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miércoles, 26 de enero de 2011

Pulsion e Instinto

Ser feliz ha pasado de ser un derecho a ser una obligación. Hoy la desdicha no es sólo desdicha sino algo peor: el fracaso de la felicidad. La exigencia de salvación eterna o de mejora histórica se ha condensado en el interior de la vida personal de cada individuo, convirtiendose en un imperativo generador de desazón y angustia.

Freud, pesimista, escribió al final de su vida, en "El malestar en la cultura", que el camino de la satisfacción permanente era una vía sin salida. Acercándose a Schopenhauer y al budismo proponía la renuncia a la satisfacción como la actitud sabia sobre la que se habían levantado las culturas. La felicidad es, en esta filosofía, el momento fugaz que acompaña la satisfacción de las pulsiones. Un momento efímero, pronto ahogado por la desazón de nuevos deseos.

Obvio resulta decir que cien años después, la civilización se mueve en las antípodas de semejante filosofía. El hombre occidental vive hoy sometido al imperativo de la felicidad. Una felicidad que nada tiene que ver con la vieja noción aristotélica. La felicidad del siglo XXI incorpora los componentes mas compulsivos de la civilización tecnológica que desde la Ilustración se viene desarrollando.

6 comentarios:

Juante dijo...

Del "Instante decisivo", que diría el fotógrafo Henri Cartier-Bresson, hemos pasado, vía cosa informática, a la "Decisión instintiva", sin solución de continuidad.

Ya hay generaciones enteras (por ejemplo, la de los treintañeros), que están en esa salvaje y antihumana tesitura. Siguiendo a Scruton y, teniendo en cuenta que el primer ensayo del 68 fracasó, si dos quieren la misma cosa, o uno mata al otro o se rinde, en un sometimiento que no se compadece con el liberticidio aparente de la acumulación compulsiva de cosas, que consideran "sine qua non" para alcanzar la proteica (y zarrapastrosa) "felicidad" del siglo XXI.

candela dijo...

Interesante asunto, TASMANIA.

La desdicha como fracaso y la felicidad como éxito.

Y la angustia (esa sombra de la muerte negada)que provoca esa compulsividad de llenar el vacío con cosas.

Si tengo tiempo, traigo a Spinoza.

Louella Parsons dijo...

Mientras que la búsqueda de la felicidad es una aspiración natural para cualquier persona y necesaria, por supuesto, el sufrimiento o la infelicidad no debe considerarse un fracaso en ningún caso, al contrario, se le debe buscar siempre un significado y un valor.

De todas formas, me gusta pensar en lo relativa que es la felicidad.
Cuando uno está sufriendo, su felicidad consiste simplemente dejar de sufrir. No hay más aspiración que esa.
Otra veces, en cambio, cubiertas nuestras aspiraciones básicas, nos empeñamos en crearnos nuevas necesidades, muchas veces inalcanzables, volviéndonos infelices.


Me estoy acordando de aquel chiste de Mafalda

Tasmania dijo...

Ah Juante, que alegría me ha dado ustè... Candela, Spinoza, sí, què buena idea amiga... Si no lo trae usted pronto lo haré yo, si le parece, claro...

candela dijo...

Fantástico, TAS. Espero que lo traiga y disfrutaremos.

Avise, por si ando a por uvas.

Juante dijo...

Siempre a tus pies, Tasmania.

Dejo aqui este enlace sobre tan emblemático tema:

Nuevas adicciones