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sábado, 7 de mayo de 2011

La vida entre bambalinas

Dos tipos de partido. En el primero, la mayoría de los delegados en los congresos pertenecen a la nomenklatura. Si les interesan sus carreras políticas y tienen conocimiento de que el Gobierno está llevando a cabo acciones que producirían sanciones electorales por parte de los votantes si fueran conocidas, tendrán dos opciones: Encubrir tales acciones y, quizá, proteger sus carreras o denunciarlas y, probablemente, perjudicar sus carreras. Sólo denunciarán si el coste de guardar silencio es mayor.

Los partidos no suelen vigilar sus filas para impedir abusos; como máximo, cuando advierten que éstos se están produciendo, reaccionan aplicando sanciones de las que, quizá, los votantes no se enteren. No obstante, el coste de guardar silencio aumentará si actores externos (MMCC, oposición, adversarios...) revelan las acciones y los votantes pueden castigar al partido.

De este modo, en un partido oligárquico, la connivencia entre el propio partido y el Gobierno bloquea la información que llega a los votantes, a no ser que la inciten actores externos.

Pensemos ahora en un partido no oligárquico cuyos militantes se interesan por las políticas ideológicas pero no resultan indiferentes al poder. Los candidatos a cargos públicos no dependerán del hecho de ser un clon del militante mediano, sino de que éste los considere elegibles por los votantes. Es decir, dependerán de cómo interprete el partido al electorado.

La popularidad de un gobierno entre los electores influye en el apoyo que recibe del partido. En consecuencia los políticos en el poder pueden manipular al partido utilizando su popularidad entre los votantes, siempre que a los militantes les preocupen no sólo las políticas sino también el poder.

1 comentario:

Artanis dijo...

Buenas...

Llevo años diciendo que voto a un partido concreto "en defensa propia". Lo digo entre conocidos, íntimos, no tan íntimos, enemigos y miembros de ese partido. Algún destacado miembro del mismo, ya desaparecido, mostró su comprensión una vez por mi aseveración.
En muchas ocasiones, me ha apetecido desertar... el voto en blanco, nulo o -más sencillamente- la huída. Pero no me sale. Sentiría que he fallado en un deber... no tanto el de votar a esa congregación, sino la de mostrar mi oposición a otro partido, al que juzgo con excesivo poder, excesiva influencia, excesivos amigos (e hijos, últimamente), excesivo control de MMCC (¿se escribe así, Dña. TT? ¿"Tasmanias"? Dudo que haya más de una...)

Aunque cuando rozan lo ridículo se quedan en Gang del Chicharrón, son una piovra. Ni más, ni menos...