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jueves, 14 de julio de 2011

Ligerezas del verano

El verano no suele ser buen amigo de la elegancia. Cuando la temperatura se dispara hasta recocer los cuerpos en su propio jugo, las mangas largas y las perneras hasta los pies pueden convertirse en un depurado instrumento de tortura y el nudo de la corbata empieza a parecerse a un estrangulamiento, refinado sí, pero letal. Pocos héroes hay más admirables que esos ejecutivos que, con el atuendo propio de su oficio, son capaces de atraversar tramos de sol a 35 o 40 grados con gesto decidido y frente seca, sin una gota ni un simple brillito que delate su sufrimiento. La solución más habitual a los calores pasa por las chanclas, las bermudas, los short mínimos, las camisetas de tirantes y los tops que dejan el ombligo al aire, pero la pega es que, a la vez que el sofocón, hacen desaparecer todo rastro de distinción y formalidad. Y en algunos ámbitos, cada vez más, hay gente que no está dispuesta a admitir que la moda playera sea el signo inevitable de estos tiempos: la última batalla de esta guerra se ha librado en el Congreso, donde se pedirá a los visitantes "la vestimenta adecuada al decoro exigible". Me parece bien.

Esa relajación de la que les hablo resulta cada vez más habitual en las empresas puesto que aporta, al menos, dos ventajas: los trabajadores se sienten más cómodos, liberados del dogal de la corbata y se modera el uso del aire acondicionado, con el recorte consiguiente de consumo de energía. En Japón, el gobierno promueve desde hace siete años la campaña Cool Biz, que anima a los funcionarios a desprenderse de su rígido uniforme de traje y corbata y optar por camisas de manga corta. Este año, las dificultades energéticas provocadas por la crisis de Fukushima han dado un empujón a esta iniciativa, rebautizada con un entusiasta Super Cool Biz y ampliada hasta incluir en el vestuario autorizado los vaqueros, esas horrorosas camisas hawaianas, las camisetas y hasta las zapatillas. Eso sí, todo tiene un límite: no se admiten chanclas, ni camisetas de tirantes, ni los jeans rotos. Un grupo de fabricantes y distribuidores de corbatas ya ha presentado una queja: sus ventas se han desplomado un 35% desde 2005.

En España, una de las compañías pioneras en adoptar medidas de este tipo fue Acciona. A sus trabajadores se les permite prescindir de corbata y llevar manga corta, siempre que no tengan alguna cita importante y muchos ya se han acostumbrado a guardar una corbata en algún cajón de su mesa por si se presenta algún imprevisto.

El reverso feliz del trabajador encorbatado es el turista, ese sujeto envidiable que puede abandonarse hasta parecer un buen salvaje, siempre que no pretenda entrar en ciertos recintos... y es que algunos continúan aferrándose al tradicional requisito. En el Horcher madrileño siguen como siempre, sí a la corbata y nada de ropa deportiva o vaqueros... Adoro esa respuesta del Horcher a la pregunta: ¿Y las señoras? "Las señoras vienen elegantes siempre"

5 comentarios:

Mr. Chan dijo...

En mi empresa se llama “Casual” y permite –sólo los viernes- acudir al puesto de trabajo vestido de una guisa más informal. Pero no se lo pierdan, disponemos de una circular en la que están totalmente estipuladas las prendas –con pequeño dibujo incluido- que podemos utilizar.

El último día laborable de cada semana puedo utilizar "chinos"...¡ Joder tengo que comprarme un par!

Tasmania dijo...

Vaya Mr. Chan usted tan tradicional con sus ropajes imperiales y no tiene unos "chinos"...

Louella Parsons dijo...

Esta mañana he cogido un avión a la indecente hora de 6:45. He sido previsora pensando que como era julio, habría mucha gente. Efectivamente, el aeropuerto a las 5:45 estaba a tope.
Mi indignación ha llegado en el momento de pasar el escaner. Los de seguridad nos han tratado como a ganado mientras nos gritaban por dónde ir.
”hagan el favor de ponerse por donde indica la fila, esto es un desmadreeee…..” decía un tío con uniforme que parecía recién salido del arado.
Luego, mientras observaba a la gente que tenía a mi alrededor (20 minutos he tardado en pasar por el arco dichoso), llegué a la conclusión de que dadas las pintas del personal, no se merecían otra forma de trato: sandalias, bermudas, michelines a la vista, tirantes de todo tipo, escotes bastos de señoras gordas, niños chillando tiranizando a sus padres…..

¿Qué apuestan a que el uniformado ese que nos gritaba no se atrevería a hacerlo un jueves de invierno con la fila llena de ejecutivos?

Juante dijo...

Estoy de acuerdo: es prerrogativa femenina ir elegantes siempre. No hay más que irse a la playa para comprobarlo. La de tangas que se ven: sería un buen uniforme de trabajo, je je.

Saludos.

Artanis dijo...

Lo reconozco. No puedo con ello. Ni verlo (casi al nivel de Pérez Reverte, que quisiera ensartar a todos esos impresentables con una tizona) ni mucho menos practicarlo. Y las veces que -por tener que acompañar a alguien a una piscina pública- he de ponerme chanclas, me odio. Fuera del recinto, ni se me ocurre.

Las camisetas. Como decía aquella políticamente incorrecta columna del fenecido Campmany acerca de las teleseries de moda en los 90, quieren hacernos negros. Con motivos graffitteros, gorrita de visera hacia atrás y calzones cuatro tallas más grandes.

¿Para esto hemos pasado una Guerra Civil... y el Zapaterato?

(Lo de Horcher, genial. La próxima vez que tenga que escoger entre ir allí o al mítico restaurante escocés McDonald's... me lo pensaré...)