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viernes, 12 de noviembre de 2010

MEDICINA Y ESTADO: Una entrevista al Dr. Thomas Szasz publicada en "El Humanista"

IV.

K: ¿Piensa vd. que es realmente imposible proteger a las personas de sí mismas?

S: Imposible. Y, de cierto modo, hasta inmoral. El problema que estamos tocando aquí es realmente tan viejo como la humanidad. Llega realmente a las raíces mismas de la libertad y la responsabilidad, a las raíces del humanismo y a la cuestión de qué es el hombre. Está todo ello contenido en la parábola de la Caída. ¿Quién fue el primer tentador? La serpiente. Y ¿quiénes fueron los primeros adictos? Adán y Eva. Y ¿?cuál fue la primera consecuencia de esa “adicción original”? ¡La libertad! Está todo allí, en las primeras páginas del Antiguo Testamento. Pero ¿quién lee esto hoy en día? Y ¿quién lo lee con los ojos abiertos y una mente abierta?

K: Muchas personas están de acuerdo con parte de lo que dice o con gran parte, pero luego dicen “¿y qué hay de los niños?” ¿Permitiría que los niños comprasen cualquier droga que desearan?

S: No. No lo permitiría. En un sentido práctico, para el presente, creo que el método que hemos desarrollado en relación con el alcohol es bastante sensato. Los niños no pueden comprarlo, pero si, por ejemplo, lo toman en sus casas no es asunto de la ley. De este modo, un chico de 12 años no puede entrar en una bodega y comprar una botella de ginebra. Y esta ley se cumple a rajatabla salvo error. El punto es que el control, de los niños -lo que hacen los niños con respecto a las drogas es y debe ser un problema de los padres del niño y, a medida que éste crezca, del niño mismo. Hemos olvidado el sencillo hecho de que la infancia es el período de la vida en que uno debería aprender el auto-control, y que, si no lo aprende, entonces el individuo será un adulto que carezca de él.

K: Pero, ¿cómo trata vd. aquellos casos donde hay una crisis en la familia, una creciente falta de responsabilidad entre los padres?

S: No sé cómo tratar semejantes casos. Sólo sé cómo no tratarlos. Sé que la crisis de la familia no puede y no debe ser resuelta tratando a toda la sociedad como a un niño. Pero esto es precisamente lo que hacemos ahora: porque algunos niños no están controlados por sus padres y, por lo tanto, se comportan mal, tratamos a todos los adultos como si fueran niños desobedientes. El resultado es el Estado paternalista -el Estado terapéutico, como lo llamo- que hoy tenemos.

[...]

K: Como libertario. ¿se opone vd. al socialismo? Quiero decir, ¿sería posible combinar libertarismo y socialismo?

S: Bien, antes de contestar, ¿podría decirme vd. que entiende por socialismo?

K: [...] Quiero decir sencillamente la idea de que el Estado detente alguno de los medios básicos de producción; quizás también de que el Estado irá más y más produciendo bienes y servicios no producidos en el sector privado., y que se preocupará por el bienestar social.[...]

S: Si esto es lo que quiere vd. decir, no solo diría que el socialismo es incompatible con el pensamiento libertario, sino que es uno de sus enemigos más peligrosos y poderosos. No soy anarquista, aunque como sabe esta ideología tiene cierto encanto para muchos libertarios. Considero utópico e impracticable el anarquismo. El hombre es un ser social. Solo podemos vivir en grupos; hemos de vivir en grupos; necesitamos tener ciertos tipos de cooperación social. [...] El estado debería cuidar de la defensa nacional, ejercer la función policial y algunos tipos de funciones reguladoras. Pero cuánto más haga el Estado fuera de estos dominios, más se convertirá en enemigo del pueblo. [...] Preferiría reafirmar la dimensión política de todo cuanto hemos estado mencionando en esta conversación. Se considera habitualmente el humanismo en términos éticos y psicológicos. Deseo destacar los criterios y las ideas políticas. Y, entre ellas, hay un concepto que deseo elegir, el de “desacuerdo”. Después de todo, las autoridades nunca se oponen a que el pueblo esté de acuerdo con ellas. Pero se sienten contrariadas y se ponen a menudo desagradables cuando el pueblo está en desacuerdo con ellas. Por lo mismo, lo que debe ser cuidad y protegido es el desacuerdo. En resumen, en vez de pensar en el humanismo como tal o cual estilo de vida, o ideología, pienso que deberíamos pensar más en el derecho al desacuerdo y a rechazar la autoridad -religiosa, educativa, médica- y, naturalmente, en el derecho de cada uno a arriesgarse siguiendo su propio juicio y decisión. Una definición del humanismo en términos de desacuerdo, más que en términos de afirmación. Desde luego, podríamos considerar esto como la afirmación del individuo contra el grupo, o del lego contra el experto. Es una simple idea pero sigue llena de promesas y posibilidades inexploradas. La idea es esta: la Caída no fue realmente una caída, sino una ascensión... una ascensión del infantilismo al humanismo.

5 comentarios:

jano dijo...

El Dr. Thomas Szasz, en esta IV entrega, creo que ha dado en el clavo en la mayoría de sus argumentos.
La socialdemocracia cada vez nos infantiliza más e invade nuestras vidas con sus consignas y prohibiciones; reiteradamente nos impone éticas y tabúes bajo su concepto moralizante-qué ironía-y sociálmente excluyente de lo políticamente correcto, que implanta una censura implacable a todos los niveles.El nacional-catolicismo franquista era más tosco en este sentido (moralizante) y más contundente en su ejecución (censura física, represión policial, moralina sexual...), propiciando una contención social frente a una reafirmación personal ante las ideas propias, más difícil de asumir con los nuevos dirigentes de la sociedad, tan coleguis ellos pero tan represores, por "nuestro bien". Un rebaño de ovejas conducido por un buen pastor que nos lleva por la cañada que él quiere, alimentándonos con las falsas caricias y las promesas que no se habrán de cumplir, con el complejo de culpabilidad de no ser ciudadanos dignos de este "paraíso de la democracia y las libertades".
Un asco.

Tasmania dijo...

Gracias por tu interés Jano.

Comparto contigo esa rabia. No soporto que me digan lo que es bueno y lo que no, lo que debo o no debo comer, decir, pensar, beber... con quién conviene que me relacione y con quién no...

Esa rebeldía, tan propia de esas edades jóvenes (cuando leíamos ávidamente a Fromm a Cohello, a Hite...) se ha revelado como algo que sigue muy presente en mí.

Una cosa es madurar y ajustar tu vida y tus deseos a lo que hay y otra, muy distinta, tragar con ruedas de molino.

Juante dijo...

Comparto yo también ese tono vital y noble, por antonomasia, de desacuerdo y rebeldía ante cualquier cosa. El Gobierno zapateril pretende conculcar hasta la libertad de cátedra, consagrada por la Constitución. Es inadmisible.

Pero lo más deplorable es el afán de los socialistas por "intervenir", no sólo en las economías de ricos y pobres, ampliando más las diferencias que en un régimen liberal, sino instilando en las conciencias -previo ablandamiento masivo- toda una serie de consignas ñoñas de pensamiento débil, con las que pretenden meter en cintura al rebaño de borregos babeantes que les bailan el agua.

Por supuesto que la actitud más digna es la del desacuerdo y no dejarse condicionar por imposiciones ideológicas sesgadas, pero quizás eso deba ser preservado por los que verdaderamente lo sientan, como los buenos amantes de la ópera hacen con su repertorio. Y a quienes no pillen qué es eso del llamamiento a la desobediencia civil -para no pagar iva, por ejemplo- que les zurzan.

jano dijo...

De nada, Tasmania.
Me gusta este blog por su contenido variado y jugoso y por eso participo, espero que por muho tiempo.
Un saludo a ambos.

luis dijo...

Esta muy bueno este blog hermano. Excelente artículo de Thomas Szas. Personalmente coincido en que cada ciudadano debe de tener la capacidad de razonar y decidir según su juicio, sin embargo, no hay que llegar al extremo ni de la rebeldia o la obediencia a ciegas. Practicar el punto medio como diría Aristóteles es importante. Saludos.