
Las propiedades mágicas de las encrucijadas se han reconocido casi universalmente. En la antigüedad clásica Hécate es, en sus comienzos, una diosa que concede el don de la palabra y otorga la victoria en competiciones atléticas, para terminar siendo una divinidad hechicera y mágica, diosa de los muertos, a menudo invocada contra la locura y que aparece en las noches de luna en las encrucijadas acompañada de espectros.
En Galicia algunas encrucijadas despiertan por la mañana rodeadas de piedras y velas como ofrendas al diablo. En Bohemia se utilizan para curar las fiebres. En Bali, se realizan ofrendas a los demonios y en Escandinavia se encienden hogueras a su alrededor en la noche de San Juan para cuidarse de trolls y otros malignos. También se constata la encrucijada como lugar sagrado en Angola, la India o el Méjico precolombino.
En Galicia se cree que en las encrucijadas se producen hechos extraordinarios. Como lugar simbólico de encuentro entre dos mundos, se manifiestan en ellas seres pertenecientes al ámbito no humano; se pueden intuir las señales de una muerte próxima; apariciones de ánimas o del demonio, que aquí practica la fornicación. También es un lugar apropiado para la aparición de brujas, para invocar al maligno… Un lugar maldito, donde se aparecen las almas condenadas al infierno por toda la eternidad.
En términos coloquiales estar en una encrucijada supone un momento delicado en la vida de alguien. Debes tomar un camino de los que se presentan. Debes elegir, y esa decisión te conducirá a un lugar todavía desconocido y diferente al que te ofrecen el resto. Una meiga que no vuela, una hoguera que no arde, un sol que no brilla… ¿superchería?