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viernes, 28 de enero de 2011

Der Ring des Nibelungen

Wagner no era un santo varón pero ¿quién puede decir lo contrario de uno mismo? Y no, no lo digo por la leyenda que vincula a Hitler con Wanger, no, lo digo porque traicionó a sus mejores amigos y tuvo que viajar, huir, para ser más exactos, por toda Europa escapando de sus muchos acreedores. Era obsesivo y adoraba el dinero y el poder, de hecho El Anillo del Nibelungo, una obra escrita a lo largo de veintiseis años, es, a mi juicio, la representación de sí mismo, del propio Wagner.

La cara y la cruz, la oscuridad y la luz: Wotan y Alberich.

Y de nuevo el pecado original: la renuncia al amor por el poder. Pero ¿quién no cogería el oro del Rin si uno es rechazado en su demanda de amor? Las ninfas cuidadoras del oro fueron quienes, desde su inocencia, informaron a Alberich de la posibilidad de dominar el mundo al tallar el anillo con ese tesoro. Y perdieron su inocencia, claro.

Y de nuevo el pecado. La corrupción. Wotan intercambia a su hija por un nuevo castillo. De nuevo el cielo y el infierno en un único ser. Un Dios que dio uno de sus ojos por la sabiduría, un dios bueno que entrega a su preciada hija a dos gigantes a cambio de un bien material.

De las cuatro óperas que conforman El Anillo del Nibelungo, me quedo con El Oro del Rin. En ella encuentro no sólo la manida explicación de la obra de Wagner, el poder, sino que percibo, en su composición irresoluta, al humano más puro, más auténtico, el de la luz y las sombras.

Un pedacito delicioso

14 comentarios:

Juante dijo...

Me gusta Wagner, pero sin abusar.

No obstante, en cuanto a los personajes, pienso que hay que recuperar el sentido de la justicia, la equidad y el amor no adulterado.

Me interesa (y reivindico) el Jochanaan de la Salomé de Strauss, enfrentando victoriosamente su pureza a la pérfida y satánica veleidad de la convulsa bailarina.

También, en cuanto a música, Wagner fue un diplodocus que no supuso el fin de la ópera, afortunadamente.

(Veo más el "fin de la música" en las actuales emisiones multiculturales de Radio Clásica donde, de pronto, te asustan con cualquier ruido que no viene a cuento.)

Tasmania dijo...

Hahaha, tienes razón Juante, toda la razón, a veces asustan con ruidos incluso con crujidos extraños...

Juante dijo...

Hace pocos días, una paisana tuya, Pilar Cernuda, comentaba en Onda Cero (hablando de lo del tabaco) que la delación, "el chivatazo" (esa porquería que tanto gusta a los sociatas), es una cosa muy fea, algo "repugnante y asqueroso, desde siempre".

Pues bien, me gustaría confeccionar un catálogo de las maldades humanas. Algún día lo emprenderé.

No voy a poner a la delación como la primera, pero sí la segunda, detrás de la que, para mí, es la primera: la traición. Y créeme, querida y admirada Tasmania: en Andalucía entendemos mucho de traición. No seremos grupales o colectivos como en el norte de Apaña pero, precisamente por eso, el culto al individualismo que por aquí hay se torna en lo más rastrero y abominable que te puedas echar a la cara. Podemos decir, sin riesgo a equivocarnos un ápice que, en Apaña, la descomposición corpuscular de las conciencias es descendente, de arriba abajo, si bien, el "leitmotiv" (gracias, Wagner) de los cuatro pontos cardinales apañoles sigue siendo la traición entre paisanos y el cainismo. (Los extranjeros alucinan con eso.)

Pero hay muchas más maldades humanas... Muchas más... ad náuseam...

Louella Parsons dijo...

Siempre he envidiado a los que adoran a Wagner. Se nota que disfrutan y viven su música con intensidad, algo que yo he logrado con algunas de sus oberturas y arias pero mi afición a la música del alemán no tiene mucho más recorrido.

Apoyo las tesis de Stravinsky que definía la música de Wagner como melodía infinita ya que nunca se sabe cuándo va a terminar….. sin embargo, no le apoyo cuando decía que no encontraba ninguna razón para que ésta comenzara ni cuando afirmaba que Madame Butterfly tenía más inspiración que toda la familia de los nibelungos vociferando porque reconozco que la música wagneriana tiene momentos bellísimos e inspiradísimos.

Wagner criticaba aquellas óperas cuya música era el fin mismo de la obra y no el medio a través del cual se expresaba el drama. No estoy de acuerdo. Creo que el drama es la excusa o el apoyo de la música. ¿Cuántas arias, oberturas, duetos, ballets….de óperas tarareamos al oírlos y no conocemos el argumento? ¿Y no las disfrutamos?


Querida TAS, me decía un amigo experto en Wagner que una de las más tiernas, dolidas y amargas despedidas del repertorio musical de nuestra cultural occidental es la de Wotan de su hija Brunilda y, por si le interesa, me recomendaba que escuchara la versión de Hans Hotter.
Y yo les recomiendo para esta tarde lluviosa la impresionante Liebestod (muerte de Tristán) interpretada por la poderosa Birgit Nilsson, experta wagneriana, como lo es también el magnífico director Hans Knappertsbusch.

churruca dijo...
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churruca dijo...
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churruca dijo...

Menuda ventaja me llevan. Yo sigo atascado en papá Bach, como le llama Doña Pussycat. Es broma. Reconozco que me va más la música sinfónica que la lírica. Y dios me libre de juzgar el genio de Wagner -ni el de nadie, en realidad- pero supera muy largamente la dosis de lírica que soy capaz de tolerar en una sola sesión. Así de tarugo es uno, que le vamos a hacer.

Con todo Wagner me ha hecho pasar, aunque involuntariamente, algunos momentos realmente deliciosos. Aún sonrío recordando los comentarios que le dedicó a “Los Maestros Cantores” D. Juan de Valera en sus “Cartas desde Rusia”. Tras asistir, no recuerdo ahora exactamente en qué ciudad en su camino a Rusia, a la representación de la obra, hace un breve resumen del argumento y concluye diciendo –más o menos- que Tannhauser muere redimido, y va al cielo después de habérselo pasado en grande sobre y bajo la tierra.

Ahora que lo pienso, aquí estoy yo, en la “bitácora dil canto” confesando mi desafección por la lírica. Espero que no me echen por la borda.

Louella Parsons dijo...

Querido CHURRUCA, los que van a ir al cielo son los que aguantan una ópera entera de Wagner.

Confieso que mi dosis wagneriana no pasa de un aria así que ya se imaginará que un Tristán e Isolda de cuatro horas no es para mi, ni aquí en mi casita calentita ni en Bayreuth, santuario de sus óperas.

churruca dijo...

Me reconforta lo que dice, Doña Louella. Confieso que me tenían ustedes un pelín acomplejado. Ya me siento menos culpable.

José Antonio del Pozo dijo...

Bueno, pues gracias por culturizarme un poco sobre Wagner, que andaba yo casi in albis sobre él, más allá de las walkirias de apocalypsis now y aquello de W Allen sobre que era escucharse a Wagner y desear invadir Polonia todo uno.
Así que gracias y saludos bloggeros

Tasmania dijo...

Oh vaya..tampoco yo podría soportar las quince horas de el anillo del nibelungo... Así, del tirón... A Wagner hay que acercarse despacio, cuidadosamente...

Tasmania dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tasmania dijo...
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Ángeles Hernández dijo...

Ese es EL HOMBRE: el que cae y se evanta, el que ama y traiciona, el que vive entre las sombras pero las abandona cuando sale el sol...
Y qauien diga lo contrari ni se conoce ni conoce el alma humana pero...
Sólo un pero, ni la absoluta bondad si la total maldad, pero cuanto más equilibrio haya entre ambas mejor. Cito ( cursi yo) la deliciosa y desasosegante obrita de Calvino "El vizconde demediado".

Si Wagner fue pesetero y traidor, también supo crear mucho y bueno. NADIE ES PERFECTO (Billy Wilder).

Muhísimas gracias por este texto queademás de formar, informa y ayuda a desempolvar la neurona. ¿abrazo? Á.