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lunes, 28 de junio de 2010

El futuro del mundo por Leopoldo Abadía

Como yo no podría decirlo mejor les dejo un artículo de Leopoldo Abadía,autor de "La crisis Ninja"

"Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados". Lo de que Dios les coja confesados es
un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación. En muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?"
Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"

Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido:"¡y a mí, ¿qué me importa?!" Quizá suena un poco mal, pero es que,realmente, me importa muy poco.

Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64. Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.

Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:

1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización

Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. ¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!

Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía. Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.

A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales,.Lo que por ahí se llama "buena gente".

Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Y harán negocios sanos. Y, si son capitalistas, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano.(Si son mala gente, demostrarán con sus hechos que el capitalismoes sano, pero que ellos son unos sinvergüenzas.)

Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos,... En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.

Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más qué hijos íbamos a dejar a este mundo.

A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.

Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.

Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado. Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

P.S.
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles."

3 comentarios:

Patricia dijo...

Muchas veces hemos hablado aquí de la importancia de la educación, la que se aprende en la escuela y la otra, como suelo decir.

Y creo sinceramente que eso es lo que nos debe mover como padres: el empeño constante en dejar a nuestros hijos más que un mundo determinado, mejor o peor (intentaremos que sea mejor, pero...), aquellas herramientas con las que enfrentarse a él sin perder su propia esencia, la de nuestros niños -hoy-, hombres y mujeres de mañana.

Y esto, que así dicho puede parecer una obviedad o, incluso algo sencillo de puro elemental, no lo es en absoluto. Los que sean padres y me estén leyendo saben cuántas veces hay que repetir las cosas, desde el 'siéntate bien a la mesa' a 'no se dicen palabrotas', cuántas veces (todas las veces, de hecho) que hay que dar ejemplo con nuestro propio comportamiento, pues si no, es inútil lo que les digamos que 'tienen que' hacer, cuántas veces (bueno, quizá sólo algunas veces) le dan ganas a una de tirar la toalla, esa noche que llegas reventada de la oficina, en la que tu jefe te la ha armado sin razón, o algo se ha ido al garete, y no tienes nada para cenar, y ése es el día que tu pequeño decide darse a la reivindicación y a la canción-protesta, como yo lo llamo.

Pero al final, se duerme. Y entonces una, mientras respira hondo, piensa (y sabe) que esto es una carrera de fondo, y que no hay que desesperar. Que el premio está al final, y son ellos mismos para sí mismos (no para una). Preparados para afrontar lo que la vida les depare, para pensar, para tener una visión crítica de las cosas, para no conformarse con lo primero que llega, para dar y exigir calidad en todo, para ser independientes y al mismo tiempo afectuosos con los suyos, para demostrar que el tesón y el esfuerzo sí valen la pena y te llevan lejos...

No podemos evitarles los reveses que la vida les traerá. Ni siquiera creo (y lo digo en serio) que fuera bueno, porque necesitan aprender a sortear negativas y frustraciones para crecer y moldearse. Pero si están preparados, podrán con todo: abrazar las alegrías con el corazón abierto de par en par y superar las tristezas con fortaleza.

Raíces y alas.

Gracias por tu inspiración constante, Elsa.

Tasmania dijo...

Y llega Patricia, la recompensa llega, te lo puedo jurar.

Es, en efecto, una carrera de fondo de la que partes de menos diez porque ahí fuera parecen empeñados en contradecirte constantemente pero... créeme... llega y la satisfacción es tal que por un momento sientes que todo, todo, ha valido la pena.

Patricia dijo...

Decía el otro día Tamara Rojo (primera figura del mítico Royal Ballet y Premio Príncipe de Asturias de las Artes) en una entrevista lo siguiente:

"Me parece que la juventud hoy en día es más triste. Tiene menos esperanzas, menos fe en que el trabajo duro conduce al éxito. Lo consideran muy a menudo una cuestión absolutamente de suerte y eso es algo muy difícil en la danza... Si una persona cree que se va a hacer famoso yendo a Gran Hermano, sin costarle nada, es muy difícil convencerle de que pasarse 10 horas al día en la barra le va a servir de algo. O que le va a servir de más. La sociedad te está diciendo casi todo el tiempo que eres un perdedor, que no hace falta que le dediques tanto tiempo ni que trabajes tanto, ¿para qué? Enseña la parte de arriba de tu cuerpo en una revista o ve a la televisión y te harás más famoso y más rico."

Y esto lo dice alguien que ha nacido en 1974. Ojo al dato, que decía aquél.


Pd. Reconforta saber que una está en el camino, Doña Tasmania. Sírvase aquí un emoticono con sonrisa, de esos que andan tan denostados por estos lares.