Buscar en este blog

jueves, 13 de mayo de 2010

Más allá de todo cálculo


"Ante un hombre corriente y de baja condición, en el cual percibo una rectitud de carácter mayor que la mía, inclinaré mi alma, quiera yo o no, aunque llevase la cabeza alta para no dejarle olvidar la superioridad de mi rango"
Imnanuel Kant

Eso ante lo que cualquier alma necesariamente se inclina, incluso si mientras tanto se hacen esfuerzos por mantener bien alta la cabeza, eso es algo que, por principio, no se puede poner en la balanza para averiguar si al súbdito le conviente o no la oferta del príncipe (o al político la oferta de su jefe de filas) Si hablamos de conveniencia no hablamos ya de la dignidad. En este sentido, la voz de la libertad jamás ha engañado a nadie. Jamás ha prometido que la dignidad fuese siempre -y a la postre- lo más conveniente.

Cuando la voz de la libertad grita solemne: !conserva tu dignidad¡, sabemos que siempre añade: "aunque no te puedo ofrecer nada a cambio". En efecto, si se trata sólo de qué conviene más, la cosa está ya siempre resuelta de antemano; el príncipe nos puede colmar de riquezas, de honores, de prebendas y deleites con lo que, desde luego, eso que ofrece la dignidad no puede competir en el mismo terreno.

Por el contrario, el príncipe también puede causarnos la peor de las miserias, las más terribles torturas, desgracias y pesares que la dignidad de ningún modo podrá compensar en el mismo terreno. La voz de la libertad no nos engaña a ese respecto. Cuando grita !conserva tu dignidad¡ sabemos que no ofrece nada a cambio más que la promesa de que quien lo haga... conservará su dignidad.

Sin embargo, lo alucinante es que, en estas condiciones, la partida no está siempre decidida de antemano a favor del príncipe. Durante las últimas décadas, muchos tiranos han exigido falso testimonio so pena de las peores torturas, han golpeado, mutilado, han echado limón a las heridas, han realizado descargas eléctricas...y, milagrosamente, ha habido quien ha logrado de todas formas no levantar falso testimonio.

¿Cómo es posible que, con tan pocas bazas, consiga de vez en cuando la dignidad ganar la partida? Es sin duda un milagro que no es obra de ningún dios, sino obra de algunos hombres y mujeres.

4 comentarios:

Jujope dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mesala Gongo dijo...

Que interesante combinación Sra. Tasmania.

La conveniencia es aquella señora que como consecuencia de la trata de blancas, se ve despojada de su libertad y de su dignidad.

La conveniencia en circunstancias habituales,es una actitud,que utilizada por torpes puede llegar a cohartar la libertad y si son muy torpes, hasta tambalear la dignidad.

A pesar de las torturas, los golpes, las mutilaciones,las vejaciones y los desprecios,tenemos DIGNIDAD, a pesar de la falta de libertad.

La DIGNIDAD nos hará libres.

A ellos su libertad no los hará DIGNOS.

Jujope dijo...

Hay un grupo de irreductibles, sí, mi querida y aguda Tasmania. Incluso a veces, ni eso. El grupo termina siendo uno mismo, dicho sea sin falsa presunción.

Ocurrió hace un par de semanas, en una reunión de trabajo. Había que deslegitimar la actuación de un individuo, conocido por no reconocer como "compañeros" a los del grupo en cuestión. Pues bien, todos menos dos levantaron falso testimonio: uno por vendetta, el otro por justicia, reconocida luego por los demás, por debajo de la cuerda. Algunos ni fueron, con excusas peregrinas.

La dignidad va en la persona, pero brilla por su ausencia. Como pasa en la Música con mayúsculas, muy pocos son los que componen buenas Sinfonías.

Mesala Gongo dijo...

Se utiliza la necesidad para justificar la conveniencia.

Se utiliza la libertad para disfrazarla de Dignidad.

Los totalitarismos siempre se amparan en la libertad, de los suyos,y en la imposición de la libertad a los demás.

La degradación del significado de las palabras,como la ética, los valores,el esfuerzo o la dignidad,es el instrumento de los totalitarios,para conseguir sus objetivos.

Aunque todavía somos los suficientes,libres y dignos,que resistiremos y convenceremos para evitar esa inmundicia.