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viernes, 5 de noviembre de 2010

Berlin y la Libertad

“Dos conceptos de libertad: el romántico y el liberal”, donde Berlin ofrece la que quizá puede considerarse su declaración más clara y completa sobre la postura liberal que avaló, esencialmente, en su famoso discurso “Two Concepts of Liberty” (“Dos conceptos de libertad”). Las nociones de libertad “positiva” y “negativa” de su discurso corresponden, respectivamente, a los conceptos de libertad “romántica” y “liberal”. Es ahí, en la concepción negativa y liberal de la libertad, donde radican las simpatías más fuertes de Berlin.

"...Al igual que la mayoría de las palabras que han desempeñado un papel importante en la historia de la humanidad, los términos “libertad humana” y “liberación” conllevan múltiples significados. Sin embargo, parece haber uno que es nuclear, central, mínimo, común a las diversas acepciones de la palabra, y que significa “ausencia de restricciones”. Más específicamente, ausencia de coacción por parte de congéneres específicos o sin especificar. Hay sentidos en los que la palabra “libertad” no se utiliza de esa forma, en los que resulta natural hablar del libre movimiento de las extremidades humanas, o del libre juego de la imaginación, o de liberarse del dolor, o de liberarse de los obstáculos de la vida terrenal. Pero cuando hablamos de libertad política esos sentidos parecen casi metafóricos y, a menudo, el intento de hacerlos entrar en juego sólo ensombrece el asunto...

Aunque se han atribuido muchos significados a las palabras “libertad”, “libertario”, “liberal”, siempre tendrán una mayor o menor connotación de resistencia a lo que interfiere por parte de alguien –una persona o personas, y no cosas o circunstancias– en condiciones más o menos específicas. Éste parece ser el sentido básico de la palabra “libertad” usada como término político, y el sentido en el que la esgrimen todos sus grandes paladines, en el pensamiento y en la acción, en nombre tanto de naciones como de individuos, desde Moisés y Leónidas hasta nuestros días..."

Isaiah Berlin


En épocas modernas, la fórmula clásica del ideal de libertad es fruto del pensamiento del siglo XVIII, y culmina en las celebradas formulaciones que de ella se hacen en la Declaración de Independencia de Estados Unidos, y de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Primera República Francesa. Estos documentos hablan de derechos y, al hacerlo, se refieren a la invasión de ciertas áreas de la existencia –digamos aquellas que el hombre necesita a fin de asegurar la vida y oportunidades idóneas de felicidad; o para ser capaz de poseer una propiedad, o para pensar y hablar como lo desee, o para obtener empleo, o para participar en la vida política y social de su comunidad– y pretenden que la invasión de tales parcelas vitales se considere prohibida por la ley. En este sentido, la ley es un instrumento para prevenir usurpaciones específicas, o para castigarlas, si ocurren.

Digo yo, pues, que según Berlin, la libertad política es un concepto negativo: exigirla es exigir que dentro de cierta esfera a un hombre no se le prohíba hacer lo que desee, es decir, que no se le prohíba hacerlo, independientemente de que sea capaz de llevarlo a cabo o no. ¿No es genial?

3 comentarios:

Louella Parsons dijo...

Querida T,
Si eso es la libertad negativa, ¿cómo llamamos a la libertad que siendo legítima y legal, su uso disminuye la libertad del otro, como puede ser, por ejemplo, el intervencionismo estatal?

Tasmania dijo...

Mi estimada L
Supongo que, en ese caso, deberíamos llamarle por su nombre: alienación

Artanis dijo...

"Digo yo, pues, que según Berlin, la libertad política es un concepto negativo: exigirla es exigir que dentro de cierta esfera a un hombre no se le prohíba hacer lo que desee, es decir, que no se le prohíba hacerlo, independientemente de que sea capaz de llevarlo a cabo o no. ¿No es genial?"

Hace unos días nos mostraba vd., Dña. Tasmania, partes de una entrevista en la que se vislumbraban algunas dificultades de ciertas premisas libertarias. Cuántas menos normas y reconvenciones recibamos del Estado, más potencialmente libres podemos sentirnos. Al final, la gran división entre los libertarios y los que no quieren ni indagar en esa filosofía, consiste en que éstos creen, a priori, en que el hombre, en libertad, terminará escogiendo mal.

Sea lo que sea eso.