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sábado, 28 de agosto de 2010

La batalla en el Campo de Marte

"Me encanta hacer publicidad negativa. Es una de esas oportunidades de la campaña en las que coges la verdad y la usas como un cuchillo para abrir en canal al adversario"
Bob Squier, consultor demócrata.

Ataques y mensajes negativos ha sido siempre parte de la retórica electoral y su uso histórico está bien documentado. En las presidenciales de 1800, los federalistas difundieron que Jefferson tenía varias amantes esclavas y que había tenido un hijo con una de ellas. Jackson fue tachado por sus adversarios de inculto, analfabeto e inexperto, al igual que Bush Jr. En las autonómicas del 86 en Galicia, ruló un vídeo en el que Fraga machacaba literalmente a su director de comunicación en los momentos previos a la grabación de una entrevista en TV. ¿Recuerdan el doberman de los anuncios del PSOE en las generales del 96?... La primera campaña que utilizó la televisión, la de Eisenhower, ya emitió un anuncio negativo.

Pero aún antes, en el 64 a.C. Quinto le recuerda a su hermano Marco Tulio Cicerón, inmerso en la campaña al consulado de la República romana, las fealdades de sus adversarios Antonio y Catilina: "... ha preferido ir a saquear a todos los posaderos en sus vergonzosas legaciones antes que quedarse en la ciudad y formular sus peticiones al pueblo romano... En cuanto al otro... tiene miedo hasta de su propia sombra... arruinado, creció entre los vicios de su hermana y alcanzó la madurez derramando la sangre de sus ciudadanos..." Obviamente Quinto le recordaba estos hechos a su hermano para que, entre otras cosas, elaborara sus mensajes negativos hacia sus contrincantes. Así, remata el capítulo al que hago referencia de este modo:
"...Pues, ¿hay acaso un ciudadano tan malvado que quiera desenvainar, en un único sufragio, dos puñales contra el Estado?"

También yo creo que no hay mejor defensa que un buen ataque. A pesar de la publicidad negativa que envuelve este aspecto de las campañas, a mi juicio, establecer la distinción entre uno mismo y sus adversarios políticos es una estrategia legítima; al fin y al cabo, las elecciones están para elegir entre opciones y los votantes compararan para decidirse, más si cabe a medida en que se distancian de una decisión puramente partidista... Ya conocen mi opinión respecto a que el votante medio (aquel que ayer mismo N denominaba mayoría silenciosa) tiene un conocimiento limitado y superficial de los conceptos políticos abstractos.

Algunos comparan las campañas con el deporte. Schwartz (1987) dijo que "la política es como el boxeo. La reacción del público es muy similar a la de un combate. A nadie le gusta el que pega sucio. Y a nadie le gusta el que no pega" Yo prefiero compararlas con la guerra. La palabra campaña, sin ir más lejos, es un término introducido desde el lenguaje militar. Son frecuentes las explicaciones de campañas electorales con analogías bélicas, incluso el volumen teórico de marketing político basado en el trabajo de estrategas militares -Sun Tzu, Lidddell-Hart y otros- ha crecido en los últimos años.

El Campo de Marte, en esa llanura situada a lo largo del Tíber, tenían lugar reuniones del ejército, se hacían prácticas militares y se daba cobijo a los electores el día de la votación.

The war room, el lugar secreto del equipo de campaña, otro día.

1 comentario:

Louella Parsons dijo...

Querida Tasmania:

Uno de los casos más interesantes de este tipo de publicidad fue el de Albert Rivera, líder de Ciudadanos, durante la campaña de las autonómicas de 2006.
Y lo fue porque en realidad no fue publicidad negativa aunque se vendió así.
Me explico.
Fue durante la campaña autonómica de 2006.
El Periódico de Cataluña publica la noticia: ”Albert Rivera militó en el Partido Popular”

A partir de aquí, los partidos políticos utilizaron la información a su antojo llegando al absurdo de utilizar la guerra de Irak contra Rivera.

Y me interesó este caso principalmente por varios aspectos.

El primero, por la sensibilidad de la información. La afiliación a un partido político es información interna que no debería trascender sin la autorización del afiliado. Hubo una filtración. Nadie denunció nada.

El segundo, por la utilización de esta información para atacar a un rival político.
Encontré un interesante artículo del magistrado José Antonio Martín Pallín que trataba este asunto. Traigo este párrafo:

Si admitimos que pertenecer a un partido político lleva aparejada la estricta salvaguarda del dato para evitar lesiones a su intimidad o perjuicios en su vida de relación ciudadana, estamos reconociendo que los valores democráticos de nuestra sociedad son de baja calidad. Solo un sistema político y de convivencia notoriamente degradado puede discriminar o perjudicar a una persona por su afiliación partidista.

Y el tercero, la actitud del PP. Confirmó la información.
No sólo no hizo nada ante la utilización de la afiliación a su partido como una injuria (como dijo muy bien en su día Arcadi Espada) sino que encima confirma el dato de la afiliación. Era Rivera quien debería confirmar si quería ese dato.
El PP entró al trapo y cayó en la trampa. Y lo peor es que creyendo que atacaba a Rivera de esta forma (supongo que quiso llamarle chaquetero), entro a formar parte del juego sucio contra ellos mismo, contra el PP y su demonización.

Por eso decía al principio que no era publicidad negativa esa información, porque no debería serlo aunque en este caso se utilizara de esta forma tan antidemocrática.