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sábado, 26 de febrero de 2011

Dulce de membrillo


Al describir al Caballero Andante, Cervantes dice: "El Caballero Andante explora todos los rincones del mundo, entra en los laberintos más complicados realiza lo imposible a cada paso, soporta los terribles rayos del sol en desiertos deshabitados, la inclemencia del viento y el hielo en invierno; los leones nos pueden acobardarlo ni los demonios atemorizarlo, pues buscar el ataque y vencerlo es la misión de su vida y su deber"





Es curioso lo que el memo y el miedoso tienen en común con el Caballero Andante. El memo cree pese a todo, cree frente a lo imposible. El miedoso arrostra todos los peligros, corre todos los riesgos, no teme nada, absolutamente nada, excepto la pérdida de aquello que se esfuerza, impotente, en retener.

Si algo hay que merezca el calificativo de milagroso ¿no es el amor? ¿Qué otro poder, qué otra fuerza misteriosa existe que pueda infundir a la vida esplendor tan innegable?


4 comentarios:

Louella Parsons dijo...

Pues yo creo que ninguna, querida Tasmania, ninguna da a la vida tanto esplendor y luminosidad.

Pero no entiendo muy bien la definición que hace de miedoso a no ser que se refiera a que quién tiene miedo a una sola cosa, no tiene miedo a las demás.

Juante dijo...

Lo malo, querida, es que el miedoso se empeñe estúpidamente en retener al memo. Como los apañoles -que se cagan por ir a más de 110- hacen con con su zapaterito.

Y sí, el amor es un milagro. Que practican determinadas monjitas de la caridad.

Tasmania dijo...

Oh vamos Juante.... no, no te creo.

Juante dijo...

Pues yo llevo varios lustros queriendo... amiga Tasmania. Queriendo que me acompañen a la ópera, a la playa y de viaje. Algo tan simple. Y no lo consigo, aunque sea con amor... al amor.