)

Nrq dijo...

¿usted cree Ms Parsons?

Ayer hablaba en familia de cómo son nuestros políticos respecto a los del resto de países. Hablábamos de los nuestros y de cómo eran reflejados en prensa y, si bien, parece que los alemanes, británicos y franceses están más preparados, su prensa no les trata mejor.
No puedo aseverarlo, pero la tenemos más en estima políticas y políticos de otros tiempos o de otros países porque no convivimos con ellos.

No obstante parece ser que otros países tienen políticos de más nivel y por eso envidio, por ejemplo, a los alemanes por Merkel y por Helmut Schmidt, cancilleres con un pasado cierto y con una trascendencia más allá de la política.

Tasmania dijo...

Hoy, la política es el arte del desprestigio..¿O era del funambulismo.