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viernes, 11 de junio de 2010

Onanismo televisivo

Discutía recientemente con una compañera de trabajo qué sería menester que desapareciera antes de la faz de la Tierra, por los muchos perjuicios causados en la vida cotidiana de sus usuarios: si la Televisión o Internet. Ella, que alardea de no ver Televisión, lo tiene claro, pero se pasa todo el tiempo colgada de la Red. Yo, que soy un apocalíptico de Internet de tomo y lomo, probablemente lo reduciría a lo que fuera el servicio Minitel en Francia, un teléfono con pantalla deslustrada.

Aunque, bien pensado, acabaría con ambos medios, si de mí dependiera, ahora que la Tele regurgita tanta bazofia, mientras Internet te aisla cada vez más de un mundo al que paradójicamente la operadora asegura que te conectas, a cambio de una cuota mensual. Sin embargo, ambos artefactos comunicativos participan de la misma esencia y naturaleza: su promiscuidad mediática a través de la interactividad con una pantalla.

Hablaba José Vidal-Beneyto, cuando no era el sectario del último trayecto de su vida, del "complejo de vedetización" de los profesionales televisivos, así como de la transmisión permanente del "testimonio de su propia conciencia", aunque no esgrimieran carné. No existe el menor rasgo de humildad en un medio tan aparatoso y tan fantasma, en el sentido petulante del término. El medio no es el mensaje: lo es el mensajero, como en los eficaces anuncios de tráfico de Rubalcaba. Una suerte de onanismo exhibicionista que nos convierte a todos en voyeurs, no de los contenidos, sino de los continentes. Ahora se prioriza sobre todo aquel consabido efecto de Lasswell consistente en la supervisión del entorno y "la correlación de las distintas partes de la sociedad, que se manifiestan". Las presentadoras (es una profesión muy femenina) deben lucir sus mejores galas (y gafas) informales, además de contonearse "ad hoc" mientras balancean las manos, en sus evoluciones de pasarela, como si fueran garras de aves de rapiña. Y mostrar optimismo contagioso, aunque estén en Haití cubriendo los efectos devastadores del terremoto, metidas en basura hasta las rodillas o exhibiendo cómo se matan los lugareños por un vasito de agua sucia. Siempre lo exótico atrajo a las élites encantadas de conocerse y sirvió para alimentar su hambriento ego de aventuras.

Hay casos flagrantes de obscena vanidad televisiva, como el de los hermanos Milá. Ella, mostrándose como la verdulera que es y haciendo de su denigrante programa Gran Hermano un "Tractatus" de Wittgenstein, mientras que su aristocrático hermano prosocialista se escucha a sí mismo, muy presuntuoso él, para disimular no haber podido figurar tan de nexo con Obama, como el designio de la presidencia española en la UE hubiera querido.

Pero a la obscenidad patológica de los auténticos protagonistas televisivos que son los locutores, le tenemos que añadir proactivamente la nuestra propia, porque como bien reconociera a principios de siglo la profesora americana Ellen Seiter "a medida que Internet se desarrolla desde un instrumento orientado a la investigación minoritaria hacia un medio comercial de masas, las semejanzas entre los sitios webs y la televisión se incrementarán". Eso nos convierte a todos en ególatras reconcomidos, obsesionados con interactuar para adquirir protagonismo y rendir culto a nuestra personalidad. Eso sí, en Internet desde un anonimato que nos permite no revelarnos a nosotros mismos como "fuente" al utilizar el precepto sagrado del periodismo y que no nos paguen por eso. Mientras en Televisión, el salto a la fama se produce a cara de perro, aunque sea para testificar cómo un torero intentó hacer perrerías con una de sus exnovias que, gracias a esa confesión impúdica, quiere dejar de estar a dos velas. Toda la televisión es un descomunal vientre alotrópico y chorreante.

Dicen los teóricos de la comunicación que la "hipertelevisión" actual es "fragmentada, ubicua y asincrónica". Se pierde definitivamente el sentido de lo comunitario, viendo televisión. El viejo mito del anciano contando fábulas alrededor del fuego pierde vigor, en favor de una atomización de la recepción, como pasa con la World Wide Web. Esa confluencia es la que propicia que la contemplación de la pantalla única, sea el mayor y mejor pretexto para reverdecer nuestra hipertrofiada vanidad. Todos interactuando como zombis engreídos en lo más oculto de la caverna, porque la calle se hizo inane.

10 comentarios:

Nrq dijo...

Buenos días;

yo siempre voy a poner el mismo "pero" a los medios de comunicación de masas; la masa.
El procedimiento es simple; si la audiencia responde, el programa sigue. Si la audiencia es fiel, el formato se replica en otras cadenas. Apuesto a que nadie esperaba que Tómbola, ya muerto o de qué manera, tuviera sucesores al trono. O con Jorge Javier Vázquez, al que muchos dieron por terminado cuando, de qué manera, murió el tomate y, ahora, es una nueva variación de aquel Emilio Aragón de Tele5, siendo el mascarón de proa de la cadena y teniendo un programa que se replica en distintos horarios con ligeras variaciones del nombre.

La audiencia responde a esos programas y, en respuesta a esa audiencia, las marcas meten pasta en sus intermedios y no en los de otros programas (Lo de la Fórmula 1 en la Sexta es un infierno, pero eso es otro cantar). Una forma de protestar sería no comprar ninguna marca que se anuncie en Sálvame, por ejemplo, dado que su dinero muere en el bolso, o algún otro apéndice, de Belén Esteban.
Visto de otra manera, si compro Nike por Michael Jordan, Federer o Nadal, no compraría Pikolín por ser anuncio previo en una noticia sobre Esteban en la web de Tele5.

A veces creo que se debería medir la audiencia también de forma inversa; quién cambia de canal cuando empieza un programa y en qué otro programa acaba ese cambio o, incluso, si termina con la televisión apagada. Lo malo es que si empieza Redes y el 47% de los televidentes cambia de canal, que tiene toda la pinta por el share de otros programas, adiós Redes

Tasmania dijo...

Jo Juante...
Me voy a largar a otra galaxia..
-de polizón en esa nave maravillosa de D. Isi- allí donde vivamos como en El Clan del Oso Cavernario... casi lo prefiero.

¿Sabes por qué? porque tienes mucha razón en lo que dices y reconocerlo me pone los pelos de punta.

¿Somos lo que vemos? En términos generales podríamos decir que no sólo eso.... pero también. Unos más que otros.

Tú sabes mejor que yo que hasta el 89% de lo que nos comemos por TV es comunicación no verbal... cuánto podemos mentir....

Jujope dijo...

Bueno, pues hazme un sitito a tu lado, que yo me voy contigo, Tasmania.

Es gracioso pero, hablando de TV, he visto esta tarde a Punset, en Redes, dialogando con un experto sueco en estadística social... ¡usando de plató una tienda de venta de televisores! ¡El colmo de la originalidad metalingüística!

La tesis mantenida hoy por dicho experto -disculpadme, pero no pillé el nombre- es que los países evolucionan, "desde la salud y la educación", como ha hecho China, ¡¡gracias a Mao!!. Y no desde la tecnología, sin atender los logros sociales.

Dijo el sueco que los países y civilizaciones cambian, no obstante, sin saberse bien por qué. No podemos, por tanto vaticinar cómo será cualquier país a más de tres años vista. Las religiones no son ni buenas ni malas, porque son ambas cosas. Y un pequeño cambio puede suponer grandes quebrantos para una sociedad.

Algo dijo el ¿científico? en relación a la política: el día del orgullo gay en Suecia, los primeros que se ponen al frente de la celebración son los conservadores. (Siempre he mantenido, modestia aparte, que la "estética" es la que hace perder a la derecha española, nunca la ética, que puede ser mucho más atractiva para cualquiera que los desvaríos de la izquierda.)

Como dices muy bien, mi apreciada Tasmania, la información que entra es fundamentalmente la no verbal: esa es la dictadura de los ególatras televisivos.

Acabaron los de Redes con una frase:

"Lo peor no es la ignorancia, sino las ideas preconcebidas."

Jujope dijo...

Hablando de onanismo:

Los progres dominan a la perfección el arte del "autobombo". Esta misma noche, Pepa Bueno, del telediario de la Uno, ha vuelto a decir (porque lo hacen reiteradamente), que los informativos de TVE "son los más vistos por los telespectadores por su neutralidad". Textual.

"Neutralidad" (como diría el cómico: ¡chúpate esa!) Y se ha quedado tan pancha. Eso sí que es enaltecimiento fútil, pero útil, soberbia en estado puro, mentira total que todos perciben como "verdad absoluta".

Pero es que luego me voy a la Dos y ahí la petulancia alcanza cotas impresionantes. Un locutora rastafari con piercing en la parte superior de la nariz, entrevistando a los colgaos de turno en Rock in Río. Le daba paso Ainhoa, sí, la de las motos. Todo bazofia, pero con un aire de superioridad y delirio de grandeza progre, que tira para atrás.

Me irritan esos modelos de conducta que la gente adopta como suyos propios e intenta emular, ante la palmaria falta de valores. Pero mucho me temo que estamos en los comienzos de ese fenómeno de exaltación de la tontería, para que los políticos oculten su mediocridad.

Y ya está bien de rollo, que es viernes y hay que alternar.

Jujope dijo...

Y Gabilondo diciéndole a Chaves en cnn+: "... y todavía quedan algunas ocasiones, hasta las próximas elecciones, en que los socialistas tendrán que recibir algún fuerte golpe que otro en el hígado." (sic)

En una utópica sociedad democrática y neutral, tendría que haber un comité que impusiera un serio correctivo a individuos así, que supusiera la suspensión de empleo y sueldo un buen tiempo, ante semejantes bravatas.

Unknown dijo...

"Aunque, bien pensado, acabaría con ambos medios, si de mí dependiera, ahora que la Tele regurgita tanta bazofia, mientras Internet te aisla cada vez más de un mundo al que paradójicamente la operadora asegura que te conectas, a cambio de una cuota mensual."

No lo dice Ud. en serio, querido Juante. Al menos, lo de Internet. ¿Qué haríamos Ud. y yo, con estos nuestros amigos (D. NRQ, Dña. Taz,...), escribiendo y pensando, pensando y escribiendo, sobre todo aquello que nos preocupa e intentando arreglar el mundo? Generalmente, con nocturnidad y alevosía, o por el contrario, bien tempraneros, como las entradas de D. NRQ. Como dijo Vicente Amigo en un pequeño concierto al que tuve oportunidad de asistir: "Muchas gracias por haber venido, con la de cosas interesantes que hay que hacer por el mundo". Pues eso.

De acuerdo, de acuerdo que escribir aquí también sacia en cierta medida nuestra dosis de vanidad (cada uno la suya) pues sabemos que somos leídos. Y eso es muy gratificante, sin duda. Pero no creo que ninguno de los que aquí compartimos aquello que nos pasa por la cabeza lo hagamos únicamente por eso.

Internet es un medio, como la televisión. Y puede ser usado con muy distintos fines (simplificando mucho: buenos, malos y medio-pensionistas).

Y en cuanto a la TV, permítame que no opine. Hace mucho que no la enciendo. En serio. Pasé por un período de transición de casi 3 años en el que sólo veía Canal Cocina, lo que alimentó de manera desmedida mi principal afición, pero ahora ya ni eso.

Para media hora que saco al final del día, prefiero leerles.

Unknown dijo...

D. NRQ, siento darle esta noticia que acabo de leer en portada (lo que ya tiene tela, también):


EL MUNDO La Otra Crónica

Belén Estebán gana 1,2 millones de euros al año
Cote Villar

La colaboradora del programa de Telecinco 'Sálvame' acaba de cerrar su nuevo contrato con la cadena.

Tasmania dijo...

Para echarse a llorar Patricia.
País de Estébanes...yo preferiría el de la tortilla y la pandereta...aunque me quedo con el de la historia y los toros.

Jujope dijo...

¡Ah, mi buena y leal amiga Patricia! A veces uno escribe hiperbólicamente. Desde luego, lo de Internet no se brinda tanto al maximalismo como la Televisión. Cierto es que, gracias a la interactividad, nos permite ser tan selectivos como queramos, sobre todo para gozar de la presencia de personas de verdad, como es el caso. Lo que pasa es que la tentación por la curiosidad que implica la Red me parece perniciosa en sí misma. Y de ahí cierta crítica que le hago, aunque soterrada, para qué lo vamos a negar.

Nrq dijo...

De Estébanes y de Talibanes (por JJ Vázquez, digo)