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lunes, 18 de abril de 2011

Política diplomática

Me resulta extremadamente divertido escuchar a los poderosos, los políticos, los progrespijos y demás hablar de democracia. Tienen el privilegio de poder permitirse ser democráticos entre ellos mientras que a un ciudadano raso le niegan información sobre su gestión política o tratan de engañarle con un "no a la guerra" mientras les venden armas a los que se pelean.

Es una especie de "truco-trato", como si la mafia alardeara de democracia porque todas las decisiones que toman para extorsionar, robar o asesinar, se toman por votación entre los capos. Sí, lo sé, el ejemplo es duro de digerir pero los rendez vous de nuestros políticos con Gadaffi o con Hu Jintao no lo son menos.

Este nuevo tipo de "política diplomática" es una nueva forma de racismo más sutil que el racismo nazi de corte biologicista, pero cuyas consecuencias pueden ser igualmente devastadoras. Se trata de un racismo al que podríamos llamar histórico, en contraposición a ese racismo genético que nos es tan familiar.

No se trata de un juego terminológico. Se puede hablar, en efecto, de racismo cada vez que se presenta como obra de la Libertad algo que no es sino obra del Tiempo. Cada vez que se señala un pedazo de naturaleza y se quiere reconocer ahí la razón , la libertad y la humanidad, estamos ante un fenómeno racista.

Pero esto afecta a todo lo que viene arrastrado por el curso temporal, aunque ya no sea en el terreno de la Naturaleza sino en el de la Historia. Presentar una realidad que el tiempo ha coagulado en la historia como obra de la libertad o la razón (Cuba, for example) en nada difiere del intento de buscar la razón o la libertad entre los intersticios de un código genético.

En cualquier caso, cuando se están confundiendo lo que no son sino coágulos del tiempo con obras de la libertad se está confundiendo, como gustan decirlo los filósofos el Tiempo y la Acción.

2 comentarios:

jano dijo...

¡Ah la democracia! ¡Oh los políticos que nos la enseñan y nos la administran!
Una condena al ostracismo de la ciudadanía, que tiene que tragar unas reglas del juego impuestas desde la estructura jerárquica de los partidos políticos, con la ilusión de participar en la olimpiada democrática viciada por los intereses y cambalaches de los trileros de siempre, y los aprendices de trilero, que manejan los cubiletes de la trampa sin saber qué es luchar por un trabajo y buscarse la vida, en el mejor de los sentidos.
Evidentemente, la política así concebida, debe ser muy diplomática para seguir pescando votos y mantenerse en el machito.

Tasmania dijo...

Y los coleguitas Jano, los que nos acompañan en el viaje: Chavez, Morales, Castro...motivos para salir corriendo.

¿Sabía que 14.000 españoles, con formación cualificada, ya lo han hecho? Sí, pero se han largado a otros países europeos.