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domingo, 26 de septiembre de 2010

Madrid, destino Somosaguas

Madrid es como un pellizco en el recuerdo.
Madrid es mi casa y, al mismo tiempo, un lugar desconocido. Adoro Madrid y también lo ignoro. Reconozco cada esquina pero no me pertenece, no como en el lugar donde vivo, donde todo es conocido y permeable.

Madrid ha visto pasar a la humanidad a la que pertenece tirada por un carro de bestias hasta la nave espacial, de las sombras chinas a la imágenes tridimensionales de síntesis, de la invención de la penicilina a la ingeniería genética, del pregón de la aldea global a internet. Y siempre lo hizo con interés y con una mirada crítica y lúcida, anticipadora y a veces profética.

Madrid es siempre un lugar al que regresar. Un lugar en donde dejar a alguien para vivir su propia vida, lejos de ti, del lugar al que siempre pertenecerá.

Madrid es El Caripén, el cine de sesión contínua, el Ramsés, el Cadaqués o el Moncho... la biblioteca y el metro... el 32 y el 20, la calle Ayala y Núñez de Balboa... la luz del atardecer tardío, estudiando y ansiando oler sus calles... es el Kipper y Pachá, el Oh y también la Plaza de Santa Bárbara... el arroz cubano de Fuencarral y los perritos de la Puerta del Sol... mil lugares, mil recuerdos que ya no serán míos.

Ah y El Retiro, por Dios, El Retiro, el Ángel caído y las barcas, los días de pellas y las castañas pilongas... el color del cielo en el otoño y los juegos de niños en el Palacio de Cristal. Charlas de hermanas en las terrazas de los quioscos, fotos de navidad en los puestos... esos recuerdos sí, esos son míos, sólo míos.


5 comentarios:

Juante dijo...

Es Madrid el único resquicio de amabilidad, libertad y felicidad que queda en mi imaginario, donde ahora pululan ingrávidos algunos seres inimaginables, por desgracia (en especial una escoria apóstata).

¡Ah, los berberechos del Ferreras, con sus doce cañitas, antes de largarme diariamente a la discoteca El Andamio, de Ponzano!

¡Ah, María Antonia, aquella estudiante onubense de Periodismo, tan poética como perdida en el espacio! Y la extremeña de mi récord de cinco en una noche, más las fotos de la muestra profesional de aquel Hotel de lujo de cuyo nombre no me importa no acordarme...!

Madrid... Procuro volver con tiento, precaución y sin las prisas de entonces. No vaya a ser que las nuevas veleidades y engendros de Gallardón me estropeen el ensalmo.

Louella Parsons dijo...

Pues fíjense, yo antes venía de vez en cuando de visita a Madrid y disfrutaba mucho de los planes que hacía por el día, que si los churros para desayunar, un museo, un restaurante exótico…. pero nunca me gustaron los sitios a los que me llevaban mis amigos por la noche. Todos los malasañas, archies, el Sol,….no sé, no me veía yo ahí, quizás eran esas masas de gente a las que no estaba acostumbrada, ese anonimato feroz en el que sabías que nadie te conocía ni a nadie conocías, las enormes distancias que había entre los sitios por la noche, taxi aquí, taxi allá…..no, la noche de Madrid no me convencía. Seguramente por mi provincianismo.

Hace unos años me trasladé a vivir a Madrid y debo reconocer que me costó mucho adaptarme.
Al principio sólo sentía angustia entre tanto cemento, sin verde, sin lluvia y a cientos de kilómetros del mar pero con el tiempo decidí que había que encontrar las cosas positivas y disfrutar. Y así fue. Hoy en día he logrado tener mis lugares particulares y preferidos y he comprendido que es una ciudad llena de oportunidades para todo el que llegue.
Pero siempre pensaré que estoy aquí de paso.

¿Y para recuerdos?, los de Bilbao, que ya ni es mi ciudad, ni la reconozco, ni la echo de menos. Antes, cuando Bilbao era fea y sucia, sólo nos gustaba a los que vivíamos ahí. Nos gustaba su personalidad, a pesar de los pesares, y sabíamos cómo sacarle todo el partido. Sin embargo ahora que es una ciudad turística, limpia, euskaldunizada,…la encuentro un tanto artificial. En esta transición de lo viejo a lo nuevo, creo que ha perdido su alma. Pero, of course, siempre me quedarán esos buenos recuerdos de los pinchos de la calle Ledesma, de los triángulos del M, de garitos como el Comix, de las meriendas en California cuando éramos niños, de la casa de la abuela…en fin, lo de todo el mundo, supongo.

Tasmania dijo...

Es que en provincias se vive muy bien amigos. Venir a comer a casa a mediodía. Bajar de nuevo al despacho por la tarde... tomar unas cañas al rematar el día.

Valoro mucho el tiempo y en Madrid se escapa como agua entre las manos pero también Madrid es el cielo, es la ciudad de las ciudades, en donde están muchos de mis amigos, mi familia, los recuerdos de la facultad, Backunin, Fraga, Torres...

Las primeras incursiones en lo prohibido a espaldas de quienes te protegen, el sexo, el vértigo que produce... Madrid, la calle Recoletos, Ibiza 6, el aeropuerto, la Estación del Norte...

... y eso que nací en Barcelona...

Nrq dijo...

Madrid, lo que rodea al centro del Orbe. Ciudad de ciudades? Eso es NY y todavía nos queda mucho que aprender

Feroz dijo...

Yo como soy madrileño no opino, porque he pasado aquí casi toda mi vida y no sabría por donde empezar.

D. Nrq, NY juega en otra liga y no se puede comparar.

En cuanto al actual Alcalde, que por cierto vive a cuatro calles de mi casa, no pienso votarle porque me parece un impresentable que solo busca su gloria, por eso está tan obsesionado con las Olimpiadas, aunque tenga que dejar la ciudad endeudada por unos cuantos lustros.

Seguramente votaré a UPyD en las municipales, porque no me apetece votar en blanco.

Buenas noches.