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lunes, 24 de enero de 2011

JR, el hombre estadístico

Ya, ya sé que la estadística puede dar pie a tremendas deformaciones. Pero una estadística, como un arma, es tan buena o tan mala como la persona que la utiliza. Adecuadamente aplicada, la teoría estadística es un instrumento extraordinariamente poderoso tanto en manos de los científicos naturales como en las de los científicos sociales. Digo "extraordinariamente" porque mucho de lo que nos enseña está en contradicción con lo que pasa por ser sentido común.

Aunque a estas alturas ya estamos acostumbrados a encuestas de opinión que informan llenas de confianza sobre el estado de ánimo de la masa de electores, o de la audiencia o de la clientela, basándose en una muestra aparentemente mínima de público, no deja de ser notable cuánta información fidedigna puede extrapolarse de cuán pocos datos.

La mayoría de las personas tienen poca o ninguna noción de la teoría de la probabilidad, escasa capacidad para la estimación racional del riesgo y una obstinada resistencia a aceptar incluso proposiciones tan irrefutables como que, como Adam Smith señaló hace dos siglos, uno no aumenta sino que reduce sus probabilidades de ganar dinero si compra dos billetes de lotería en vez de uno: uno ha doblado la suma que tiene la práctica certeza de perder a cambio de un minúsculo amumento de las probabilidades, despreciables, de ser ganador.

A mí sigue sorprendiéndome lo pequeña que puede ser una muestra aleatoria representativa y cuán fidedigna puede ser, respecto al total de la población de la que se ha tomado la muestra, una serie de conclusiones respecto a la distribución de una característica cualquiera. Y sigue asombrándome la precisión con la que los estadísticos pueden calcular la improbabilidad de que una correlación entre variables sea accidental, o las probabilidades de que una proporción determinada de una población determinada esté a una distacia determinada por encima o por debajo de una variable cuantificada.

Naturalmente, las técnicas estadísticas pueden ser ignorante, descuidada o deshonestamente aplicadas... no es el caso de Jesús R., el mejor estadístico que he conocido.

2 comentarios:

jano dijo...

Incluso los expertos en estadística dicen que su ciencia es la ciencia de la verdad a medias, según cómo se seleccione la muestra, se procesen los datos y ,sin mentir, se representen estos datos. No tengo mucha idea de estadistica.
Lo que me parece cierto en las encuestas de intención de voto es lo difícil de establecer un pronóstico fiable porque el voto, al igual que la inteligencia, las conquistas sexuales, la valía profesional y la riqueza personal, por poner algún ejemplo, tienden a exagerarse o a camuflarse y muy poca gente es sincera a la hora de contestar.
Pero hay indicios que se palpan en el ambiente y uno de los más fiables es el hecho de que nos toquen el bolsillo y el futuro: hasta ahí llegamos y tras esa linea roja no hay partido ni ideología.

Tasmania dijo...

Cierto Jano

"...nos toquen el bolsillo y el futuro: hasta ahí llegamos y tras esa línea roja no hay partido ni ideología..."

Tras esa línea sólo queda el afecto, el verdadero afecto (y no siempre).