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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ira y lágrimas para el cambio

En un estado como el de la sociedad contemporánea, de perturbación económica, política y religiosa, no es de cuerdos desoir los ayes de dolor y de ira de los débiles, de los oprimidos, de los desgraciados, de cuantos ven su mísera personalidad injustamente aplastada por la inmensa y brutal pesadumbre del número.

Porque en el mundo moral, como en el físico, nada se destruye y muere, todo permanece y se transforma. Y así como en el carbón de piedra existen todas las energías de los rayos solares, durante mucho tiempo acumuladas, así en las lágrimas de los desventurados de todos los siglos duermen y laten extraordinarias fuerzas sociales, gérmenes de espantosas catástrofes, capaces de destruir imperios y monarquías, y estados y civilizaciones... y con igual soberana facilidad con que los fenómenos volcánicos sumergen de las islas, levantan continentes y arrasan ciudades enteras.

Sin embargo, nuestras lágrimas no han sido capaces, hasta ahora, de elevar la voz de los escogidos, de aquellos que nos representan, para acabar con todo esto. ¿No son nuestras lágrimas también las de los desventurados? Las mías sí.

Una lágrima contiene, además, en estado latente, invisible, pero real, una fuerza muy grande, una potencia explosiva incalculable, un poder intenso y misterioso... ¿por qué mis lágrimas no estallan en las manos de quienes hoy pueden cambiarlo todo?

7 comentarios:

Artanis dijo...

El espíritu individualista nos dice que las lágrimas se quedan para uno (a veces para uno y su confidente o cómplice). Iconos mediáticos nos repiten que no hay que llorar ni pedir perdón, que son muestras de debilidad. Esta filosofía tiene su lado atractivo, proyectándonos idealmente en la mirada del otro.

El llanto en colectividad, punto de ignición de catarsis, no siempre es para bien. 11-14 M, sin ir más lejos.

Pero no seré yo quien reniegue ni veje a aquellos que decidan mostrarse. Mi único pero, es la prevención contra los manipuladores de sentimientos, los trileros de la afectividad, los que -como aquel Nerón que Hollywood estereotipó- guardaba en un cáliz cada una de sus lágrimas, por el inmenso valor que él mismo les otorgaba.

Nada me conmueve más (a mi pesar) que la lágrima de un individuo (bueno, puede que más las de una individua... estoy así de anticuado, machista y maleducado por el mal llamado 7º Arte...), porque, si esa lágrima no está camuflafada en el oceano de un millón de otras lágrimas, se vuelve única.

Como una huella dactilar. Pero sin chulerías neronianas.

Pero sé que esta presunción de sensibilidad por mi parte, no soluciona los dolores del mundo.

Y, aunque no son horas, esta canción
siempre me viene a la mente, cuando se evocan las lágrimas, con un espíritu de marcha, de cambio, de "new born afternoon"...

Artanis dijo...

"Camuflaflada"...

Esto me pasa por no desayunar mi ración de Southern Comfort...

bate dijo...

He sentido leyéndole, Tasmania, un escalofrío emocionante.
Perdone que sea tan cursi.

Louella Parsons dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Louella Parsons dijo...

Lo harán, querida TASMANIA, ya verá.

Ayer, en algún canal de tv, entrevistaron a Julio César Gálvez, uno de los deportados cubanos que España ha acogido.
Gálvez se quejaba de que gobierno español no había cumplido ninguna de las promesas de ayuda que les hizo para cuando llegaran a nuestro país: vivienda digna, empleo,…..y una de las entrevistadoras preguntó si no tenía nada que agradecer al gobierno español que, al fin y al cabo, le había sacado de aquella cárcel.
Gálvez le contestó algo así como que el gobierno español había podido sacarle de la cárcel gracias a la presión de la oposición cubana, a la fuerza de la disidencia interna y externa, a la intervención decisiva de la Iglesia cubana, a la posición única de la UE….es decir, que España había colaborado con la última gota para su excarcelación.

Con esto quiero decir que el trabajo silencioso de las lágrimas y la ira de los desfavorecidos, en estado latente, invisible, como describe muy bien Tasmania, no es en vano. Es trabajo para el cambio, para mejorar.

Cuenta el psiquiatra Viktor Frankl, en su libro El hombre en busca de sentido, donde relata su experiencia en un campo de concentración, que ”……no había ninguna necesidad de avergonzarse de las lágrimas, pues ellas testificaban que el hombre era verdaderamente valiente; que tenía el valor de sufrir”.

Louella Parsons dijo...

Se me ha olvidado añadir que lo malo es, como dice ARTANIS, la manipulación de los sentimientos, tanto por aquellos que ven en las lágrimas del otro un síntoma de debilidad como por aquellos que lloran para obtener lo que quieren aprovechándose de la sensibilidad de los demás.

Y, por supuesto, la manipulación colectiva del dolor que deja a merced de los intereses de unos pocos el destino de cualquier comunidad.

Y no hay nada más poco digno que los lloricas, seres débiles y cobardes que se arrugan ante cualquier obstáculo que se encuentren en el camino.


Y, por último, decir que me ha conmovido el texto de hoy.

Tasmania dijo...

Bueno, vaya, nada de cursiladas queridos míos...

Las lágrimas son eso, potencia, expresión, humanidad. No permitiré que nadie manipule ni una sola de mis lágrimas. Ni su misterio ni su poder.

Prometido