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miércoles, 9 de junio de 2010

Objetivos

Soy muy fan de Calvin y Hobbes, una serie de viñetas originarias de la Universal Press cuyo autor es Bill Watterson. Calvin es un niño de seis años que tiene un tigre de peluche, Hobbes mantiene su condición de muñeco delante de cualquier persona pero cuando está a solas con Calvin, cobra vida y actúa como la parte más sensata del niño… y la necesita, porque Calvin es un pieza de cuidado pero con una imaginación salvaje que le lleva hacia sus actos más traviesos. Calvin y Hobbes son los mejores amigos del mundo y su mutua dependencia es tal que la responsabilidad y cariño de uno hacia el otro da a Hobbes el papel de tigre protector de la manada y al muy travieso Calvin una actitud de madurez que no demuestra en ningún otro aspecto. 


Watterson ha sido para muchos un enigma como dibujante; dibujó las viñetas durante 10 años y frenó en seco en la cresta de la ola. Nunca licenció los personajes para merchandising y, si en algún momento, encuentran una taza, una pegatina o una camiseta con Calvin haciendo muecas, sepan de antemano que es un artículo fraudulento. Pues bien, Watterson, entrevistado en febrero para The Plain Dealer de Ohio, ante la pregunta de "por qué" contestó que "siempre es mejor dejar la fiesta pronto". Pueden pensar que estaría aburrido de contestar a esa pregunta en entrevistas desde que cerró los personales en el '95 y que esa frase es producto de mucho pulir una excusa, pero el hecho es que es la primera entrevista concede desde entonces y el Plain Dealer no es, precisamente, el Washington Post. Hasta tal punto es relevante Watterson y su obra que toda la gran prensa americana se hizo eco de esta entrevista. De hecho yo leí la frase que les refiero porque la vi en el Time.


Watterson resume de forma magistral que, tras diez años evolucionando unos personajes a los que ha dado el carácter profundo de obra y no tanto de producto, llega un momento en el que hay que dejarlos y mirar hacia algún otro camino. Los retos y el miedo que nos producen los cambios no son salvables después de haber leído a Coelho o a Bucay. Estos no tienen respuesta a los fantasmas que cada uno arrastramos y, para más inri, lo único que hacen es vivir de una tarea de mantenimiento. Hablan de lo mismo bajo distintos títulos dejando la responsabilidad del fracaso o del acierto fuera de uno; "el universo no quiere que lo tengas ahora" o "el universo conspira para que tus deseos más profundos se cumplan". Y ya está. Ahí acaba toda su aportación que se extiende a lo largo de decenas de títulos. Reconozco que es una forma muy despierta de ganarse la vida, pero no aplica a lo que nos toca vivir. Es más, te adocena y actúa en favor de la irresponsabilidad y, por supuesto, de la ausencia de reto.
Acoplarse a lo conocido es justificable, pero no nos va a aportar nada más. Conozco gente muy cercana que acaba vendiendo su día a día como logros magistrales cuando, en realidad, su día a día no deja de ser una tarea de mantenimiento. Si lo quieren ver de otra manera Stoll afirmaba que la primera vez que haces algo es ciencia, la segunda es ingeniería y la tercera ya es mecánica. Cuando Pizarro se enfrenta al gobierno para frenar un acto de intervencionismo que raya lo delictivo, toma una decisión que le puede hundir. Cuando decide meterse en política da un paso hacia un terreno inestable en el que la percepción del otro lado lo es todo. Cuando desencantado, entiendo, decide dejarlo es porque ha visto que ya no hay nada más que sacar de los objetivos que se marcó y, entonces, es un buen momento para dejar la fiesta antes de acoplarse a un ritmo que una personalidad como la suya no estaría dispuesto a tolerar.
Si alguien toma esto como un reproche por no asumir riesgos se equivoca. Es un reproche por no marcar objetivos.

9 comentarios:

Louella Parsons dijo...

Magnífica entrada, NRQ.

Y me lleva a reflexionar sobre el miedo a desperdiciar nuestra vida o lo que es peor, al descubrimiento de que se ha desperdiciado y de que nuestra existencia ha sido banal.

Pero todavía hay algo peor que lo anterior y que me lo descubrió alguien a quien apreciaba mucho:

el ser consciente de que todo aquello que quieres evitar como la pérdida de la ilusión, de objetivos, el acomodo de tu pensamiento, la decadencia de tus propias ideas o el acoso de la soledad acaecerá sin remedio porque no harás nada por evitarlo…..

Siempre le agradeceré a esta persona que me mostrara este aspecto tan cruel de la existencia, de su existencia, porque me ayudaría sin duda a luchar para no caer en ello.

Porque a veces te acomodas en esa “tarea de mantenimiento”, que tan bien ha definido Nrq, y aunque seas consciente de ello, te encharcas en el ”no voy a pensar en ello ahora” pero llega tu conciencia con sus alevosos golpes a recordarte que ”sí debes pensar en ello ahora” y que el tiempo aún te pertenece pero no para acomodarte sino para buscar esos objetivos y retos que eviten que esos temores que te rondan por tu cabeza se cumplan.

Jujope dijo...

No puedo estar más de acuerdo, amigo NRQ.

Los tres cambios de Manuel Pizarro han sido antológicos y ejemplificadores. Ha sido todo un manual de ética retransmitido en directo. Recuerdo el día en que un baboso lameculos llamado Iñaki Gabilondo lo intentó acorralar con malas artes y la inquina más vergonzosa. (Después de lo que le sopló en el plató su amiguete Zapatero, todo es posible en ese personaje.) Pizarro, en aquella ocasión, también sobrepuso su carga de razón sobre una pretendida puesta en escena a lo Cándido Méndez. Con infinitos conocimientos económicos respecto al locutor de radio más sectario de toda la historia radiofónica apañola, perdió pie, al igual que con el Bilderberg Solbes.

Pero el ejemplo de dignidad y, sobre todo -como bien dices- no plegarse a lo fatuo, cuando los objetivos debieron ser otros, ha quedado como referente para unos pocos que sintonizamos con él y -modestia aparte- leemos entre líneas.

Personalmente tengo una experiencia semejante cuando dejé -motu propio- de dar clases en una Facultad tristemente famosa por ver bien el copieteo demagogo de los alumnos. "La Universidad ya no es lo que era", me dije en aquel momento. Y no me quedó ni el gusanillo que algo así debió dejar en otros tiempos.

Vamos hacia la podredumbre global. Qué le voy a hacer: soy derrotista, por pesimista antropológico. Es decir, por realista, sin falsa modestia.

Tasmania dijo...

Conocí a Pizarro sin saber que era Pizarro. Entonces estaba en Endesa y empezaba todo el jaleo. Me encontré con él en la antesala del despacho de un político.

Yo esperaba a que regresara la persona con la que me había desplazado hasta allí y que en esos momentos se entrevistaba con el político de turno. Pizarro esperaba pacientemente el suyo. Su entrevista era la siguiente.

Hablamos de asuntos sin mayor trascendencia... sin embargo, me sorprendió la profundidad (que no la pedantería) que Pizarro ponía en cada una de sus reflexiones, aún a pesar de tratar, repito, lugares comunes.

Después supe que era Manuel Pizarro -y entendí, claro, qué pintaba allí- y desde entonces le he seguido de cerca.. hasta donde se ha dejado.

En efecto no podemos quedarnos dando vueltas a la rotonda cómo si no existiera un mañana -como dice una cuña de radio que me resulta graciosísima- pero Pizarro, después de dos vueltas a la rotonda, se largó.

En política, como en otros aspectos de la vida, hay que saber releer. No se puede - a mi juicio- dar un paso hacia delante si no tienes bien clarito lo que queda atrás, lo que te ha motivado a seguir adelante, lo que te ha llevado hasta ese punto.

Y cada rotonda es distinta, más ancha, más grande, mejor o peor diseñada, con dos, cuatro o siete salidas... a veces, después de la segunda vuelta, conviene dar una tercera para -antes de marearte- recordar en qué cruce te incorporaste a ella.

Unknown dijo...

"Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida, y dejar a un lado todo lo que no fuese vida, para no descubrir en el momento de mi muerte, que no había vivido."

Esta frase, que Uds. seguramente recordarán, pertenece a la película "El Club de los Poetas Muertos", y se basa en “Walden. La vida en los bosques”, la obra de Henry David Thoreau.

Carpe Diem. Es algo que pensamos de vez en cuando, sí. Cuando nos mandan un correo electrónico de esos con fotos de lugares recónditos e inhabitados, o cuando sucede alguna desgracia (muerte, enfermedad) en nuestro entorno cercano. Luego, rápidamente lo olvidamos.

Miren, hay que ser muy valiente para llevar esto a cabo. Para no dejarse arrastrar por la vorágine diaria de cosas sin importancia que, sin embargo, nos roban el tiempo y la capacidad de pensamiento. A veces, reconozcámoslo, aparcamos esta capacidad intencionadamente. Porque claro, la conclusión inmediata es obvia: una vez que uno piensa lo que quiere hacer con su vida, tiene que ponerse manos a la obra, so pena de entrar en contradicción con uno mismo. Cosa que no suele agradar ni tampoco es fácil de llevar.

Conozco personas inteligentes que parecen tener claro lo que quieren en la vida. Incluso hablan de ello con aparente elocuencia y seguridad. Sin embargo, “por sus hechos los conoceréis”.

En los últimos tiempos, también me encuentro con demasiadas personas que viven vidas prestadas, en lugar de la suya. Como M, que quería ser locutora de radio –y vale para ello-, y se sumerge cada día en un trabajo administrativo que podría hacer dormida; o E, que iba para ingeniero de proyectos en países remotos y economías emergentes y se entretiene comprando y vendiendo; o P, que de no haber sido por su padre sería decorador; o....

"Los días se arrastran; los años vuelan". Así que, antes de dedicar su mañana, su tarde o su semana a alguna tarea, piensen lo siguiente: ¿Me importará esto dentro de diez años?

Les dejo de nuevo con la cita que les puse ayer:

"La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas."
(W. Somerset Maugham)

Unknown dijo...

Se me olvidaba.

Ya me alegro que alguien haya recogido el testigo que dejé en este blog sobre D. Manuel Pizarro. Les había echado el anzuelo dos veces (Commentariolum Petitionis 1ª parte y Conspiración) y, conociéndoles, me extrañaba que no se hubieran animado.

Otro que calza un 42 en un mundo de 37s.

Un ejemplo a seguir. De los pocos que quedan.

Nrq dijo...

Una frase que no he puesto, que también es de Watterson y que sale por boca del padre de Calvin es "Si de pequeño hubiera sabido que ser mayor era seguir improvisando, a lo mejor no habría tenido tanta prisa por crecer".

No creo que haya un plan director, igual que desconfío de quién actúa por ley de un manual que no existe, nunca existe. Watterson tiene todo el criterio cuando dice que seguimos improvisando y esa improvisación es de la mayores huellas de inteligencia que podemos mostrar; adaptabilidad. ¿Miedo al vacío? por supuesto, pero la valentía es dominar el miedo. La temeridad, en cambio, es no considerarlo.
Si quieren lo reducimos a términos muy materialistas y citamos a Gómez de la Serna cuando decía que "Nos aliviaría saber que moriri es la última diversión de la vida"

Feroz dijo...

Paso únicamente a saludar, para que no digan que he puesto mi imagen en vano.

Yo también soy fan de Calvin y Hobbes, y creo que son mejores que las famosísimas tiras de Charlie Brown y Snoopy, pero a lo mejor no son tan conocidos porque no se han comercializado.

Nrq dijo...

Mr Feroz; gracias, primero y principal. Acto seguido, decirle que C&H es una genialidad, pero tampoco podemos desdeñar cada vez que Lucy le quita el balón a Charlie. Good Grief!!!

Unknown dijo...

M me dice...

"Lo he leído [post completo de hoy].

Llevas razón. Pocos son los privilegiados que es en esta vida logran cumplir sus sueños tal y como los alumbraron la primera vez.

En mi humilde opinión el arte está en adaptar esos sueños a las circunstancias y conseguir ser feliz con el resultado. Entendiendo por felicidad, plenitud de conciencia. O lo que, para mí es lo mismo: tu ser esencial está en equilibrio, carente de toda tensión, pues no hay fuerza que lo desplace."