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lunes, 19 de julio de 2010

Cocooning

El cocooning o volver a casa. En los 90 este fenómeno estaba provocado por el estrés y cierto miedo ante la imparable carrera tecnológica. En España pocas empresas aceptaban el teletrabajo como algo razonable, productivo, conciliador. Hoy es, afortunadamente, distinto, aunque no lo suficiente.

Incluso en provincias las empresas que te permiten ejercer el cocooning molan, son cool aunque, en verdad, lo hacen porque saben que producimos más y mejor, en la medida en la que conocemos nuestro entorno y ejercemos con responsabilidad nuestra flexibilidad y autonomía. Además, sentirte dueño de tu tiempo es estimulante y los buenos jefes saben que, si te sientes bien, curras mejor.

El otro día hablábamos del Homo videns. Hoy tal vez debiéramos hablar del Homo Mobilis, un nuevo tipo de persona hiperconectada. La tecnología es, ya, ocio y trabajo y la conexión total con el mundo te hace sentirte más libre.

He leído por ahí que casi el 15% de las empresas españolas tiene empleados que realizan teletrabajo...a la cola de Europa. Frente al 5% de españoles cocooneados (perdón por el spainglish) en el resto de Europa hay un 13%. Y ahora que nos preocupa tanto la productividad de nuestros trabajadores....¿No creen que la mejora de la competitividad del tejido productivo "destepaís" pasa, entre otros cambios, porque las empresas adapten sus métodos y sus estructuras a nuevas realidades?

Microsoft Ibérica, por ejemplo; su avanzada política de recursos humanos le ha valido durante tres años consecutivos el premio Best Place to Work. De hecho, en cinco años han conseguido bajar la rotación del 8% al 2%, las bajas médicas se han reducido considerablemente y llegan miles de C.V. a su web.

En este nuevo pacto entre trabajador y empresa todos pueden ganar. Ahorro de costes, personal más motivado y productivo y captación de talentos a miles de kms. Evitar el coche y los atascos, atender a las obligaciones familiares, formarse más, incluso alimentarse mejor y hacer ejercicio.

Un caso curioso que en su día me llamó la atención. Creo que fue el edificio de Alcatel el que sufrió un derrumbamiento parcial. Gracias al alto porcentaje de participación en el programa de teletrabajo y a la ampliación al 100% de los trabajadores en 48h, la empresa pudo restituir su operatividad con incidencias mínimas.

No les escribo desde casa. Hoy estoy en la oficina. Pero he de confesar que, desde mi punto de vista, la calidad de mi tiempo de trabajo en casa es mayor. Por eso me reservo para esos días actividades que requieren mayor concentración. Y funciona.

Por cierto, y ya que estamos con asuntos tecnológicos: habrán oído hablar del "Antennagate" Apple admite no ser perfecta y regalará fundas ante los fallos del iPhone 4, un dispositivo que no llegará a las tiendas españolas hasta finales de mes.

6 comentarios:

Nrq dijo...

Más que homo mobilis, la permanente localización nos lleva a una nueva especie denominada Homo Inmobilis, ¿no?

Bien sabe Dios que lo que más me gustaría es tener una casa en un pueblo un poco perdido y bajar a la ciudad dónde trabaje un par de veces a la semana. Bien sabe Dios que necesito imponerme cierta disciplina, porque me gusta lo que hago para ganarme la vida, me gusta lo que hago para prepararme a ganarme la vida en un futuro y esto hace que, con ciertas ocasiones de estrés, mi vida activa sea un permanente estado de entretenimiento (no diversión, simplemente entretenimiento). Y soy una persona que detesta las reuniones de más de 45' porque el nivel de pérdida de foco es exponencial una vez traspasada esa frontera. Pero creo que el contacto real con la gente, poder dibujar lo que estás explicando, es fundamental para saber qué tal va tu proyecto. El teletrabajo, el teléfono o la videoconferencia están bien circunstancialmente, pero el ojo del amo... ya saben, así como la tranquilidad del caballo descansa al amo.

Patricia dijo...

Un tema interesantísimo y de plena actualidad, Dª Tasmania.

Efectivamente, parece que las cosas lentamente van cambiando, y poco a poco las empresas se están adaptando a las nuevas realidades sociales que resultan bastante incompatibles con los sistemas y modos de trabajo tradicionales (vulgo 'calentar la silla').

Sin embargo, la propuesta encierra su peligro. Me explico. No me negará que es fundamental para trabajar en casa una fuerte disciplina. No, no lo digo por la tentación de darse a la vagancia y/o a ver la tele un rato. Al contrario. Me refiero a sentarse a trabajar sin tener al mismo tiempo la lavadora puesta, la olla exprés con la comida (y puede que otra/s cazuela/s con la cena) y, ya de paso, atender al de la caldera, que una vez más se ha estropeado inexplicablemente, y claro, 'como tú estás en casa, pues no te importa, verdad?'.

Hablo de esto porque lo sé. Lo he vivido. Soy de ésas. Y por eso agradezco profundamente a mi empresa que, más que teletrabajo, me dé flexibilidad. Para venirme una tarde a casa si tengo que preparar algo especial. O para salir un poco antes y atender a mi niño, aunque luego tenga que sentarme un rato en el ordenador después de acostarle. Lo prefiero mil veces a un horario cerrado de 9 a 6 (utópico, por otra parte, en España) que te impide de manera real ocuparte de la otra vida, la tuya. La de los tuyos.

Juante dijo...

Aunque suene a tópico, hay un antes y un después de Internet, un antes y un después de la mosca de TV y un antes y un después del móvil.

El móvil es una gallina de los huevos de oro, pero es el más siniestro y prescindible de los aparatos. Es un medio, que ha creado un prototipo de mensajero, localizable, errático y pluridependiente, como gusta al intervencionismo de los que ya sabemos. Por no hablar del control que implica para Rubalcaba y de la cautelar y falsa psicosis de pánico que han inculcado a la mayoría, caso de no llevarlo encima.

Justo cuando los coches no se averían es cuando te dicen que lleves móvil, no vaya a ser que pase algo. Es un instrumento para causar miedo, incluso para hablar normalmente con alguien. Y, aunque el post no vaya por ahí, no le encuentro ventaja de ningún tipo.

Tampoco -al parecer- se la han encontrado las Compañías como Nokia, que han tenido que implementar cámaras, mapas, mp3 y demás, para hacerlos atractivos.

Juante dijo...

Dar clases a distancia, por Internet y fomentar lo "no prensencial" es una filfa. Soy determinista y maximalista en eso.

Ahora bien, si, como parece -ya lo desarrollaré en cuanto pueda y me dejen- hemos entrado de lleno en una nueva era de muchos siglos, donde va a prevalecer rabiosamente el "procedimiento", por encima del "proceso", es decir, el cúmulo de datos ordenados según un patrón ideológico y verborreico dado (por las urnas), sobre los contenidos, impartidos por una "autoritas" en 3-D y de carne y hueso...entonces -digo- más vale que nos vayamos haciendo a la idea de un reimplante de chip.

Sería algo así como poner fotos en facebook, para pasar definitivamente de los museos: justo lo que está pasando YA. Eso sí: no hay fotos buenas.

Tasmania dijo...

Vero, ma non un grosso problema...

Disciplina, claro, flexibilidad, desde luego, conciliación de ollas, niños y curro, también... pero es genial ese tiempo revuelto...

No pretendo - en realidad creo que nadie lo pretende- sustituir las relaciones humanas, la kinesia, la comunicación corporal, la mirada atenta, la escucha inteligente, toda la información que esos códigos nos aporta... sería imposible.

La tecnología no es una imposición. Nosotros la hemos creado y por tanto de nosotros depende cómo la utilizamos.

Yo agradezco poder quedarme en casa a veces para trabajar. Ese tiempo es sabroso y productivo. Bueno para tí y para mí.

Patricia dijo...

Yo también lo agradezco. Me ayuda a organizar, compensar y planificar.

Como siempre, el quid reside en el sentido de la medida. En este caso, aplicable a varios frentes: el uso de la tecnología (que debe estar a nuestro servicio, y no al revés); el balance entre la interacción social y el trabajo personal (estoy con D. Nrq en que hay cosas que no se pueden suplir por, digamos, correo electrónico) y, por último, la separación o delgada línea entre lo profesional y lo personal en el ámbito del hogar de cada uno (para no acabar con el pc en una esquina de la mesa de la cocina o los platos de la cena en el salón, de la que acabamos el dichoso informe).

Es cierto también que hay profesiones que se prestan mejor que otras al aprovechamiento de los medios tecnológicos de que hoy disponemos para trabajar a distancia. Dar clase no es una de ellas, estoy con Ud., D. Juante. Pero es cierto que (si uno se deja) multitud de trámites administrativos que van asociados a la enseñanza se pueden agilizar. Si uno se deja, insisto, y está dispuesto a aprender. No digo que sea su caso. Mi madre (profesora de Educación Infantil desde hace más de 30 años) no quiere ni oír hablar del tema, y soy yo quien despacha su correo electrónico, recientemente implantado para notificaciones y trámites varios, o carga las notas cada trimestre en la web del colegio.

Flexibilidad. Auto-disciplina. Sentido de la medida. Mente abierta.

PD. Recuerdo ahora una de las primeras entradas de esta zodiac. Sobre las máquinas