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sábado, 11 de septiembre de 2010

Romaníes

Francia ha iniciado un peligroso camino con la expulsión de cientos de miles de romaníes, es decir, de gitanos rumanos. Se dice que esos mismos cientos de miles cruzan, estos días, la frontera española de La Junquera.

Aquí ya han tenido sus propios problemas. Mientras la comunidad gitana española ha cambiado extraordinariamente en las últimas décadas el resto de la sociedad española no lo ha hecho. Tampoco es justo que se ignoren sus esfuerzos por la promoción individual, por incorporarse plenamente en la sociedad, por buscar una vida mejor para ellos y para sus familias.

El artículo 14 de la Constitución Española establece que los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Sin embargo, la comunidad gitana sufre como ninguna otra minoría una fuerte discriminación que se alimenta de una imagen social negativa, la se produce en numerosos ámbitos como el acceso al empleo, la educación, la vivienda y a otros servicios tanto de carácter público como privado.

Precisamente en estas circunstancias recuerdo hoy a aquellos que durante la larga historia de la etnia gitana sufrieron persecuciones y violencia y rememoro ahora el enorme valor de tantas costumbres de estos hombres y mujeres. Valores que otras culturas hemos perdido o abandonado y que resultan necesarias en una sociedad individualista y tremendamente competitiva como es la nuestra.

Me refiero al reconocimiento de su identidad cultural, al honor de la palabra empeñada, a la solidaridad entre los miembros de su comunidad, al profundo respeto a sus mayores, reconocidos como la memoria viva y la transmisión de la experiencia.

Y estos valores han influido notablemente en nuestra cultura. La poesía de Lorca, la música de Falla, la pintura de Picasso... muestran la evidente aportación de los gitanos al patrimonio común que constituye la cultura que hoy nos define.



4 comentarios:

Feroz dijo...

Tasmania, en mi opinión, los Reyes Católicos echaron a la minoría equivocada.

Louella Parsons dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Louella Parsons dijo...

Pues yo no tengo nada claro este asunto de los gitanos, entre otras razones, porque los gitanos expulsados son ilegales con lo cual, el gobierno francés tiene potestad para expulsarlos del país.
Creo que doña Tasmania nos presenta una exposición demasiado benévola de la cultura gitana aunque debo reconocer que le doy bastante la razón en casi todo.

Efectivamente hay valores que los gitanos aún conservan y que nosotros los payos perdimos convirtiendo nuestra sociedad en individualista y egoísta.

Sin embargo, la cultura gitana es completamente patriarcal y, como tal, machista. Y habrá muchos que han evolucionado pero otros se han anclado no sólo en costumbres decimonónicas sino que siguen rigiéndose por sus propias leyes, incompatibles con las de la sociedad en la que viven.

Todos conocemos casos en los que se ha intentado sacar a una comunidad gitana de sus chabolas para realojarlos en casas edificadas para ellos y no siempre han funcionado.

¿Por qué hay tanta delincuencia entre los gitanos?
¿es por culpa de la discriminación que sufren?
¿van todos los niños gitanos al colegio?
¿hasta cuándo los escolarizan sus padres?
….

En cualquier caso, me ha gustado que Tasmania nos recuerde o, mejor dicho, nos haga ver la influencia de los valores de la cultura gitana en la nuestra, en la cultura que hoy nos define


(…)
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?

¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe,
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
(…)

Tasmania dijo...

Nada es generalizable. Problemas de integración, delincuencia, raigambres culturales difícilmente aceptables...

Todo eso es cierto, pero no todo puede echarse por la borda con ligereza.