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lunes, 16 de mayo de 2011

Reflexiones desde el ecuador

En el debate sobre la calidad de la información que se da en las campañas, algunos autores adoptan una posición extrema y defienden que la distinción entre lo que es ético y lo que no lo es equivale a la distinción entre el discurso racional y el emocional.

Los defensores acérrimos de la racionalidad afirman que, para que la persuasión sea ética, tiene que limitar los argumentos a formas de estricta lógica. Establecen, por tanto, que hay una separación nítida entre razón y emoción, suponiendo que los "hechos" pertenecen a la primera y proponiendo la eliminación de cualquier apelación a los afectos.

Creer que los hechos apelan a la razón y los argumentos "irracionales" a la emoción es una opinión bastante generalizada. Sin embargo, creo que se trata de una distinción equívoca y confusa. Los persuasores pueden utilizar los hechos para manipular nuestras emociones y aún así presentarse como el paradigma de la lógica. Y puesto que muchas de las actitudes que la gente sostiene, incluyendo las políticas, están basadas en afectos, al menos en parte, un persuasor no debería esperar ejercer una gran influencia sobre un auditorio sin apelar a esas emociones.

4 comentarios:

The Toxic Avenger dijo...

Creo que lo que Ud plantea, hablando en "Román paladino" es el equivalente a hacer trampas.

¿Como evitarlo? Mejor dicho ¿Es posible evitarlo? Cada candidato, fiel a la naturaleza humana, hará todo lo posible por arrimar el ascua a su sardina y para ello recurrirá a todas las armas que tenga a su alcance; manipulará al electorado, comprará a la prensa, mentirá las veces que sea necesario...

¿Dónde está la ética? ¡Coño me la he dejado en el bolsillo derecho del pantalón de los domingos!

Artanis dijo...

El político de talento -aunque sea para el Mal, de entre los que han quedado en las negras páginas de la Historia- no puede hacer caso omiso de las emociones. Ha de integrarlas en su discurso, ha de presumir la empatía bidireccional con sus oyentes, ha de apelar -en definitiva- a sus sentimientos, tanto como a su racionalidad. Esto puede ir del escalón más bajo ("votadnos, pues somos de los vuestros") a los afectos aparentemente más nobles, patrióticos, vinculantes...
Ha habido intentos de políticos fríos, racionales, dedicados. Pero sólo han triunfado en círculos minoritarios. Ahí está el caso del político del Partido Demócrata, Adlai Stevenson, coetáneo de JFK.
En el peor de los casos, las masas han seguido a los puramente pasionales, raciales... nunca a los fríamente racionales, aunque de ello se disfrazaran (¿qué era si no la ciencia biológica adaptada al ideario nazi, sino pseudoracional coartada?)

Tasmania dijo...

Trampas trampas dice Román Paldino... bueno, las emociones siempre resultan algo extorsionadoras ¿no cree?

The Toxic Avenger dijo...

No creo que por sí mismas lo sean -tengo tendencia a relacionar la palabra emoción con algo positivo- Lo que admito que puedan serlo son las demás pulsiones que pululan a su alrededor, poder y codicia por ejemplo.