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martes, 15 de junio de 2010

Move



Dice Barry Schwartz que el secreto de la satisfacción es mantener las expectativas bajas. ¿Francamente? Estoy de acuerdo con esa frase, pero de acuerdo si me ciño al marco de lo práctico; si no tengo una gran expectativa sobre las cosas o sobre las personas, cualquier cosa que me encuentre de vuelta es buena, me dejará satisfecho y, por tanto, me hará feliz o al menos me dejará tranquilo.


Pero de lo que Schwartz no habla, y creo que lo hace para que nosotros reflexionemos sobre ello, es sobre cómo deben ser mis expectativas. Mantener expectativas bajas sobre las cosas o sobre las personas no debe proporcionar una felicidad como muy tranquilizadora, me da a mí. Debe pertenecer a gente realmente pesimista que acaba adecuando su baja expectativa al nivel inmediatamente superior a la calidad de lo que recibe, es decir; si yo soy publicista y hago un anuncio para Nike como "move" el que se hizo para las olimpiadas de Salt Lake City, me viene alguien y me dice que no refleja suficiente lo que son unas olimpiadas de invierno y, o le doy o salto por la ventana. Todo dependería de lo fuerte que me sintiera conmigo mismo.


No sé cómo es la vida de los publicistas a la hora de enfrentarse con sus clientes y enseñarles una campaña, pero sí sé lo que cuesta cargar la cabeza de ideas y almacenarlas ahí hasta que llegar el resorte que hace que se mezclen y den un resultado. El resorte no siempre actúa como la liberación de un mecanismo que retiene un muelle. La mayor parte de las veces cuesta indagar hasta encontrar aquello a partir de lo cual decides tirar para adelante con una idea. Y esa idea debe ser trabajada y pulida, debe ordenarse y ser reducida hasta que quede clara. A partir de ahí ha de quedar decorada con todo lo que uno estime oportuno, pero la idea debe aparecer clara delante del público. 


Pero miro a mi alrededor me da la sensación de que no nos movemos y que tomar una decisión cuesta, precisamente porque llenamos el argumentario de motivos o razones que lo que hacen es tantear. No será la primera vez que haya tenido que hacer una presentación por encargo de algún otro en el que la idea de lo que se quiere tratar quedaba clara, pero a la hora de plasmarlo en… (jo, iba a decir en papel) en un power point empiezan a aparecer los miedos y hay que ir llenándolo de cosas no sea que con lo que presentamos no vayamos a acertar. Al principio, cuando no entendía esta "estrategia" me ponía muy nervioso, incluso me sentía frustrado porque pensaba que era tonto y que no estaba dando con lo que me estaban pidiendo. Al entender que era porque no había detrás una actitud valiente de "esto es lo que hacemos porque sabemos hacerlo bien", entonces esa frustración tornó a otro tipo de frustración sobre quién dominaba mi sueldo, pero eso es otro cantar. Otro cantar como lo es el desecho de soberbia que acabo de demostrar que soy, pero piensen si cuando hacen algo bien y están contentos con lo que han hecho no hay algo dentro que les dice que pueden estar tranquilos. A lo mejor es memorable, pero es memorable a partir de ese punto en el que lo han dejado. Como digo más arriba, a partir de ahí hay que pulir.


Y esa actitud que veo a mi alrededor en el esfuerzo de tomar una decisión o marcar un camino hace que nos perdamos. Axelrod y Plouffe tenían claro que el principal enemigo para conseguir hacer de Barak Obama el presidente de USA era, primero, Obama y después quién se enfrentara a ellos en la convención demócrata. La campaña contra los republicanos era clara; "Change" y que nadie creyera que Clinton no iba a utilizar el mismo argumento si hubiera sido la candidata demócrata. Aparecería delante de todo el mundo de forma luminosa. Pero ¿alguien recuerda todos los caballos de batalla que los demócratas o republicanos tenían abiertos en la elección de su candidato? Eso sí que debió ser escarbar hasta encontrar el motivo por el que elegir a uno de los dos. En su disculpa diré que un año de campaña, desde New Hampshire hasta DC, obliga a hablar de muchas cosas. Pero también, insisto, qué claro quedó el mensaje una vez que se llegó al tramo final.


¿Lo mismo pasa aquí? ni el gobierno o la oposición tienen una visión clara de lo que hay que hacer. Recuerdo especialmente como hitos significativos, uno por cada lado. El primero cuando los Populares en un debate en el Congreso pusieron sobre la mesa "un paquete de medidas". El término, por vacuo, ya me hizo reír. Pero es que sacaron otro y el gobierno sacó el suyo y sacó otro más. ¿Alguien recuerda cuáles eran esas medidas?
Luego llegó la UE y dijo "chavalines, por aquí". Un mensaje claro de una gente que ha estado esperando dos años decidiendo si se metían en casa ajena o no. Pues el segundo hito llegó hace un par de días con Blanco diciendo "Nos han obligado. ¿Y qué?". No voy a entrar en si las medidas son buenas o no, progresistas o conservadoras. Eso me da igual. Lo que quiero resaltar aquí es que "¿Y qué?" tiene una respuesta fácil. Nadie hizo nada por poner encima de la mesa un mensaje claro.


Nadie hizo como Nike y dijo "Move"

7 comentarios:

Tasmania dijo...

Pues yo no puedo estar más en desacuerdo con Schwartz... me parece el argumento de los cobardes y conformistas.

Si mis expectativas son bajas nunca, nunca, me sentiré satisfecha.

Por el contrario si mis expectativas son ambiciosas, dentro de lo razonable, sufriré decepciones pero también grandes satisfacciones.

Uno elige... o se conforma o se arriesga. Yo siempre prefiero esto último.

Por eso es difícil tomar decisiones, por eso es difícil no tanto ser libre como actuar libremente, porque corres riesgos.

Uno (que no, nunca, D. Uno) simple, puede pensar hummm move... pues vaya tontería, no se han roto mucho la cabeza. Bueno, eso lo diría siempre un simple simplísimo... pero eso ya lo sabemos.

Me gusta el tema NRQ... seguimos cuando quieras.

Nrq dijo...

Tasmania, no te metas con Barry... ya te digo que lo hace para que pensemos. En su exposición pone una de las viñetas del New Yorker en la que un pez en una pecera de cristal le dice a su cría "no te pongas barreras. Puedes llegar a ser lo que quieras ser".

Louella Parsons dijo...

Muy buen post NRQ, y a mi también me gusta el tema, como dice nuestra querida Tasmania.

Yo creo que lo importante es que tus expectativas no sean ni bajas ni altas sino que las tengas y que estas sean realistas.

Y el plus de superación no viene reflejado por el resultado bueno o malo de tus decisiones sino por la dificultad que conlleva tomarlas.

Asumir esa dificultad que puede tener forma de miedo, esfuerzo, trabajo, riesgo….es lo que nos enriquece y nos hace avanzar, no el valor de tus expectativas.
No lograrlas pero haberlo intentado tiene el inmenso valor personal de fortalecernos y hacernos más valientes.
Lograrlas tiene el mismo valor pero el resultado es que quizás seamos más felices. Supongo que esto es la experiencia.

A veces, cuando estoy en blanco y sin ideas, cuando me atasco y no sé salir de un laberinto endiablado que me lleva continuamente al punto de partida, me acuerdo de lo que leí en algún sitio y que me gustó mucho y me pongo a ello:

Lee todos los días algo que nadie lea,
piensa todos los días en algo que nadie piense.
Es malo que la mente siempre forme parte de la unanimidad
.

Louella Parsons dijo...

Se me ha olvidado añadir que un signo de inteligencia es no frustrase por no lograr una expectativa habiendo luchado por alcanzarla

Juante dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juante dijo...

Pues no sé qué pensar o con qué carta quedarme. Si se mantienen bajas las expectativas -cosa que entiendo como más acertada "a priori"- cierto es que la satisfacción es intranquila o se produce una falsa felicidad. Pero si me hago el valiente decidiendo, una de dos: o eres como mi cuñado y como Zapatero, un Mr. Magoo que va cegato por el borde del precipicio, sin caerse, o te pasa como a un servidor que, cada vez que ha puesto en lo más alto sus expectativas, todo se ha ido al garete. En lo personal y en lo laboral.

Desistí de poner muy altas mis expectativas en lo personal cuando me enamoré de una mujer tan sumamemente complicada y retorcida que no había manera de acompasarla. A veces cenaba a las siete de la mañana, a veces desayunaba a las tres de la tarde. Muy lista, sí, una doctora increíble, pero inasible. ¿Para qué coño quiero poner altas mis expectativas si me he topado con una loca de atar?

Y, en cuanto a lo laboral, veamos una cosa. Creo que los que entramos por aquí debemos estar de vueltas de ese "inmanentismo" por el que "son los que están y están los que son". ¡Nooooo!!!. Me niego rotundamente. Lo tenemos en Zapatero, al que solemos recurrir al final de nuestros posts. Está por su propia inercia. "Él mismo se está empujando", decía el Toxo esta tarde. Y hasta el Rey, hasta Letizia, hasta mi directora, hasta el presidente de la Junta, hasta Mario Conde... están, pero podrían ser otros, incluso mejores. Me parecen excesivas las casuísticas de lugar y tiempo. Por ejemplo, en Andalucía, donde hay más tradición de "señoritos", uno no está porque lo decida así, sino porque ya lo decidieron por ti, antes de que nacieras. Pero además, esto no es EEUU., las oportunidades no son las mismas y el teatro no tiene nada que ver.

Hace ya tiempo que llegué a la conclusión de que "¡NO HAY QUE DECIDIR!" Uno "la caga", a menos que tenga otro "aura". Ir de valiente está bien, pero sólo si el marco es el apropiado. Es decir: que, de antemano, "te han colocado", inclusive en lo afectivo y personal. Y aun así, puede que no funcione. Ya hemos hablado de Pizarro.

Quizás, por eso, coincido con Barry. Y también con lo expresado por doña Louella en letra cursiva y en su segundo comentario.

Tasmania dijo...

Bien, aclarado ese punto, aceptaré que soy una melonaka, que leo literal en exceso y que así me va...

Siendo así N, Barry consiguió su objetivo conmigo, pero no de primeras, fue a pase de Barry a N y éste... pelotazo en la frente para iluminarme.