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jueves, 12 de agosto de 2010

El reino de Cronos

"La razón -decía Voltaire- es aquello que todos los hombres tienen en común cuando están tranquilos"

Bien, puedo estar de acuerdo, a pesar de que no creo que la razón sea común a todos los humanos en la medida en que hay algunos que jamás están tranquilos. Pero me vale.

Sin embargo, sí coincido absolutamente en que para "sentirte en tu espacio" es preciso cierto reposo, para hablar, para dialogar, para argumentar, para legislar... hace falta, antes que nada, un poco de calma; uno no se sienta a charlar en medio de una tempestad. La mitología griega contaba esto muy, pero que muy bien.

En el comienzo de los tiempos Gea, la tierra, y Urano, el cielo, no hacían otra cosa que copular el uno sobre el otro. Urano se negaba a separarse de Gea, de tal modo que no quedaba hueco para nada. Así, no había espacio para las plantas, los animales, los hombres... El mundo mismo era imposible porque el cuerpo de Urano lo cubría todo.

Mientras tanto el vientre de Gea no paraba de concebir hijos, hijos y más hijos. Pero ninguno podía nacer puesto que el pene de Urano bloqueaba la salida. Así fue hasta que uno de estos hijos, Cronos, el Tiempo, encontró la solución. Tomó una hoz y, de un sólo tajo, cortó el pene de su padre desde el interior de la barriga de Gea. Muerto de dolor, Urano pegó un salto y se separó de Gea. Se convirtió, así, en el Cielo, dejando entre él y la Tierra un gran espacio abierto, al cual salieron de inmediato todas las criaturas concebidas en el vientre de Gea.

Cronos tiró el pene de su padre al océano y del semen de Urano (qué tío) al contacto con las aguas, nació Afrodita, la diosa del amor (nada menos)

Y así fue como se originó el mundo que conocemos. El cielo quedó arriba, la Tierra abajo, rodeada de mar ("hay dos cosas que parecen estar una sola vez: arriba el intrincado sol. Abajo, Asterión" La Casa de Asterión, El Aleph) En medio de todo ello se abría un espacio suficientemente amplio para todas las criaturas que conocemos.

Pero el mundo tenía aún un problema que convertía en imposible la vida de los hombres. Cronos, el Tiempo, destruía inmediatamente todo cuanto pretendía instalarse en ese espacio. El Tiempo lo devoraba todo, nada podía echar raíces y permanecer. El mito cuenta esto a su modo, diciendo que Cronos devoraba a sus hijos en cuanto nacían del vientre de Gea. Una profecía aseguraba que Cronos tendría un hijo que lo destronaría (cuánto mito-complejo-repetición) Por eso Cronos devoraba a sus hijos, del mismo modo que cada año, cada día, cada minuto, cada instante, se consumen en los brazos inmisericordes del Tiempo.

Era como una tempestad revolucionaria que lo echara todo constantemente abajo, como si el viento fuese derribando todo cuanto los hombres iban construyendo. El mundo era inhóspito, inhabitable, y todo estaba a la intemperie.

Así era imposible sentarse a hablar. La vida de los hombres se hacía imposible porque no encontraban nada a lo que agarrarse, ni un altar, ni un tótem, ni un rito, ni una costumbre, ni una ceremonia, ni siquiera la gramática de la lengua permanecía.

Entonces, Gea, inventó una treta...

2 comentarios:

Nrq dijo...

¿Realmente nada permanece? Desde hace un tiempo acudo de forma recurrente a un planteamiento del que creo tener respuesta pero no certeza absoluta. Hoy en día tenemos cientos de libros que pueblan las mesas de las librerías y Centros Comerciales (no me cogerán nunca comprando un libro en uno de estos sitios. Sigo manteniendo mi nivel de romanticismo para esto) y muchos de ellos me parecen totalmente perecederos. Pero se sigue editando, y una barbaridad. Lo de Ricardo de la Cierva o César Vidal me parece flagrante de forma muy evidente. Estos dos ,e pqrecen un pqr de Spiridon Belokas y deberían quitarles la licencia (si la hubiera), pero en fin, que tampoco me parecen llamados a la gloria.

Pero volvamos a cientos de libros. La pregunta es ¿quién será recordado en 100 años? En la época de Lope o Quevedo entiendo que habríoa más escritores que los que nos han llegado y, puede que alguno con más éxito. Por contra, de la Italia renacentista y barroca parece que nos han llegado casi todos. ¿Quién pasara de nuestros contemporáneos?

Yo tengo mi lista, pero finalmente será el tiempo quién decida.

Juante dijo...

¿En qué se ha quedado la Grecia clásica? Pues ya lo ven, mis queridos amigos del norte: un lugar de peregrinaje para exhibir silicona y deseos de colmar procacidad, al estilo de lo propuesto por Espido Freire, haciendo buena la causa de que hay que gastar mucho dinero para mantener bien el tipo. Lo vi ayer por Antena 3, la que parecía menos progre, pero que nos ha salido más "salida".

Sí, después de Cronos vendrá Zeus a poner orden en este caos político que no es más que el clásico "mareo de perdiz" de las estudiantes universitarias, quintaesenciado en todo tipo de medidas políticas. Estamos en manos de adolescentes incautos y eternamente inmaduros, como Zapatiesto, a quien profetizo que será difícil destronar porque, según él, Gea "pertenece al viento". Viento que lo parió, obviamente, tomándole el pelo a Cronos, en clara competencia con el recto Zeus. Caín y Abel libran la batalla de tan singular y desigual conjunción planetaria. No obstante, el hijo del viento está airoso y brioso, porque ha entendido a la perfección que la táctica del despiste y la ambigüedad calculada es la única capaz de convencer al desvalido pueblo, en estos tiempos tan postmodernos.

Y, sobre lo que quedará de estos tiempos convulsos y agitados, no se sabe muy bien qué será. Supongo que el facebook (en el programa de A3, varias personas confesaron haber ido a Grecia, tras conocer a alguien de esa red). En música hay cientos de conciertos (hoy uno en Barbate, con el trasfondo de Viernes 13), pero...¿algo como Triana o Iceberg, de los 80?. En artes plásticas, Barceló. En fotografía, mejor no hablar. En literatura, ya lo ha comentado Mr. NRQ. En ingeniería, un puente inútil en la Bahía de Cádiz, para que la gente vote al PSOE.

En fin, queda el iPad, el iPod y el iPhono que, según noticia llevada por Ballestilla al blog de SG, es el nuevo talismán para ir sumando parejas sexuales en el menor tiempo posible, como hacía el perverso Cronos y sigue haciendo ahora el promiscuo hijo del viento y de estos malos tiempos.