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lunes, 13 de septiembre de 2010

La familia imposible

En plena crisis económica, social e institucional nos encontramos sumidos en un mercado laboral en el que cualquier joven se enfrenta a la precariedad y la ausencia total de interés por su méritoo su esfuerzo individual.

Este joven, que forma parte de ese 40% de jóvenes en paro que conforman una masa desmotivada ingente en España, puede que encuentre un trabajo temporal, cobrando una miseria, en Vallecas. Luego, quizá, le contrate una semana, pero esta vez en Asturias. Siempre podrá encontrar un trabajo por temporada de tres meses, pero en un invernadero de Almería. Puede, también, trabajar como teleoperador, tres días aquí y tres allá y luego un día sí y otro no en otra compañía telefónica. Luego, seguramente, tendrá que alternar con unos meses de paro.

Mientras tanto, habrá cobrado un sueldo insultante que le habrá permitido subsistir, pero en un piso compartido o, como suele ocurrir, en casa de sus padres pese a contar ya con 25, con 30, con 35 años. ¿Este sujeto tiene muchas posibilidades de fundar una familia, de tener dos o tres hijos, de instalarse siquiera en algún sitio?

Compárese la situación de este soltero inevitable, de este nómada del mercado de trabajo, de este condenado a la minoría de edad que vivirá siempre en casa de sus padres o en pisos compartidos con estudiantes, con la vida familiar de un indígena dogón, que puede recitarte siempre una lista de trescientos primos, decenas de tíos, sobrinos, abuelos y tatarabuelos.

La movilidad y la flexibilidad vital que exige más y más el mercado laboral hace ya mucho que hizo imposible la familia extensa; pero, cada vez más, incluso la familia más restringida se vuelve imposible. Volviendo al asunto del otro día; la gente se sorprende al ver que cuando están operando a un gitano en el hospital, la sala de espera suele estar llena de familiares, abuelas, tíos, sobrinos, primos, hijos, nietos... treinta o cuarenta personas, tal vez más.

Teresa San Román, una antropóloga española estudiosa del tema explica muy bien que si los gitanos han logrado mantener una vida familiar muy densa y extensa, lo han hecho a fuerza de especializarse en parasitar ciertos intersticios del mercado de trabajo, sin lograr o querer jamás integrarse en él.

Uno no viaja por el mercado laboral llevando trescientos primos en la maleta. Uno no alega en una entrevista de trabajo que el puesto está muy lejos de la casa de sus padres, y de sus hermanos, o del cementerio en el que descansan sus ancestros. En una entrevista de trabajo la ley es que o lo tomas o lo dejas, Y si tienes o no familia, es tu problema.

4 comentarios:

Louella Parsons dijo...

"O lo tomas o lo dejas", es así.

El panorama es desolador pero parece que es la primera vez que hay crisis en este país.

Recuerdo que cuando empezábamos a estudiar en la Universidad, si suspendíamos nuestros padres nos amenazaban con ponernos a trabajar en El Corte Inglés. Era lo peor que te podía pasar.

Cuando terminamos la carrera, el panorama era como ahora. No encontrábamos trabajo, el paro estaba disparado y aumentaba cada día.
Entonces nos lamentábamos: !quién pudiera trabajar en El Corte Inglés!

Trabajamos en sitios donde nos sobraba formación, con horarios incomodísimos y ganando sueldos ridículos, nos autoempleamos con imaginación, emigramos a otros países a perfeccionar idiomas....y todo esto resultó un bagaje para posteriores empleos.

Antes las familias eran numerosas, los ingresos no daban para tenernos en casa sine die y creo que estábamos más preparados para buscarnos la vida, para sobrevivir. Ahora, las familias son más pequeñas y los hijos están más protegidos.

Es cierto que actualmente hay miles de situaciones desesperadas pero lo que yo veo es que hay una enorme falta de formación pero no de formación académica (sí, de cultural) sino de formación personal.
Hoy he escuchado al psiquiatra Enrique Rojas por la radio y decía que a los niños hay que educarlos en base a tres pilares: educar la voluntad (orden, constancia y motivación), educar los sentimientos (ser agradecido, saber decir te quiero, enfadarse sólo cuando se tiene razón….) y educar la inteligencia que empieza por aficionar a los niños a la lectura.
Rojas ha dicho una frase que me ha gustado: ”Hay que hacer atractiva la exigencia”
Las horas muertas en Facebook, la sobreprotección actual de los padres a sus hijos, la televisión…..contribuyen a la deseducación.

Mi hermano tiene un hotel y una amiga mía también. Ambos han tenido muchísima dificultad para encontrar personal este verano, de hecho, mi amiga se ha pasado todo el verano poniendo cafés en el bar de su hotel porque no ha encontrado un camarero.
¿Qué ocurre? ¿No quieren dejar de cobrar el paro los que lo cobren? ¿esperan un trabajo mejor? ¿está a desmano el lugar de trabajo?...
Ambos me han contado que en algunos casos, la gente ni se presentó a la entrevista ni llamó para avisar que no iban.

Tasmania dijo...

Todos conocemos casos de caraduras que viven a costa de nuestros bolsillos a través del aparato del Estado... y encima se nos muestran como víctimas de la sociedad que hemos creado... desolador, sí, insoportable, también.

En este rollo igualitario nos acercamos al marxismo. No importa tu esfuerzo, tu mérito, su capacidad... eso sólo sirve para que otros puedan comer de tu plato

Juante dijo...

La familia tradicional de hoy en días se compone de:

-Chica o chico Alicia o Peter Pan, de entre 20 y 45 años.

-Portátil (cónyuge fiel de él o ella).

-Sobrinito a 300 kilómetros, con el que se habla por el portátil a través del facebook, como simulacro de los 150 amigos agregados, entre los que hay de todo (alguno incluso con derecho a roce cada 10 años, un ratito en el hotel.)


Y ya está. Ahí hemos llegado. Es el éxito de la socialdemocracia y de la involución del ser humano en picado, más la evolución paralela de Internet.

¡Ah, vaya, acabo de leer lo de "las horas muertas de facebook", que dice Doña LOUELLA! ¡Cuánta razón, amiga mía, cuánta razón! Y es peor aún. Considero que, tras los primitivos chats, hotmail, messenger y google, Facebook es lo más siniestro y deplorable que haya inventado el ser deshumano. Traerá consecuencias mucho más funestas de lo que hoy tímidamente se empieza a apreciar. Más adelante extenderé mis razonamientos al respecto.

Patricia dijo...

Los sioux dicen que se necesita una pareja para tener un hijo, y una tribu entera para criarlo. Es evidente que los gitanos mantienen una misma filosofía de clan, en la que toda la comunidad es soporte para los niños y contribuye a su crecimiento, cosa que hay que reconocerles como verdaderamente positiva.

Tener hijos hoy en día no sé si es una proeza o un acto de inconsciencia. Y miren que yo me lo pensé mucho!! Pero no considerándome Juana de Arco (por lo de la proeza) ni tampoco una persona particularmente inconsciente (más bien, demasiado lo contrario), me pregunto cómo es que hay veces que me dan ganas de dimitir del cargo. Se siente una como si fuera malabarista, en permanente equilibrio inestable entre los horarios del colegio, la entrega de la presentación o informe correspondiente, la reunión de padres a las 11 de la mañana, las reuniones que se extienden (muchas veces sin motivo real) hasta las 8 de la tarde, la gestión de los uniformes para que estén limpios y a tiempo cada día (sí, sí, no se rían),… Y esto sin entrar en temas tan prosaicos ya como llenar la nevera, cocinar, acordarte de algún cumpleaños que otro, llamar a tu madre (la mía es de las que piensa que el teléfono es unidireccional: de su hija a ella, nunca al revés), llevar el coche a revisión o cortarte el pelo.

Hay también una reflexión más profunda. La de la renuncia. Porque cuando una decide embarcarse en esto, también renuncia (tal y como está el mercado laboral configurado en nuestro país) a una carrera fulgurante (es un decir) en la empresa privada, en la que a la tercera vez que pones una pega porque te tienes que ir, ya te dejan de convocar para lo que sea. Y ahí se quedan, en el baúl del trastero, todos los esfuerzos de que habla Dª. Louella: la carrera universitaria, el trabajo de adquirir dominio en un par de idiomas, las primeras experiencias profesionales que tanto curten, esas de “o lo tomas o lo dejas”,… A no ser que una decida externalizar a sus hijos con personal de servicio y aceptar estas jornadas de 9 a 9. De sol a sol, que decían nuestros abuelos. A veces ni eso. Ni sol.

Soy de las que piensa que la educación no se puede externalizar. El cuidado sí. Pero la educación es irrenunciable tarea de los padres, y ahora más que nunca (uds. lo están comentando) los niños la necesitan.

Difícil tarea. Pero de eso mejor hablamos otro día.