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lunes, 14 de febrero de 2011

sentencias

Volviendo sobre eventos ocurridos el 12 de febrero, en dicha fecha de 1804 moría Immanuel Kant en la misma ciudad de la que sólo salió una vez; Königsberg. Cuando Kant vivía era prusiana. Posteriormente pasó a manos polacas y actualmente pertenece a Rusia bajo el nombre de Kaliningrado: pese a ser un bonito periplo para alguien que no ha salido nunca de su ciudad, Kant siempre será recordado como alemán, en detrimento de su condición prusiana de la que, sin duda, hizo gala al ser un hombre extremadamente metódico y puntual; sus conciudadanos ponían sus relojes en hora al paso del filósofo, independientemente de lo que el mecanismo del ayuntamiento pudiera anunciar.


Al grano y conforme al lenguaje y al conocimiento:


Kant distinguía entre proposiciones analíticas y sintéticas:
La analítica es una proposición cuyo predicado es inherente al concepto del sujeto, por ejemplo, "Todos los bebés son pequeños"
En cambio la proposición sintética es una proposición cuyo predicado no está contenido en el concepto del sujeto: "Todos los bebés son gorditos".
Las analíticas son verdaderas por la propia naturaleza del significado de las palabras implicadas en la frase y no requieren ningún conocimiento más allá de una comprensión de la lengua para entender esta propuesta. Vamos, entendimiento.


Pero los enunciados sintéticos son los que nos dicen algo sobre el mundo. Su veracidad o falsedad se deriva de algo que está fuera de su contenido lingüístico. Aunque el concepto asociado a un bebé es la salud y ello se refleje en lo rollizos que puedan ser, no todos los bebés lo son.


Ahora observen el lenguaje de periodistas y políticos. O de sus familiares y amigos. Observen si sus afirmaciones no puscan ser analíticas cuando en realidad son sintéticas. Último ejemplo; ayer nuestro Presidente dijo que "para ganar unas elecciones hay que merecerlo". Parece analítica, ¿verdad? Pues es sintética. Para ganar unas elecciones hay que conseguir más votos que el rival o los rivales. Merecerlo puede venir determinado porque tu campaña de marketing sea más efectiva, aunque el sentido de la frase busque un posicionamiento moral.


Sé que es una explicación muy liviana para tanto como encierra, pero la reflexión busca más otro sentido: no se fijen en que es Zapatero, esto no es lo importante. Miren a su alrededor cómo les intentan meter mensajes y qué pueden sacar de certeza o falacia de ellos.

5 comentarios:

churruca dijo...

"El que piensa pierde". Se lo dije el otro día y lo repito: se trata de que los ciudadanos tomen la decisión tan poco reflexivamente como sea posible. El que hace pensar a los ciudadanos, pierde. O limita mucho sus posibilidades de ganar. En este contexto, es lógico que los eslóganes adopten la forma de proposiciones analíticas, porque en ningún caso están encaminados a suscitar en el oyente reflexión alguna sino puro sentimiento.


Que los ciudadanos voten con el corazón o con las tripas, o con los pies si es preciso, pero que sea a mí.

Nrq dijo...

Pero lo extraño (por catalogarlo) es que esas proposiciones no analíticas, pero con apariencia, se discuten en debates y tertulias por parte de la prensa y cuando alguien pone cota en sentido, "esto es una falacia", lo hace para decir una falacia mayor.

No hay razonamientos, hay compulsiones.

churruca dijo...

Desengáñese D. Nrq. En España razonar es un actividad sospechosa y que está muy mal vista. Es triste constatarlo, pero somos un país de energúmenos que llamamos discutir a lo que no es más arrojarse prejuicios a la cabeza. Y mientras esta deplorable costumbre de réditos electorales poco hay que hacer.

Nrq dijo...

tristemente, Almirante, tristemente.

Los conciudadanos de Kant admiraban la filósofo, querían estar a la altura y esto incrementaba el nivel cultural de la ciudad.

churruca dijo...

Es lo que hay. El cuerpo social español rechaza la excelencia como un cuerpo extraño. Y no me estoy refiriendo a lo que podríamos llamar clases populares. No. Esto empieza desde arriba y lleva sucediendo ya muchas generaciones. La nefasta lección pedagógica del triunfador sin mérito, desde ZP a Belén Esteban, ha calado muy hondo.