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miércoles, 9 de febrero de 2011

Tiempos ¿modernos?

En 1919, cuando aún tenía vigencia la palabra, Max Weber, el pensador que quizá -y a mi juicio- más ha estudiado las religiones y su influencia en la sociedad, pronunció en Múnich una conferencia titulada "De la vocación de la ciencia".

En ella intentó responder a la pregunta de cómo es posible dotar de sentido la vida más allá de la civilización racionalizada en la que nos adentramos. En la misma, como han hecho todos los auténticos pensadores, pone límites a las capacidades de la ciencia y arremete contra los "profetas ex cátedra" que, ante la falta de misterio del mundo, ya desencantado por la racionalización, pretenden racionalizar aún más, incluyendo en el proceso los últimos reductos que han quedado: la persona y la libertad.

Cien años después yo reclamo a Weber. Reclamo mi derecho a vivir el misterio de la vida, de la fe, de la libertad y del individuo.

3 comentarios:

Juante dijo...

¡Ah, mi querida amiga! ¿Por qué habrán convertido en utopía lo más inmediato al ser humano? ¿No será que una ignota forma de fascismo, hasta ahora delicuescente y entreverada, se acaba de revelar como el único posibilismo progre -y, por tanto, global hasta para cierta derecha snob de rabiosa izquierda- que ilumina a las atribuladas hordas que, absortas y bobas, asisten a admirar el "P-soeZ" relevo de Alicia en el país de las maravillas por Aurora Cedenilla?

¿No será que ha vuelto el 68 en una suerte de metamorfosis a lo Sortu?

José Antonio del Pozo dijo...

Pues me parece muy oportuno reivindicar ahora mismo a Weber, por lo que subsiste en él de honestidad intelectal y moral, por su en el fondo apelación moral a no dejarse llevar ni por determinismos metodológicos ni por totalitarismos aparentemente benéficos, porque supo entrever siempre la superior dimensión ética de la libertad y de la conciencia individual a los cantos de sirena de los determinismos que en aras de los resultados sacrifican los derechos y Weber entendía que no podemos ser gobernados como una manada de borregos,en lo que abundan también las profundas interrogantes, creo, que planeta Juante.
(Me encanta vuestro blog, y soy seguidor, y me gustaría que también siguiérais el mío)
Saludos

Louella Parsons dijo...

Por supuesto que yo también reclamo esos derechos inalienables.

Lo comenté hace poco en esta zodiac, querida Tasmania pero creo que viene de nuevo al caso:

Decía Viktor Frankl que al hombre se le puede arrebatar todo salvo la última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias.

Y la conciencia del misterio de la vida, de su trascendencia, de nuestra individualidad....