En mayo de 2005, las mujeres de Kuwait ejercieron presión durante las elecciones utilizando de manera secreta sus Blackberry debajo de los burkas para enviar correos electrónicos de protesta a favor de su derecho al voto. Facebook y Rock the Vote (una organización sin ánimo de lucro que promueve la participación de jóvenes americanos en actividades de apoyo a la política) unieron fuerzas en 2006 para permitir a las jóvenes registrarse para ejercer el voto en Estados Unidos a través de la red social. La sociedad iraní convocó las protestas por la polémicas elecciones del verano de 2009 a través de Twitter.
Está clara la influencia de las redes sociales en el modo en el que la comunidad global interactúa y el impacto que provoca en su entorno. Y si no existe todavía mayor impacto en los países en vía de desarrollo es, precisamente, por falta de acceso a internet, principalmente en las zonas rurales.
Sin embargo, la innovación social, una vez más, se vale de la tecnología para llegar a cualquier sitio y en cualquier momento, fomentando una interacción global sin precedentes. Un ejemplo es Goose, una red social que no requiere conexión a internet. No, no me pregunten cómo se hace -háganlo a NRQ, que él si que sabe chino- Sólo sé -porque es lo único que entiendo- que utiliza la conectividad local Bluetooth para aprovechar la interacción social entre usuarios de modo que la información se siga transfiriendo.
Les comentaba el otro día cómo el mercado y el individuo pueden aportar soluciones a viejos problemas. El asunto requiere confianza, equilibrio e innovación.
Y es que la innovación social no es un suceso accidental ni un golpe de suerte. Es cierto que existen las grandes ideas a las que los expertos se refieren como big bangs, pero en realidad está más condicionada a que se establezcan las bases necesarias para la colaboración y la aparición de nuevos modelos de negocio que incorporen la tecnología de manera eficiente y sostenible a sus iniciativas.
Es más, diría que para hacer el cambio necesario deberemos adaptarnos a un nuevo entorno para evitar correr el riesgo de que la innovación se quede en el papel y, así, podamos dar carpetazo a algunos de los asuntos sociales que copan los titulares de las noticias y las agendas de los políticos.
Está clara la influencia de las redes sociales en el modo en el que la comunidad global interactúa y el impacto que provoca en su entorno. Y si no existe todavía mayor impacto en los países en vía de desarrollo es, precisamente, por falta de acceso a internet, principalmente en las zonas rurales.
Sin embargo, la innovación social, una vez más, se vale de la tecnología para llegar a cualquier sitio y en cualquier momento, fomentando una interacción global sin precedentes. Un ejemplo es Goose, una red social que no requiere conexión a internet. No, no me pregunten cómo se hace -háganlo a NRQ, que él si que sabe chino- Sólo sé -porque es lo único que entiendo- que utiliza la conectividad local Bluetooth para aprovechar la interacción social entre usuarios de modo que la información se siga transfiriendo.
Les comentaba el otro día cómo el mercado y el individuo pueden aportar soluciones a viejos problemas. El asunto requiere confianza, equilibrio e innovación.
Y es que la innovación social no es un suceso accidental ni un golpe de suerte. Es cierto que existen las grandes ideas a las que los expertos se refieren como big bangs, pero en realidad está más condicionada a que se establezcan las bases necesarias para la colaboración y la aparición de nuevos modelos de negocio que incorporen la tecnología de manera eficiente y sostenible a sus iniciativas.
Es más, diría que para hacer el cambio necesario deberemos adaptarnos a un nuevo entorno para evitar correr el riesgo de que la innovación se quede en el papel y, así, podamos dar carpetazo a algunos de los asuntos sociales que copan los titulares de las noticias y las agendas de los políticos.